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La toma de Pando, 8 de octubre de 1968
#1
Asalto a la ciudad de Pando en 1968
http://www.lademocracia.info/N114/C_steffen114.html

El 8 de octubre de 1969, en una de las acciones guerrilleras más espectaculares e insólitas de la historia política uruguaya, varios comandos del Movimiento de Liberación Nacional –Tupamaros- tomaron por asalto la comisaría, el cuartel de bomberos, la central telefónica y las sucursales de los bancos Pan de Azúcar, de Pando y República de aquella ciudad cercana a Montevideo.
No fue, entonces, la “toma” ni el copamiento de una ciudad, sino el asalto simultáneo y coordinado a varios locales preestablecidos.
Mirado a la distancia, puede deducirse que la acción tenía tres claros objetivos: realizar una demostración de fuerzas; montar un gran operativo de marketing nacional e internacional coincidiendo con el segundo aniversario de la muerte del Che Guevara, y recaudar fondos.

Este último se cumplió relativamente: En total los guerrilleros robaron unos 357.000 dólares, de los cuales 157.000 fueron recuperados por la policía.
La demostración de fuerzas no fue tal, ya que toda la operación resultó un fiasco y desnudó los problemas de organización e inexperiencia de los combatientes. Pero como fenómeno mediático fue un éxito y cumplió con creces el objetivo publicitario buscado.
El costo en vidas fue absurdamente alto, tomando en cuenta que se había pretendido realizar un operativo de precisión quirúrgica, que mostrara al mundo que los tupamaros eran capaces de adueñarse de una ciudad, robar sus bancos, inmovilizar a la policía y retirarse sin disparar una sola bala.

Lo que ocurrió, en cambio, fue una especie de comedia de enredos, que sería cómica si no hubiera sido tan trágica.
En una de las balaceras que se produjeron murió una persona inocente (Carlos Burgueño, de 25 años, que hacía tiempo mientras esperaba el ómnibus que lo llevaría a conocer a su segundo hijo nacido la noche anterior en el sanatorio Americano.); fueron abatidos tres guerrilleros (los jóvenes estudiantes Ricardo Zabalza, Alfredo Cultelli y Jorge Salerno); un policía resultó herido en el abdomen (el sargento de Radiopatrulla Enrique Fernández Díaz) y falleció después de 11 días de agonía, dejando dos hijos de 11 y 16 años); y finalmente otro policía (el Guardia de Metropolitana, policía, Ruben Zambrano) fue asesinado por los tupamaros un mes más tarde, en represalia por su actuación durante los sucesos de Pando.

Toda la operación "toma de Pando", estuvo enmascarada por una superchería: un falso cortejo fúnebre –con carroza pero sin muerto- en cuyos autos viajaban desde Montevideo los diferentes comandos armados. Un recurso tan imaginativo y novelesco como innecesario e ineficiente en términos prácticos.
Los remises de la empresa Rogelio Martinelli tenían sus respectivos choferes, lo que resultó una complicación adicional, ya que tuvieron que retenerlos dentro de una Kombi y vigilarlos durante todo el operativo.

Por otra parte, la impericia de los jóvenes combatientes para el manejo de coches con cambios automáticos hizo que no lograran arrancar uno de los remises, que fue dejado abandonado sin cumplir con la misión que tenía asignada.
Durante el asalto al Banco República, presa de los nervios la tupamara Nelly Trías le disparó a su propio compañero Fernán Pucurull. El herido es evacuado hacia uno de los remises que esperan.

En la huída se olvidaron de Juan Carlos Rodríguez que estaba solo en la gerencia. Al percibir que sus compañeros lo han abandonado a su suerte, salió a la calle con un arma en cada mano en estado de desesperación. Allí fue detenido por civiles que lo entregan a las autoridades policiales.
En el atraco al Banco de Pan de Azúcar, mientras embolsaban el dinero de las cajas, a Cultelli se le disparó el arma dos veces, afortunadamente hacia el piso.
Dos combatientes que entraron a la comisaría disfrazados de oficiales de la Fuerza Aérea llevaban metralletas sin balas porque ¡habían olvidado los cargadores!
El coordinador de todo el operativo ¡llegó tarde! a Pando, porque no le pudieron conseguir la moto con la que pensaba movilizarse. Un caos.
La conclusión de que la "toma de Pando" fue un operativo mucho menos eficiente y profesional de lo que cuentan sus publicistas, es un dato menor frente a la comprobación de que la policía uruguaya no estaba preparada, para esas cosas. No estaba equipada, ni armada, ni entrenada, ni motivada, para enfrentar el fenómeno guerrillero que fue creciendo y haciéndose cada día más audaz y agresivo a partir de sus primeras acciones en 1963. El país, entonces, estaba gobernado por un colegiado de nueve miembros; órgano que era un ejemplo mundial de democracia y coexistencia política, pero su eficiencia ejecutiva sólo resultaba aceptable en un país sin grandes problemas, apremios ni prisas.

En realidad, todo el sistema político se mostró impotente frente a la irrupción de la violencia armada.
Entre los dirigentes partidarios había de todo: dubitativos, indiferentes, desorientados, negligentes, y algunos decididamente cómplices de la guerrilla.
La reacción llegó recién de la mano del Presidente Jorge Pacheco Areco, (6 de diciembre de 1967 – 1 de marzo de 1972) quien sucedió al General Oscar Gestido, fallecido en el ejercicio de la presidencia. La enmienda fue peor que el soneto. La gestión combativa y autoritaria de Pacheco dividió al país en dos mitades enfrentadas y auspició el progresivo deterioro institucional del país.
¿Y la justicia? Bien gracias.
Cuenta la improbable leyenda que cuando Federico II “el Grande”, rey de Prusia, mandó a tirar un viejo molino que perjudicaba la vista de su nuevo palacio, el ciudadano afectado recurrió a un juez que defendió sus intereses en contra de la posición del monarca. "Aún hay jueces en Berlín" exclamó el molinero, al tiempo que Federico II se inclinaba ante la sentencia judicial.
¿Había jueces en Montevideo?
Todo parece indicar que los integrantes del Poder Judicial tampoco estuvieron a la altura de las circunstancias. Amenazados, amedrentados (en algunos casos secuestrados) por la guerrilla, fueron en general llamativamente benignos con los tupamaros.
Entonces, si la política, la justicia, la policía, se mostraban inoperantes a la hora de enfrentar a unos muchachos enajenados que jugaban trágicamente a ser guerrilleros ¿a quién recurrir?
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#2
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#3
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“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#4
47 AÑOS DE "LA TOMA DE PANDO"

El operativo comenzó a la hora 13:00 del 8 de octubre de 1969. La comisaría de policía fue copada por un grupo de guerrilleros, encabezados por una pareja que se presentó como miembros de la Fuerza Aérea. Acto seguido fue tomado el cuartel de bomberos, contiguo a la comisaría.

Simultáneamente, otros comandos tomaron la central telefónica y las sucursales de los bancos Pan de Azúcar, La Caja Obrera y República. En total los guerrilleros robaron el equivalente a aproximadamente 357.000 dólares estadounidenses, de los cuales 157.000 fueron recuperados.

Los hechos duraron unos 20 minutos. Culminado el operativo, los vehículos del grupo guerrillero se reunieron en las afueras de la ciudad y emprendieron la huida. La caravana simuló ser un cortejo fúnebre. Al llegar al departamento de Montevideo, el grupo se dividió en dos. Las armas fueron pasadas a nuevos vehículos, mientras que algunos de los participantes se alejaron en ómnibus.

Los vehículos fueron interceptados por la policía y se produjo un enfrentamiento, en el que falleció el sargento de policía Enrique Fernández Díaz y los sediciosos Jorge Salerno, Alfredo Cultelli y Ricardo Zabalza. Algunos de los sediciosos, como Raúl Sendic, lograron escapar, pero 20 de ellos fueron apresados y trasladados a la Jefatura de Policía de Montevideo.

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Sedicioso abatido por la policia

El mismo 8 de octubre fueron capturados Élida Baldomir, Olga Barrios, Arapey Cabrera, Elbio Cardozo, Miguel Coitinho, Arturo Dubra, Conrado Fernández, Eleuterio Fernández Huidobro, Germán González, Jorge Iglesias, Leonel Martínez, Jesús Melián, Enrique Osano, César Puig, Juan Carlos Rodríguez, Yamandú Rodríguez y José Solsona. El 9 de octubre fueron capturados Ruben García Bianchimano, Nybia González y Augusto Gregori.

Producto del intercambio de disparos entre los terroristas y la policía, fue herido de muerte el ciudadano Carlos Burgueño quien se encontraba en un bar cercano.



“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#5
La verdad sobre la "Toma de Pando"
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Antonio Mercader
domingo, 22 octubre 2017
Introduzca el texto aquí


El reciente acto para recordar la muerte del Che en Bolivia sirvió para que diputados del MPP mujiquista evocaran lo que los tupamaros suelen llamar ampulosamente la "toma de Pando". Al oír ese título podría pensarse que en aquel ataque de octubre de 1969 los tupamaros se hicieron dueños de esa ciudad canaria y que la mantuvieron largamente bajo su control, pero no fue así, como lo explicó el periodista Leonardo Haberkorn.

Es otro caso en donde la verdad histórica está deformada por los actores de un atentado que buscan presentarlo como un formidable acto de guerra cuando en realidad fue algo distinto. Lo cierto es que un centenar de tupamaros invadieron una ciudad desprotegida para ocupar durante minutos una comisaría, el cuartelillo de bomberos, la central telefónica y tres bancos, entre ellos el República.

De los bancos salió el fruto más tangible de la operación, casi 400.000 dólares en efectivo —una cuantiosa fortuna para la época— de los cuales apenas se recuperó una parte.
Según el relato de los atacantes, la acción fue una operación más de "pertrechamiento y propaganda armada", un sarcasmo cruel si se considera que cinco personas perdieron la vida en esa jornada. Tres de los muertos fueron tupamaros. Otro de los caídos fue un oficial de policía que reprimió el asalto a la comisaría, en tanto que un pacífico ciudadano, Carlos Burgueño, que aguardaba un autobús, fue ultimado en el tiroteo. Una "propaganda" del MLN que costó cinco vidas.

Recogido el botín en los bancos ("pertrechamiento") los asaltantes iniciaron una desbandada caótica en cuyo transcurso la policía detuvo a una veintena de guerrilleros, entre ellos a uno de sus jefes, el extinto exministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. Los tupamaros, incluido José Mujica, quien también participó en aquella charada sangrienta, reconocieron años después que les faltó coordinación y que abundaron chapucerías tales como las del caso de un tupamaro herido de bala por uno de sus compañeros.

Si bien puede entenderse que en la lógica que los inspiraba en la época los guerrilleros trataran de presentar con tintes heroicos su "toma de Pando", es absurdo que casi medio siglo después pretendan exaltar el episodio como una epopeya digna de convertirse en una efemérides patria. Aún más grave es que gobernantes como el senador Mujica y la vicepresidente Lucía Topolansky hayan participado en esa evocación organizada por el MLN y el MPP.

Un efecto de tales actitudes —en particular la presencia de autoridades nacionales en el homenaje a la "toma de Pando"— es que entre las nuevas generaciones hay quienes creen la historia que cuentan ahora los exguerrilleros. En esa línea están convencidos de que Sendic, Mujica y compañía combatieron la dictadura militar cuando en verdad se alzaron en armas contra la democracia diez años antes del golpe de Estado.

Tanta literatura y cuentos pro tupamaros les dificultan entender que cuando llegó la dictadura (que los guerrilleros ayudaron a desencadenar) el MLN-Tupamaros estaba aniquilado.
Lo de Pando no fue una toma, ni una epopeya, ni nada que merezca homenajes con gobernantes presentes. Fue apenas un triste y sangriento episodio que merece caer en el olvido.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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