Carta publicada por un oficial de policia en la edicion de Busqueda de esta semana, (el subrayado en negrita es mio).
El Ministerio del Interior
Señor Director:
En el marco de la ruda controversia entre la Sra. ministra del Interior y los Partidos Políticos denominados tradicionales, respecto a la inestabilidad de la Seguridad Pública que se vive actualmente en el país, desde nuestro punto de vista todos los actores involucrados en la misma, tienen su enorme e insoslayable, cuota de responsabilidad. No vamos a describir el extenso periplo local desarrollado por el Partido Colorado y Nacional, padres putativos en la creación y mantenimiento de una Fuerza Pública congénitamente enferma, incoherente y contaminada por el virus de la politiquería.
El gobierno de Facto, luego de quitarles por la fuerza durante doce años el biberón a los políticos profesionales, transformó el Ministerio del Interior en el Comando General de la supuesta Policía Nacional. Mejoró notablemente los sueldos policiales, impuso severa disciplina castrense, expulsó una pléyade de Oficiales corruptos acusados de delitos comunes y hartó a la institución con sus desfiles al compás del paso de la pavana.Posteriormente ante la debacle económica provocada por el ministro de Economía Arismendi, el régimen gestó de apuro el regreso a la democracia y los proscritos de ayer regresaron a la arena gubernamental a fin de borrar los vestigios de la dictadura. En consecuencia aparecieron a la cabeza de la Secretaría de Estado, algunos jerarcas civiles, quienes aprovecharon para emplear su cargo como palanca para llegar a la Primera Magistratura.
De esta manera de la noche a la mañana, coparon los medios de prensa y disertaron hasta por los codos en materia de investigación criminal, drogas, patrullaje, operaciones tácticas, balística, armamento, equipos, comunicaciones, enseñanza profesional, organización policial, estrategia, inteligencia, política carcelaria, etc. Para no meter tanto la patita en los temas que no eran de su total conocimiento, se rodearon lógicamente de múltiples asesores, secretarios, asistentes a quienes recompensaron con suculentos salarios y prebendas. No faltaron los ñoquis que venían a cobrar y que jamás estaban a la hora del trabajo.
Poco a poco comenzó el despilfarro de los dineros públicos. Con el invento del Proyecto de Seguridad Ciudadana se malgastaron 25 millones de dólares. Demás está decir el fracaso de la compra de ropa coreana; los famosos módulos de lata para la Dirección de Cárceles o el permanente cambio de uniformes de colores y modelos diferentes con la intención que el Policía oriental se pareciera al Bobby de Inglaterra. Pantallas y más pantallas para tapar el ojo a la población. Al final de tantas improvisaciones cayeron sin pena ni gloria y fueron borrados del mapa político por el Gobierno del Frente Amplio que prometía una nueva Policía. Ahora bien, a cuatro años del grito de "¡Festejen Uruguayos! ¡Festejen!" todavía nada de la planificado en pos del mejoramiento sustancial de la Institución en el piso 2 del Hotel Presidente se ha hecho realidad. Los pregonados Jefes de Policía seleccionados por el ministro Dr. José Díaz por su perfil ético y profesional siguen siendo fusibles para hacerlos saltar de sus cargos por no colmar las expectativas puestas en los mismos.
¿Cuáles son entonces tales expectativas? ¿Acaso han sido definidas reglamentariamente las funciones de los Jefes Departamentales? ¿ Por qué causa se mantiene aun Jefe de Policía en franca disputa pública con el Comisionado Parlamentario a cargo de la política carcelaria y se les quita el mando a quienes han sido calificados con 5 en una escala de 10? ¿Recién ahora se les evalúa? Pensamos que está vigente hoy más que nunca una suerte de cerrado autoritarismo que no admite la más mínima discrepancia con la cúpula política del Ministerio del Interior, donde no prima una valoración o juicio profesional sino el criterio político partidario que aniquila el soñado profesionalismo que todos esperábamos de esta administración.
Ante este confuso panorama, no se le puede tirar tantas piedras a la Ministra Sra. Daisy Tourné culpándola de la precaria situación de la Seguridad Pública, sino a la herencia que le dejaron en Julio Herrera y Mercedes. Además a sus asesores actuales que han perdido el rumbo y a esta altura del tiempo no saben a dónde se dirigen. Por esa causa, doña Margarita pierde la paciencia y como buena Coracera de a caballo patea el tablero hacia sus detractores tradicionales que jamás pudieron tampoco apuntarse ni siquiera un medio gol en este sentido.
Es hora de bajarse del matungo y reunir a los líderes de todos los Partidos Políticos para sentar las bases de una definitiva Política Nacional de Seguridad Pública definiendo qué Policía está dispuesta a organizar y mantener el Poder Ejecutivo para brindar la Seguridad Interna Nacional en todo el territorio del país. Sobre todo qué recursos económicos y financieros está dispuesto a empeñar el próximo Gobierno Nacional para sostener una
Fuerza Pública capacitada, técnica, apolítica y no deliberante para enfrentar las hipótesis de conflicto en el orden interno.
Fundamentalmente acordar que el Ministro del Interior no es el Sheriff de la República, sino solamente el conductor estratégico de la Policía Nacional y trabajar intensamente en los aspectos administrativos, jurídicos, legislativos y financieros de su cartera en bien de la institución.
No enamorarse de las cámaras de televisión, delegando todo aquello de orden táctico, docente, científico y técnico policial en manos del Director de la Policía Nacional, máximo comandante de la Fuerza Pública bajo sus directas órdenes.
Saluda a usted atentamente,
Inspector General (r) Tabaré Sartorio
C.I. 825.719-6
