el_francotirador wrote:Y si me autoriza lo mismo que me pone aca, lo pego donde ella escribio.....
No hay problema. Pegue nomás
Moderator: Moderadores
el_francotirador wrote:Y si me autoriza lo mismo que me pone aca, lo pego donde ella escribio.....
Hal wrote:el_francotirador wrote:GASTÓN... ¿DEBE SEGUIR EN LA CALLE?
by Ethel Kapelius Schlafman on Sunday, March 20, 2011 at 2:50pm
El viernes de noche venía de pasear a Heidi cuando veo un niño acostadito en una esquina. Dormía envuelto en una manta y tenía a su lado una bolsa de plástico negra con un montón de cosas. Lo toqué, le sacudí la piernita pero no reaccionaba. Estaba a pocos metros de mi casa, así que volví y llamé a la comisaría. Me atendió la “agente Romero” y le expliqué: “mire agente, hay un niño de unos doce años en tal esquina, lo sacudí y no se despierta, pero sé que está vivo porque su pierna estaba tibia, voy de nuevo a quedarme con él hasta que ustedes lleguen en un móvil. Cuando uno llama al número de la intendencia responden “no podermos obligarlos” y nunca van, así que espero que ustedes puedan hacer algo”
-“NOMBRE Y CÉDULA”- Me escupió por el auricular
Ustedes me conocen y saben que conmigo nadie se hace el guapo, así que contuve una puteada mientras pensaba qué le podía responder que no sonara de la misma manera. Respondí:
-Se los digo al móvil cuando se presente. No quiero dejarlo solo, así que vuelvo a la esquina.
La “agente” empezó a gritar “
-¿QUÉ? ¿CREE QUE NO VAN A IR? ¿ME ESTÁ AMENAZANDO? ¿QUÉ SE CREE QUE SOMOS NOSOTROS? IGUAL VAMOS A MANDAR UN MÓVIL, PERO USTED NO TIENE DERECHO A...”
Y enseguida le dije “me voy al lugar y los espero” y corté. Ella seguía gritando.
Volví a llevar a Heidi, que es muy sabia para entender a las personas. A veces más que yo. Me acerqué de nuevo y vi que el niño se movía. Esperaríamos a la policía mientras trataría de averiguar por qué estaba así, tan solito con una bolsa negra como si fuese su casa. Empezamos a conversar. Me dijo que su mamá murió y que su papá lo golpea, empezó a contarme que tiene un tío que vive por acá, que de a ratos es portero de edificio, o policía, o yo qué sé... que encuentra plasmas en la basura y los pone a funcionar en su casa... Le pregunté por qué no está con él, y dijo que “está trabajando”. Así seguimos, y el niño mentía y mentía descaradamente. Conozco el tema. Aprenden a mentir y robar mientras no aprenden a amar, acariciar o hacer cuentas, ni a comer en una mesa con una madre que les diga “comé o no salís a jugar”. Jugar... báh, no me hagan caso. Estoy delirando.
Le pregunté si alguna vez estuvo en un hogar y dijo que sí. Contó que no le gusta escaparse, pero hay muchachos más grandes que él que le hacen daño. No quiso entrar en detalles. Le pregunté qué pasaría si encontramos un lugar donde no lo ataquen
-¿Te quedarías?
-Claro, así sí.
-Bueno, puedo ayudarte a buscar uno.
Tenía ojos viejos. Parecía drogado. Se negaba a decir la verdad, empecinado. Entonces le dije “bueno, me parece que mentís tanto para que me vaya, así que te dejo tranquilo...” y amagué levantarme del suelo. Gastoncito se incorporó poniendo su espaldita contra la pared y dijo “tengo que ir al baño, así que camino hasta la playa, me estoy haciendo” y pensé “el patrullero no lo va a encontrar, éste niño tiene algo, no es como los otros...” y me di cuenta que él no quería que me fuera. Me contó que voló en avión, que le encanta mirar la tierra desde la ventanilla y otras mentiras parecidas... pero no quería que me fuera. El tiempo seguía pasando, pero el patrullero no venía. Finalmente le dije:
-Hay un baño donde tengo el auto. Si querés podés usarlo y luego buscamos una comisaría donde nos puedan ayudar. Mirá, tenés frío, estás temblando y el verano todavía no termina... ¿Te imaginás lo que te espera?
Sonrió asintiendo y dijo
-Bueno, dale, llevame.
Entonces lo hice pasar al baño. Por más de una hora habáimos esperado a un patrullero que nunca apareció. Luego nos subimos al auto y le dije “ vamos a una comisaría donde hay policías amigos” y elegí otra comisaría; y no me equivoqué. Allí estaba Virginia, una rubia encantadora que conversó con nosotros durante un buen rato. Me pidió mis datos, y me puse a contarle por qué elegí otra comisaría y no la del barrio. Hice la denuncia en detalle, describiendo la actitud de la agente romero y la omisión del patrullero. Y pensar que la comisaría está a 9 cuadras de donde estaba el niño... Nos hicieron sentir cómodos. A mí me hicieron sentir una vez más que cada persona es un mundo, y que tenemos policías que de verdad ponen el corazón en su trabajo. Como Virginia.
Sé que a los 50 años coseché una nueva amiga para siempre. Atesoraré esa nueva amistad para que envejezca conmigo, la guardaré con llave para que nadie la ensucie o malogre. Y seguiré defendiendo a mis policías porque son míos, me cuidan, me sirven, les importo, aunque algunos como la “agente Romero” no merezcan el honor de recibir nuestra confianza y nuestros impuestos.
Estuvimos en la comisaría hasta las 4 de la mañana. “El juez está durmiendo, hay que esperar a que despierte”, me dijeron. “Andate a dormir porque no hay nada que hacer, por la mañana lo trasladan a un hogar de ingreso”. Me despedí de Gastoncito, y negocié con él:
-Hoy tenés una oportunidad. Si conseguimos un lugar donde no te lastimen, y no te escapás, siempre existe la posibilidad de que no acabes enojado con el mundo, atacando, robando, hundido en la droga, y luego preso... y yo prometo estar cerca tuyo cada minuto que cumplas tu promesa. ¿Qué decís?
y le conté un poco sobre presos y cárcel. Le dije que tengo varios amigos presos que conversan conmigo y me hablan de sus sueños, que son muy pocos los que todavía tienen sueños, porque los demás están muertos o condenados por muchos años a la tortura de la cárcel. Me miraba bastante atento. Es un niño muy risueño. Esconde su dolor en una hermosa sonrisa, pero se puso serio y prometió intentarlo.
Ayer sábado me fui al Inau. La funcionaria no me dejaba entrar a verlo, él a 4 metros de distancia y otro funcionario vigilando que no se me acercara. Le dije “fui yo quien lo hizo llegar acá, le prometí venir cada dia mientras mantuviera su palabra de no escaparse” y me dijo “ah, pero no sé quién es usted, no la conozco, muchos hacen lo mismo y luego quieren llevarse a los chicos para explotarlos” y un montón de cosas que entendí... y entonces le pregunté
-¿Lleva mucho tiempo trabajando en esto?
-Sí...
-¿Y todavía no distingue entre alguien así y una persona como yo?
Lo que pasó luego es muy jugoso. Esta señora me abrió su corazón y me contó lo que de verdad pasa en el Inau. Me habló de niños que el juez envía y de hogares que los tiran a la calle a cualquier hora del día o de la noche... de directores que agarran a los chicos a patadas... de chicos llorando en la puerta porque quieren entrar pero no los reciben porque no hay ni colchones, ni un plato de sopa, ni una caricia, ni una mantita en pleno invierno... y me habló de todo lo que ella está padeciendo por haber intentado cambiar en algo las cosas... de los muchachos más grandes abusando de los más chicos... de los funcionarios que miran a otro lado... prefiero no seguir. Ella prefirió no seguir, y al igual que tantos funcionarios del Inau y tantos, tantísimos policías que me contaron sus historias, me dijo “no puedo denunciar, tengo familia, entendeme...”
Lean mi primer libro, vean los testimonios de otra gente del Inau que ya estuve entrevistando., los testimonios de la cárcel, cómo quisieron hacerme callar los jerarcas...
Gastoncito tiene una nueva amiga que está buscando la forma de que tenga dónde vivir. Una amiga que no está dentro del sistema, que no vive de un sueldo del estado y que no tiene inconveniente en destapar ollas podridas. Pero claro, él no lo sabe. Lo único que sabe es que necesita comer, bañarse y dormir en una cama. Que no lo violen. Que no lo torturen. QUE EL ESTADO LO CUIDE PORQUE AL CUIDARLO TAL VEZ ESTÁ SACANDO A UN FUTURO ASESINO DE LAS CALLES...
La Seccional fue la 10. Cuando llegó el móvil al lugar la señora ya no se encontraba. El móvil demoró algo de diez minutos en arribar al lugar. Lo que no dice la señora es que en la novena además de atenderla le explicaron que los telefonistas solicitan nombre y cédula porque reciben muchas llamadas falsas y las comisarías no tienen captor de llamadas. Obviamente que si la persona se niega a aportar sus datos se concurre igual, pero aportar los datos da más credibilidad a la persona que llama. No se porque la señora tuvo tanto problema en decir su nombre y cédula. Creo que se equivocaron al prejuzgar a los funcionarios sin antes conocer "la otra campana", por eso me tomé la molestia de realizar las averiguaciones pertinentes. Saludos.
Users browsing this forum: No registered users and 2 guests