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Efemerides
7 de mayo de 1954

[Imagen: Dien-bien-phu-az-asia-travel.jpg]
Soldados vietnamitas agitan su bandera sobre el puesto de comando frances

El 7 de mayo de 1954, en Indochina (actual Vietnam), en el contexto de la guerra de independencia de Vietnam contra el dominio francés; unos 50.000 vietnamitas liderados por Ho Chim Minh arrebatan luego de 57 días de duro asedio, la ciudad de Dien Bien Phu, bastión colonial de la Legión Extranjeras y ponen fin a la guerra de independencia vietnamita iniciada en 1946.

Luego de 8 años de una intensa guerra colonial, los vietnamitas con sus guerrillas derrotaban efectivamente a los franceses que habían conquistado la ciudad el año anterior pero por aquel entonces estaban ya exhaustos de la guerra en la jungla, una guerra de desgaste que ya habían padecido los japoneses entre 1943 y 1945 cuando ocuparon el país. La guerra en toda su duración fue un auténtico infierno para los franceses e incluso para las tropas de la ‘Legión Extranjera’ quienes sufrieron bajas igual de elevadas que en la Segunda Guerra Mundial o incluso mayores.

[Imagen: dbp_map.jpg]


 Esta derrota colonial, basada ante todo en un orden táctico y conocimiento del terreno extraordinario de los vietnamitas, implicará 2.300 muertos, 5.000 heridos y 12.000 prisioneros para los franceses, lo que supondrá la retirada definitiva de Francia de sus intereses coloniales en Indochina y la consiguiente independencia del país. Ante esta humillante derrota, frente al bien organizado ejército guerrillero vietnamita, Francia pierde todos sus intereses vinculados al petróleo y caucho en el país, produciéndose el nacimiento de un nuevo país, que poco tiempo después se fragmentaría en Vietnam del Norte (bajo guerrilleros comunistas) y Vietnam del Sur (bajo soldados profesionales de clara tendencia a ser liberales), derivando en otro conflicto aún mayor pocos años más tarde, donde resaltaría la implicancia de Estados Unidos.

[Imagen: 782px-French_M24_Chaffee_Vietnam.jpg]

[Imagen: dien%20bien%20phu%201.jpg]

[Imagen: Fz8qWrS.jpg]
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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Se realizó el acto de homenaje a los cuatro soldados abatidos por el MLN en el año 1972
El acto recordó a Saúl Correa Díaz, Osiris Núñez Silva, Gaudencio Núñez Santiago y Ramón Jesús Ferreira Escobar.
mayo 18 2017, 14:07

[Imagen: cuatro%20soldados%203_zpsrmml5fia.jpg]


La convocatoria realizada por el Ejército recuerda a los soldados Saúl Correa Díaz, Osiris Núñez Silva, Gaudencio Núñez Santiago y Ramón Jesús Ferreira Escobar, todos pertenecientes al Batallón de Infantería número 13 y abatidos por tupamaros el 18 de mayo de 1972.

En la orden se hacen votos para que su sangre constituya el cimiento que permita sellar definitivamente la concordia entre todos los orientales. Lleva la firma del comandante del Ejército, Guido Manini Ríos, que asistió junto al comandante de la Fuerza Aérea Alberto Zanelli. También, como todos los años, asistió el ex presidente Luis Alberto Lacalle.

Big Grin Big Grin Big Grin
 
"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".
 
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20 de mayo de 1941
Operacion Merkur

[Imagen: cretegermanpara2cv2.jpg]

El 20 de mayo de 1941, en Creta; en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, en la madrugada de aquel día, se produce la invasión de Alemania a la isla de Creta, que pertenecía a Grecia que ya había sido invadida y ocupada por los alemanes.

Las fuerzas del Tercer Reich lejos de emplear un desembarco convencional, planificaron emplear miles de hombres que caerían desde los cielos griegos y dominarían la isla en pocos días. Esta operación sería la mayor operación de paracaidistas del eje en toda la Segunda Guerra Mundial con un total de 25.000 efectivos, superando incluso a la posterior Maket Garden.
Los británicos quienes defendían la isla ante la falta de soldados griegos, resistirían en la isla hasta el 1 de junio, por lo que la operación se demorará un par de días más de lo previsto.

[Imagen: 800px-Paratroopers_Crete_%252741.jpg]

 Los alemanes, gracias a contar con superioridad aérea, consiguieron transportar suficientes unidades como para derrotar a la guarnición que defendía la isla y desbaratar la defensa naval británica, que había impedido hasta entonces a la Armada alemana acercarse a Creta.
Finalmente cuando la isla caiga en manos de los alemanes, los británicos se retiraran de la isla, conscientes que Grecia era un caso perdido. La ofensiva alemana terminaría poniendo fin al domino británico del Mediterráneo en Europa (a excepción de Gibraltar y Malta). La isla permanecerá ocupada hasta 1945 y para fortuna de la humanidad, las ruinas del Palacio de Cnossos y otras áreas de tradición milenaria sobrevivirán intactas al conflicto, cuando volverán en 1945 a manos griegas.

[Imagen: 14429093.jpg]

[Imagen: Bundesarchiv_Bild_101I-166-0508-16%2C_Kr...%A4ger.jpg]
[Imagen: comienza-operacion-merkur-creta-primera-...-Ny8b.jpeg]
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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27 de mayo de 1972

Caida de la Carcel del Pueblo tupamara
[Imagen: DistincionBn1.jpg]

Una apresurada deliberación final salvó a Pereira y Frick de sus ejecuciones
Mientras las dos mujeres que ejercían la custodia de Ulysses Pereira Reverbel y Carlos Frick Davies pretendían fusilarlos e insultaban a sus compañeros tratándolos de cobardes, las Fuerzas Armadas penetraban en el local.


El 27 de mayo de 1972, la lista de secuestrados por el MLN llegaba a las 19 personas. El primero había sido el doctor Ulysses Pereira Reverbel, tres años antes. A su captura habían seguido en orden cronológico, la de Gaetano Pellegrini Giampietro, directivo de un banco de plaza y copropietario de la empresa Seusa que en ese momento editaba dos diarios, la del magistrado Daniel Pereyra Manelli, la del asesor de la policía Dan Mitrione (el único asesinado posteriormente), la del técnico estadounidense Claude Fly, la del cónsul de Brasil Aloysio Días Gomide, la del embajador inglés Geoffrey Jackson, la del fiscal de gobierno Guido Berro Oribe, la segunda del propio Pereira Reverbel, la del ex ministro de Ganadería Carlos Frick Davies, la del industrial Jorge Berembau, la del abogado Alfredo Cambón, la del doctor Carlos Maeso, la del industrial Luis Fernández Lladó, la del redactor responsable del diario El Día José Pereyra González, la de Homero Fariña, quien ocupaba el mismo cargo en el diario Acción, la del fotógrafo Nelson Bardesio, la del diputado Héctor Gutiérrez Ruiz y la del industrial Sergio Molaguero. Salvo Pereira Reverbel, Frick Davies y Molaguero, todos habían sido liberados luego de soportar cautiverios de variada duración.

Ni el ex presidente de UTE Pereira Reverbel ni el ex ministro de Ganadería del gobierno de Pacheco Areco, Frick Davies, sospechaban que aquella madrugada, su suerte iba a cambiar radicalmente. Si de algo estaban seguros, era de que los hechos dramáticos que se sucedían en las calles de la capital, de los cuales estaban enterados a medias, podían conducir a un endurecimiento de su situación de cautividad. Ese mismo mes de mayo, el MLN había sufrido varios reveses al localizar las Fuerzas Armadas una gran cantidad de escondrijos donde guardaban armas, municiones, uniformes policiales y material quirúrgico y como consecuencia de los operativos habían sido detenidos no menos de 150 tupamaros.

Probablemente como forma de demostrar que aún no estaban derrotados, elementos pertenecientes a cuadros del MLN mataron a cuatro soldados que estaban haciendo guardia dentro de un jeep frente a la casa del comandante en jefe del Ejército, aunque la versión del MLN minimizó los hechos diciendo que los soldados habían fallecido en un tiroteo y que el coronel Trabal, jefe de Inteligencia, les había puesto un termo y un mate para aparentar que estaban en horario de descanso.

Lo que sucedió aquella madrugada del 26 de mayo tiene un testigo de primera mano: uno de sus protagonistas, el doctor Ulysses Pereira Reverbel, quien relató los detalles en su libro Un secuestro por dentro. "De pronto, me desperté notando que pasaba algo raro. De noche, sólo vigilaba el que estaba de guardia. Sin embargo, había movimientos apresurados que me indicaron que se habían levantado todos. Las luces estaban todas encendidas pero enseguida se apagaron todas, pese a que siempre quedaba una en el lugar donde se hacía la guardia. Inmediatamente oí el ruido del candado que cerraba la puerta del pasillo y entró el encargado con una vela en la mano, acompañado por otro custodia.

Puso la vela sobre la mesa del pasillo, abrió el candado de mi celda y entrando con otro custodia me dijo: ‘tranquilo Pereira que vamos a pasar momentos difíciles’. (...) ‘Acuéstese boca abajo que tenemos que atarlo’. (...) Ante estas situaciones, ellos siempre aclaraban que si entraban las fuerzas legales, tenían que matarnos. Obedecí la indicación. Me ató fuertemente los brazos por detrás de la espalda y ambas piernas entre sí, de inmediato me colocó varios pedazos de cinta adhesiva sobre la boca, de manera que no podía pronunciar palabra.

 De inmediato fue a la celda del doctor (Frick Davies) donde hizo lo mismo (...) Oí su voz tajante: ‘¡no mueva la cabeza!’ (...) Oía perfectamente que golpeaban en la puerta del ambiente de los custodias, pero éstos guardaban silencio absoluto. ‘Abran soy yo, Alberto’. Repetía una y otra vez una voz de hombre intercalada con los golpes. Este hombre era un dirigente tupamaro que habiendo sido detenido decidió colaborar con las Fuerzas Armadas. ‘¿Por qué no abren? Es una orden superior’. Saben que deben abrir. Es urgente, traigo una orden superior.

Seguía el silencio. Después oí que abrían la puerta porque arrastraba sobre el piso y conocía el ruido. Hablaban en voz baja, por lo que no oía lo que decían. Al rato el encargado llamó a las dos custodias que continuaban vigilándonos. ‘¡Cierren las celdas y vengan!’, reiteró. Así lo hicieron. Casi enseguida que pasaron al otro ambiente oí la voz de ambas, fuerte, a veces gritando: ‘¡Cobardes! ¿Con ustedes vamos a ganar la revolución?’ (...) Subió el tono de la discusión. ‘Hijos de puta. ¿Cómo no vamos a matar a esos tipos?’ Eran siempre las voces de ambas mujeres. Oí cuando decían: ‘¿Orden superior de quién?’ Sabía perfectamente para qué nos habían atado y amordazado. Dan Mitrione cuando apareció muerto, estaba así. De pronto cesó la discusión y ambas mujeres entraron al pasillo.

 ‘Voy a mear primero’, dijo una. Oí el ruido que hacía cuando orinaba, aparentemente en un recipiente de lata. Como la guardia tenía un lugar en su ambiente igual que nosotros, para hacer sus necesidades, no sé por qué esta custodia procedió así. Cuando terminó, abrió la celda del doctor y quitándose la capucha dijo: ‘míreme la cara, usted se va para su casa, pero yo no voy para la mía’. Y comenzó a desatarlo. Casi enseguida entró la otra a mi celda y tirando con fuerza la capucha al suelo, alterada, me dijo: ‘míreme a la cara, vea lo que es un revolucionario y el peligro que corríamos cuando lo cuidábamos’.

Procedió a desatarme. Me dijo que debía vestirme con apuro. En un instante estuve vestido. El doctor también. Nos dijeron que saliéramos enseguida. En el otro ambiente estaban los otros dos custodias junto a una persona. Empezamos a caminar. Cuando salíamos, doblando el cuerpo para pasar por el túnel, uno de los custodias dijo: ‘no salgo, antes de que me torturen, prefiero morir’.

El que había entrado con el alias Alberto, me tomó del brazo y me dijo: ‘Pereira, yo le pido que usted me acompañe al cuartel donde me llevan para que haya un testigo de que yo entré vivo. Si no es así, ahora que ustedes están libres me van a matar en el cuartel y después dirán que yo intenté escapar’. (...) Cuando llegué al agujero por el que debía salir, vi a un militar que estaba arriba y le pregunté si podía llevar mis papeles. Me contestó que sí. Regresé a la celda, tomé los borradores y con ellos bajo el brazo volví a salir. Es imposible contar qué sentía en esos momentos. Era demasiado grande la confusión de sentimientos y pensamientos. Era volver a la vida".

Las descripciones aportadas por la prensa rivalizaron durante días en los detalles sórdidos. La casa donde estaba ubicada la llamada "cárcel del pueblo", había sido localizada como consecuencia de una delación del tupamaro Héctor Amodio Pérez, en una casa de la calle Juan Paullier casi Charrúa.

Estaba habitada por un matrimonio con cuatro hijas menores y su actitud frente a la vecindad no daba motivo para sospechas. Las niñas iban a la escuela Artigas, a dos cuadras y tenían amiguitas en el barrio. El hombre era un antiguo bancario que ahora trabajaba en una empresa publicitaria y su esposa llevaba una vida común. El hogar era de puertas abiertas y fue justamente esa vida comunitaria y de buenos vecinos la que provocó las mayores sorpresas al descubrirse los hechos. Curiosamente, la casa lindera había sido allanada tres veces, la última, dos días antes.

Allí se hallaban establecidos un taller de lustrado de muebles en la planta baja y un mecánico dental en la parte superior. ¿Por qué la insistencia en revisar precisamente ese lugar? ¿Las Fuerzas Armadas ya tenían algún principio de evidencia antes de que el lugar les fuera entregado por Amodio Pérez? Nunca fue aclarado. Lo cierto es que dentro del garaje, debajo de una loza que aparentaba ser la tapa de una cámara séptica, luego de atravesar un conducto y bastante debajo de la superficie, se encontraba lo que las Fuerzas Armadas habían estado buscando durante más de dos años.

"A un costado del garaje, levantando una tapa difícil de advertir a la ligera" —escribió el cronista policial de El País, en la edición del 27 de mayo de 1972— "surge un pozo de un metro de profundidad aproximadamente por ochenta centímetros de diámetro. Una vez apoyados los pies en ese pozo, aparece un túnel que recorre cuatro metros por debajo de la casa, en dirección de sus fondos. Un túnel con paredes de piedra donde únicamente un niño puede andar erguido. Ya entonces cambia totalmente el ambiente. Se comienza a percibir un calor asfixiante que golpea la cara en medio de una oscuridad que obliga a tanteos".

Todos los que visitaron el lugar coincidieron en que el lugar estaba bien construido, con paredes de ticholos, aunque su falta de aire, su calor y la suciedad que lo rodeaba, permitían definir al lugar como insalubre e inhumano. "A minutos de estar allí" —decía la crónica antes citada—"cualquier persona comienza a sentir una sensación de enclaustramiento que seguramente resulta demoledora y difícil de soportar. La respiración se dificulta y el aire está invariablemente viciado por impurezas y malos olores. En el primer ambiente vivían los custodias, que disponían de una cocinita, un baño precario y una biblioteca. En los del fondo estaban las celdas, con dos cuchetas mínimas y un sistema de higiene más precario aún".

A la derecha del lugar donde vivía la guardia, una gran cantidad de bolsas con tierra apiladas, ya que estaban excavando un túnel de escape hacia la red cloacal que se encontraba a pocos metros de su finalización. Había además un sistema de luces, que se encontraba conectado con la casa de arriba.
"Todo está regado de ropas y utensilios" —detalla el informe del diario El País— "Por encima de todas las cosas hay polvo y la sensación de una carencia total de higiene como de un acostumbramiento a vivir entre la mugre. Se ven muchas ropas tiradas y entre ellas dos prendas femeninas, un sostén y una bombacha que aseveran que la custodia era mixta.

En las paredes hay consignas violentas y emblemas de la organización tupamara. (...) La comida no venía de arriba sino que se hacía abajo, en la cocina emplazada frente a la celda de Pereira Reverbel. Enlatados, arroz y otros productos era la dieta substancial en un lugar donde el calor imposibilitaba conservar por más de unas horas cualquier producto.

Hombres y mujeres, estudiantes de otros tiempos, compartían un mismo ambiente lavando sus ropas lo rigurosamente indispensable. La máxima posibilidad de higiene personal la ofrecía una manguera con una ducha en su extremo y un lavamanos. El aire allí abajo llega apenas en pequeñas proporciones y sin duda habría de sumir a todos en un tremendo sopor".

No bien los dos prisioneros fueron liberados (esta vez no hubo conferencia de prensa como en su liberación anterior), Pereira Reverbel desmintió rumores que al par que lo señalaban como sometido mentalmente a sus captores, afirmaban que había estado recibiendo un trato preferente a cambio de cocinar y lavar la ropa. El doctor Carlos Frick Davies por su parte, declaró que se encontraba con buen ánimo, que le daban vasodilatadores para su presión alta, que tanto él como Pereira caminaban y hacían gimnasia tres horas por día y que jugaba al ajedrez con los guardias.

Finalmente, se interesó vivamente por la posición de Peñarol en el campeonato y recordó a los periodistas que había sido dirigente de la institución. Al día siguiente, los dos liberados viajaron a sus respectivos establecimientos de campo. Pereira Reverbel a la estancia familiar de Artigas La Escondida, donde estuvo inspeccionando unos viñedos plantados antes de su captura y Frick Davies a la cabaña que lleva su nombre en el departamento de Durazno.

 Ninguno de los dos hizo declaraciones a la prensa local, según instrucciones de las Fuerzas Conjuntas. Una prima brasileña del presidente de UTE recién llegada de Porto Alegre, le dijo al oído a un periodista: "escriba que está loco por comer cosas dulces. No las prueba hace casi dos años".

Ese mismo día, pasadas 48 horas del descubrimiento de la Cárcel del Pueblo, fue presentado a los diarios, las radios y las cámaras de televisión, Daniel Viglietti, una de las figuras cumbres del canto popular uruguayo. Se encontraba detenido y corría el rumor de que le habían destrozado las manos. Con gesto de quien está siendo expuesto a algo contra su voluntad, Viglietti mostró sus manos sanas y dijo que no había sido objeto de torturas aunque lo habían hecho dormir en un calabozo sin cama ni colchón. Pocos días más tarde, fue puesto en libertad.
 
No quedaría completo este relato que recuerda el doble secuestro del doctor Ulysses Pereira Reverbel, si además de la versión de su protagonista y la de la prensa nacional, no se expusiera también la opinión del MLN. Para los tupamaros, y esto ha sido plenamente confirmado, el famoso enterradero de la calle Paullier fue descubierto mediante una delación de Héctor Amodio Pérez, quien junto a Mario Píriz Budes (éste en el interior) y a Alicia Rey Morales, compañera del primero, configuró el grupo de integrantes del movimiento que entregó información decisiva a las Fuerzas Armadas a cambio de su liberación.

A partir de diferentes fuentes del MLN, en especial el libro de Samuel Blixen Sendic (Ed. Trilce, 2000, con varias reediciones) los tupamaros tenían entre ojos a Amodio a raíz de distintos faltantes de dinero denunciados por sus propios compañeros, los que en su momento le acarrearon sanciones dentro de la organización. Algunos dirigentes tampoco veían con agrado su modo de vivir, que se aproximaba al modelo pequeño burgués que tanto despreciaban. Le gustaba el whisky importado, fumaba tabaco de pipa holandés y era afecto a la buena ropa. En 1968, los "viejos" (Fernández Huidobro, Marenales, Sendic, Manera) resolvieron darlo de baja junto a su compañera Alicia Rey Morales.

Otros integrantes intercedieron y fue entonces que Sendic y Fernández Huidobro, las dos cabezas más visibles del MLN cometieron el mayor y más inexplicable error de sus vidas: los reintegraron y le dieron a Amodio un puesto de dirección. Desde ese momento adquirió una enorme relevancia en el movimiento y dirigiendo la Columna 15, que era tan fuerte que hasta había adquirido cierta autonomía, participó en casi todas las acciones importantes llevadas a cabo por los tupamaros. Sin embargo, cuatro años después, Alicia Rey fue capturada huyendo por una cloaca y Amodio se derrumbó. Sigamos el testimonio del ex tupamaro Samuel Blixen en su excelente libro Sendic.

"Amodio se ha desplomado tras la caída de su compañera. La dirección descarta toda posibilidad de confiarle la Columna en el exterior. El Bebe plantea que hay que darle de baja y así se resuelve. (...) La decisión de darle la baja al comandante que había llegado a ser el hombre más poderoso en el MLN se mantiene en reserva mientras se dispone su evacuación para el exterior.

A las pocas horas, Amodio es detenido junto con Héctor (Rodolfo Wolf) que está ignorante de todo. Pero la dirección sabe que Amodio ha sido capturado en el peor momento, expulsado de la organización y con su compañera presa, desmoralizado y quizás con rencor. (...) Amodio conoce buena parte de la estructura. Algunos de los locales que caen en los días siguientes son ubicados en buena parte debido a informaciones proporcionadas por él. (...) Pero hay personas e infraestructuras que no conoce porque corresponden al período en que estuvo preso o provienen de antiguas columnas para las que él estaba compartimentado. (...) Amodio no sabe dónde está el local de la cárcel del pueblo, sí sabe que Rodolfo Wolf conoce el lugar.

Héctor aguanta la tortura hasta el límite de sus fuerzas y los torturadores temen un ataque al corazón o un intento de suicidio, con lo que perderían preciosa información. Entonces Amodio, que lleva años militando junto con Wolf, lo convence de que es necesario aportar la información, que hay una negociación y que todo depende de que se rescate a los prisioneros con vida. Wolf no sospecha. Mantiene por su jefe el respeto y la admiración surgidos en la intensa militancia en la que ambos se han jugado la vida muchas veces.

Y le revela el secreto. El 27 de mayo el ejército rodea la casa de la calle Juan Paullier; la ama de casa que da cobertura avisa desesperadamente a los cuatro tupamaros que están de custodia en la pieza subterránea ubicada debajo del garaje, que el ejército sabe que allí están los prisioneros y que Amodio quiere hablar con ellos antes de que se cumpla la orden prevista de ejecución en caso de allanamiento".

La liberación de Pereira Reverbel y Frick Davies, escapados por un pelo de ser ejecutados por el MLN por el solo hecho de haber sido descubierta la cárcel del pueblo, se enmarca en lo sucedido en 1972, uno de los años más dramáticos de la segunda mitad del siglo pasado. No fue el único ni el peor. Tiempo habrá para recontar otros. ©

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4 de junio de 1989
El hombre contra los tanques

[Imagen: main_1200.jpg]

El 4 de junio de 1989, en Pekín, China; el Partido Comunista chino ordena abiertamente la represión de los estudiantes que estaban ocupando la plaza de Tiananmenn, un símbolo de la capital, que los estudiantes y algunos trabajadores habían tomado desde hacía más de un mes.

Los estudiantes proponían reformas democráticas luchando por el reconocimiento de los derechos estudiantiles así como mayor libertad de trabajo. En el mes de mayo aproximadamente 100.000 estudiantes y obrer...os marcharon en Pekín pidiendo reformas para la libertad de expresión y un diálogo formal entre las autoridades y los representantes de los estudiantes, lo que fue rechazado una y otra vez por el gobierno, que ante un panorama complicado recurrió a la ‘mano dura’ para controlar el hervidero político que comenzaba a convertirse la capital lentamente.

Como consecuencia, el primer ministro Li Peng declaró la ley marcial y respaldó la intervención del ejército chino que buscaba recuperar, la plaza que ha estado tomada durante siete semanas por estudiantes y desde mayo obreros también. Cuando el ejército llegó a la plaza casi un millón de personas ocuparon el lugar como método de protesta y rechazo a la violencia. El gobierno chino restará atención a esto y comenzará una salvaje represión con tanques y artillería contra su propia población. Al anochecer del día la represión y su saldo fue brutal: entre 1.000 y 2.000 personas fueron asesinadas, hubo más de 5.000 heridos y 20.000 arrestados reinstaurando el orden en la capital a sangre y fuego.

En estas protestas se dio una de las imágenes más curiosas, la del ‘hombre desconocido’, que se colocó frente a una fila de tanques chinos, lo que simbolizó la resistencia a la violencia por parte de una persona desconocida y común entre tanta represión. Se desconoce si este sujeto sobrevivió a aquel día, pero la fotografía de la cual fue participe recorrió la vuelta al mundo denunciando las violaciones de los Derechos Humanos y la salvaje represión de un gobierno a su pueblo.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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7 de junio de 1942

[Imagen: Battle-Of-Midway-Turns-Tide-Of-Pacific-War-2.jpg]


El 7 de junio de 1942, en el Océano Pacífico; finaliza la célebre y decisiva batalla de Midway iniciada el 4 de junio pasado y donde los estadounidenses obtendrían su primer gran triunfo en la guerra contra Japón. Los estadounidenses, quienes habían desarrollado su primer sistema para detectar los planes japoneses del almirante Yamamoto, estaban al tanto de un inminente avance sobre la base estadounidense del Pacifico ubicada en Midway. El almirante estadounidense, Chester Nimitz, conocía que más de 30 barcos japoneses (4 eran portaaviones) cargados con 265 aviones avanzarían sobre la base, por lo que organizó replegarse en la retaguardia y dar la sorpresa a los japoneses quienes no esperarían ser emboscados.

El 4 de junio, los japoneses atacaron la base estadounidense con más de 100 aviones produciendo daños considerables. Los estadounidenses, contraatacaron y tomaron por sorpresa a los japoneses, al punto de obligar a los portaaviones nipones a navegar en círculos y hacer maniobras para evitar los torpedos estadounidenses, lo que les impidió tomar posiciones definitivas para el lanzamiento de sus aviones; mientras obligaban a los aviones japoneses a gastar casi toda su munición y combustible para cubrir a los portaaviones mientras los estadounidenses los derribaban.

[Imagen: battle-midway-important_c00b55c201410030...os.ask.com]

Los japoneses intentaron reorganizar su flota y contraatacar, pero en un ataque de eficacia y ‘suerte’ para los estadounidenses; en solo 15 minutos los ataques con torpedos de los norteamericanos dañaran y hundirán los 4 portaaviones japoneses, causando un daño irreversible para los japoneses y quebrando el curso de la batalla.
La batalla fue una derrota catastrófica para la Marina Imperial Japonesa que era invencible hasta aquel día y terminaría provocando la primera gran derrota de Japón en la guerra así como un triunfo clave para los estadounidenses quienes subirían notablemente su moral.

Los japoneses ocultaron la información a sus ciudadanos, enterándose solo el emperador y los hombres de mayor confianza. Unos 300 estadounidenses y 3.000 japoneses perdieron la vida entre esos legendarios días de combate. Los nipones perdieron casi 250 aviones y abandonaron cualquier expansión sobre el Pacifico más oriental, sumando sus esfuerzos hacia el Pacifico sur, más precisamente hacia Java y Guadalcanal, para luego poder acceder hacia Australia.

[Imagen: 9d1651c62c6195ed0543f09caaf7baca.jpg]
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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11 de junio de 1963
[Imagen: QuangDuc.jpg]

El 11 de junio de 1963, en Saigón, Vietnam del Sur; se produce una de las imágenes más impactantes de la guerra de Vietnam, cuando el monje budista Thich Quang Duc toma la decisión de poner fin a su vida por lo que se autoinmoló en una calle de Saigón para protestar contra la persecución de budistas por parte del gobierno católico del presidente de Vietnam del Sur, Ngo Dinh Diem. El monje de 66 años bajó de un automóvil junto a otros dos monjes más jóvenes.

[Imagen: The%2Bburning%2Bmonk%252C%2B1963%2B%25282%2529.jpg]

Uno de los acompañantes puso una almohada en la calle mientras el otro abría el maletero del automóvil y sacaba un bidón de gasolina. Acto siguiente, los jóvenes con orden de Duc vaciaron el contenido del bidón sobre su cabeza, mientras que el Duc prendió posteriormente un fósforo y se lo arrojó al cuerpo.

El fuego consumió su ropa y carne, mientras el humo emanaba de su cuerpo en llamas. Sus últimas palabras fueron: “Suplico respetuosamente al presidente Diem que tenga compasión de los habitantes de la nación y que desarrolle una igualdad religiosa que mantenga la fuerza de la patria para siempre”.

[Imagen: img_7635.jpg]

El monje fue incinerado vivo en plena vía pública. Las fotografías del hecho dieron la vuelta al mundo y sirvieron para cuestionar las políticas adoptadas por el régimen de Diem. Malcolm Browne ganó un premio Pulitzer por la fotografía del monje. Este acto favoreció para que más adelante se anunciaran reformas que daban más libertades a los budistas que eran amplia mayoría en el Sudeste asiático. Pero las reformas nunca se implementaron, por lo que a fines del año 1963, un golpe de estado derrocó a Diem.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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