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General Jose Gervasio Artigas Arnal
#11
Aniversario del ingreso de Jose Artigas al Cuerpo Veterano de Blandengues de la Frontera de Montevideo

[Imagen: 260px-Caballeria_uniforme_siglo_XIX.jpg]

*Artigas en Maldonado*
Nuestro Prócer integra el grupo inicial del Cuerpo de Blandengues de la Banda Oriental, o dicho de otra manera, de la Frontera Militar de Montevideo. Ocupa el décimo segundo lugar en la lista de la Revista, primera en el tiempo, que se confecciona en Maldonado. En total son veinticuatro los soldados alistados en el lapso que corre desde el 16 de febrero al 15 de marzo de 1797.
Luce allí su nombre completo: José Gervasio Artigas. Segundo de pila que por esos años solía Artigas estamparlo también al firmar.

Su ingreso lleva por fecha la del 10 de marzo de 1797. Lo verifica con calidad de Soldado y aunque revista como tal constituye extremo que requiere aclaración.

Artigas, "ejecutor primero"
Don Luis Enrique Azarola Gil, uno de los más sagaces e intuitivo historiador uruguayo, dice refiriéndose a Artigas en el instante de su ingreso a Blandengues:
"El 10 de marzo un hombre de acción, joven aún, conocedor profundo del territorio y de la modalidad de su tiempo, recibió la misión de salir a campaña y buscar los primeros elementos para constituir el nuevo Regimiento".
Según expresa el erudito historiador, Artigas está en Maldonado el 10 de marzo de 1797 en razón de haber recibido un importante cometido tal cual era el de "salir a la campaña y buscar los primeros elementos para constituir el nuevo Regimiento".

Según la lista de Revista precitada, es indudable que Artigas toma ese día en la ciudad fernandina Estado Militar.
Extraído del libro "Artigas y Maldonado" de la Dra. Florencia Fajardo Terán. Maldonado, 1990.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#12
[Imagen: images?q=tbn:ANd9GcR2E56Es5DgfSeSuVrWOlM...8hnUP-QZnw]

Esta hermosa historia sucedió en el Montevideo antiguo de las aguadas subterráneas y los misterios más allá de la Plaza:
Una tarde fría de junio, hace tanto tiempo que ya se marchitaron los recuerdos, en esta ciudad que entonces era apenas un caserío asomado al mar, vivía una familia venida de España.
Sobre las piedras de la cuchilla que termina en el agua, habían levantado, junto a sus vecinos, una fuerte casa de piedra, capaz de soportar lluvia y viento; que la sudestada era entonces tan brava como ahora.
Fue en la esquina de San Luis y San Benito, nombres católicos para calles de un poblado de aquella época, en que nuestra Iglesia fijaba los días al paso de su hermosa Liturgia.

¿Saben dónde quedaba este sitio? Es en las esquinas tan montevideanas de las actuales calles Piedras y Cerrito, donde aún pueden ver la placa que conmemora estos hechos.
Esa tarde era lluviosa, propia de esta época del año y el barro y el frío hacían aún más difícil transitar por la ciudad.

En el interior de aquella casona, todos estaban en expectantes preparativos:
Es que justo ahora, a pesar de la lluvia y el frío, un niño estaba a punto de llegar al mundo.
Entonces como hoy, un nacimiento en la familia alteraba toda la rutina.
La servidumbre corría de aquí para allá bajo las órdenes de doña María, la dueña de casa, cuyo esposo, don Felipe Pascual conversaba mansamente con su consuegro don Juan Antonio Artigas.
Don Felipe y Doña María compartían su casa con su hija Francisca y el esposo de ésta, don Martín José Artigas.
La pareja era ya baqueana en estas lides; ya tenían tres hijos de su matrimonio y de ahí la tranquilidad de los abuelos.

Ignacia Javiera Carrasco, la esposa de Don Juan Artigas, corría pareja con su consuegra en el asunto de los preparativos.
El vapor del agua caliente, el despliegue de sábanas perfumadas de lavanda y la charla ansiosa de las asistentes, era lo que marcaba la inminencia del parto.
Y así fue y nuestro pequeño llegó al mundo para alegría de padres hermanos y abuelos.
Estos críos y los que tuvieran en adelante, eran las primeras ramas de la familia brotadas en tierra americana. 
El futuro les pertenecía y ese futuro, nuestro pasado, les tenía reservado cosas grandiosas.

Especialmente a José Gervasio, que es quien aquella tarde haría oír su potente protesta al salir del confortable seno materno al cruento clima Oriental.
Esa tarde inclemente nació nuestro Héroe Nacional, el General Don José Gervasio Artigas y comenzó su vida que sería tan azarosa y sufrida como lo fueron aquellos días de tormenta de su nacimiento.
Es el Padre de nuestra Patria y para defender sus ideales republicano-federales, ningún esfuerzo le pareció demasiado. Entregó su vida a la causa de la Libertad y la Igualdad de todos sus semejantes, teniendo como tal a toda la raza humana.

Fiel desde el principio al ideario cristiano, vivió aquellos años turbulentos y encabezando las huestes de sus Orientales, plantó en nuestra tierra la semilla de la Libertad.
En Las Piedras, cerca de Montevideo, condujo la primera victoria militar contra el dominio español, en la célebre batalla que hoy conocemos con el nombre del lugar en que se desarrolló: la Batalla de Las Piedras.
Vivió las jornadas heroicas del Éxodo del Pueblo Oriental, en las que los Orientales tomaron conciencia de ser tales y prefirieron perder todas sus posesiones materiales pero seguir al Caudillo con el cual aprendieron a soñar con la libertad de sus opresores extranjeros.

Al final, derrotado por la infamia de los traidores, luchando contra tres ejércitos, se internó en el Paraguay para vivir sus años postreros entre sus vecinos más pobres, a los que supo auxiliar hasta el final. 
Vivió respetado y apreciado por los gobernantes paraguayos y muy querido por el pueblo simple de su vecindario: lo llamaban “Caraí Guazú, Caraí bae porá” “Un gran Señor, un Señor muy Bueno”…
Queridos nietos Orientales: Artigas es el Padre de la Patria. Así comienza un Himno que antaño se cantaba en las Escuelas: “El Padre nuestro Artigas, Señor de nuestra tierra….”

Nació un 19 de junio de hace muchísimos años en suelo montevideano entonces parte del Reino de España. Luchó bravíamente y sus ideas triunfaron finalmente y forman la base de nuestra sociedad e incluso de la argentina.
Como Padre de la Patria, de la que decimos que es como nuestra madre, es el Abuelo de todos nosotros.
Por eso el 19 de junio se celebra el día de los abuelos. ¿Cabe mejor recordatorio para los que lo somos que tener como nuestro día el de su nacimiento?

Recuerden a Artigas ese día en particular cuando sus abuelos los estrechen entre sus brazos. 
Hagan lo mismo al expresar la promesa a la Bandera, que se cumple también esta fecha: Él, que en su vejez enseñó los dulces misterios del Evangelio a los niños de Curuguaty, seguramente sonreirá en el Cielo al ver a sus pequeños descendientes prometer valientemente la defensa de su Patria, con sus mismos ideales.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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