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General Jose Gervasio Artigas Arnal
#1
19 de junio, natalicio del padre de la patria, el general Jose Gervasio Artigas
1764

[Imagen: Artigas-editado.jpg]
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#2
Editorial de El Pais de hoy

Natalicio de Artigas
Artigas fijó los principios políticos fundamentales que quedaron marcados en el colectivo nacional desde los tempranos tiempos de la Patria Vieja. El principal es, sin duda, la legitimidad democrática que debe investir la autoridad política.

19 jun 2017
Se cumple hoy un aniversario más del nacimiento de José Gervasio Artigas en 1764. Sin embargo, lejos de conmemorarse esta fecha con este significado patrio fundamental, hace una década que se vienen entremezclando distintas celebraciones que nada tienen que ver con Artigas.
En primer lugar, ha ido ganando terreno en lo comercial y colectivo el tema del día del abuelo. Infelizmente, la coincidencia de la fecha empaña la fecha dedicada a Artigas, que se transforma así en una especie de abuelo más de todos, como una especie de origen familiar e íntimo de la patria. Se termina relativizando entonces la figura pública, histórica y monumental de quien fuera el Jefe de los Orientales.

En segundo lugar, desde la iniciativa de Vázquez en su primera administración se intentó que esta fecha del 19 de junio se transformara en el día del "nunca más". Por el lado de Vázquez su voluntad fue "nunca más" terrorismo de ningún tipo, lo que evidentemente abarcaba a las acciones guerrilleras de los años 60, de protagonismo sobre todo tupamaro, que terminaron por allanar el camino al golpe de Estado de 1973. Pero por el lado del Frente Amplio, la definición del "nunca más" sobre todo centró su atención en el terrorismo de Estado y con eso se privilegió solamente la memoria sobre la represión de los años de dictadura.

Así las cosas, la fecha que siempre fue el natalicio de Artigas y que permitió históricamente conmemorar la figura del Jefe de los Orientales, perdió su sentido original. Además, dentro de esta década de gobiernos frenteamplistas la administración Mujica decidió bajar el perfil a todas las celebraciones de fechas históricas que hicieran referencia al proceso de independencia del Estado oriental.
Convencido como está el expresidente de que lo importante es la patria grande sudamericana, ni el 18 de Julio ni el 25 de Agosto, por mencionar las dos más relevantes, pero tampoco el 19 de abril o el 18 de mayo por ejemplo, fueron nunca conmemoradas con pompa. Y ni siquiera este 19 de junio mereció grandes recordatorios, ya que la fracción tupamara del Frente Amplio nunca estuvo de acuerdo con la fórmula del "nunca más" de Vázquez que englobaba sus acciones delictivas y antidemocráticas de los años 60 y 70.

Evidentemente Artigas es referencia para todos los partidos y ciudadanos del Uruguay. Pero infelizmente y desde su fundación en 1971, el discurso frenteamplista ha procurado apropiarse de su figura trascendente: desde los colores de la bandera de la coalición que recuerda a la bandera artiguista, hasta los discursos fundantes de Seregni por aquellos años, hay una tendencia de la izquierda a querer acaparar la figura y el legado de Artigas.

Es así que por un lado, la izquierda ningunea el nacimiento del prócer al incorporarle nuevos significados al 19 de junio y al quitarle además el simbolismo de los actos y las pompas estatales que toda conmemoración pública y patriótica requiere. Por otro lado, en sus referencias más políticas e históricas, a la vez que rebaja la dimensión nacional del prócer, el Frente Amplio ha intentado siempre apropiarse del legado, del mensaje, de la mística y de la importancia del artiguismo. ¿O acaso nadie recuerda ya que la canción de Rubén Lena "A Don José", que se canta en las escuelas del país, fue también la canción de campaña electoral del balotaje del candidato del Frente Amplio Mujica en 2009?

Por todo esto es que importa recordar la fecha histórica que está en el origen de este feriado nacional. En 1764 el mundo era completamente diferente al de nuestros días: por poner algunos ejemplos, no había declarado su independencia Estados Unidos, hoy primera potencia mundial; no se había producido la Revolución Francesa, clave en la modernización política occidental; y ni siquiera había 1.000 millones de seres humanos sobre la Tierra, cuando hoy la humanidad está formada por más de 7.400 millones de personas con sus numerosas y ricas interacciones económicas, culturales y sociales.

Empero, a pesar de esas grandes diferencias que muestran los enormes cambios de estos siglos, Artigas fijó los principios políticos fundamentales que quedaron marcados en el colectivo nacional desde los tempranos tiempos de la Patria Vieja. El principal de los cuales es, sin duda, la legitimidad democrática que debe investir la autoridad política para gobernar el país, con aquello de que "mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana". Por eso es que esta fecha es tan importante para Uruguay. No lo olvidemos.

Big Grin Big Grin Big Grin
 
"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".
 
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#3
[Imagen: artigas.jpg]

http://www.artigas.org.uy/index.html

Figura prócer, por excelencia, de la Historia Nacional, Primer Jefe de los Orientales y primer estadista de la Revolución del Río de la Plata, según acertadamente se le ha llamado.
Nacido el 19 de junio de 1764, hijo de Martín José Artigas y Francisca Antonia Arnal, según la partida que luce al folio 209 del Libro Primero de Bautismos de la Catedral de Montevideo, su abuelo, Juan Antonio Artigas, había sido uno de los primeros pobladores de la Ciudad.

No dice el asiento parroquial que haya visto luz en Montevideo, lo cual plantea discusión sobre el sitio de su cuna, pero nada permite, creer que haya nacido en la Villa del Sauce, localidad del departamento de Canelones.
La considerable distancia de esta población, los pésimos caminos y la estación invernal, parecen excluir la posibilidad de un viaje, sin objeto, con una criatura de tres días, puesto que se le impuso "Oleo y Chrisma" el 21 de junio.
Concurrente cuando niño al Colegio Franciscano, recibió la mediocre enseñanza de la época, y hecho mocito, pasó durante su juventud a ocuparse en faenas rurales en la campaña despoblada, donde las autoridades, poco más de nominales, eran incapaces de tener a raya al gauchaje levantisco, y de contener los avances y tropelías de los grupos de indios charrúas y minuanos, más numerosos, pero no peores, que los contrabandistas portugueses que infectaban la zona.
La que podría llamarse carrera de armas de José Artigas, principia el día 10 de marzo de 1797, cuando ingresó en el Cuerpo de Blandengues, unidad militar cuyas funciones eran, en lo principal, funciones de policía y vigilancia.

De entrada tuvo a su cargo una partida recorredora de los campos, y ascendió sucesivamente a ayudante mayor de milicias de caballería y luego a capitán, hasta que el 3 de setiembre de 1810 recibió el mando de una compañía veterana de Blandengues de la Frontera.
Su actividad continua en el servicio era prenda de orden para los estancieros y pobladores de la campana, y garantía cierta de vidas y haciendas.

En esa carrera, donde comprendió la esencia de la realidad popular que debía imponer las directivas a su obra de hombre público, tuvo ocasión de convivir, casi un año, en íntimo contacto con Félix de Azara, sabio naturalista español y hombre de profundos y variados conocimientos, cuyas ideas en materia económico - social Artigas asimiló indudablemente, pues aparecen más tarde en varias de sus concepciones de hombre de gobierno.

Azara, en los años 1801 - 1802, desempeñaba funciones oficiales como encargado de límites en la frontera con Portugal.
Las autoridades superiores de la colonia, por su lado, compartían el buen concepto general sobre Artigas y existen múltiples e inequívocas pruebas de la confianza y consideración que, de Gobernador abajo, mereció de los funcionarios españoles.
Querido y respetado por la gente de campo, su valor y sus condiciones de soldado se hacían presentes, de modo natural, sobre el elemento criollo, que penetraba bien el sentido de justicia equitativa y tolerante, característica, del Capitán de Blandengues.

A la hora de las invasiones inglesas marchó a combatir contra los extranjeros "herejes", y el día en que Montevideo fue tomada por ellos (3 de febrero de 1807) dirigiose al campo con el propósito de organizar fuerzas que resistieran en el interior.
Sobre un primer plantel de trescientos hombres, reclutado con la cooperación del saladerista Secco, agrupando los peones de las estancias y los paisanos que acudían a ponerse a sus órdenes, prestamente tuvo Artigas elementos de fuerza y, sobre todo, posibilidad de movilizarlos y ponerlos en acción por la buena calidad y abundancia de los montados.
Pero no fue preciso llegar a la lucha, pues los ingleses evacuaron el Río de la Plata, en derrota, y el señorío colonial de España pudo reanudar su marcha con la misma lamentable torpeza y cortas miras de un régimen anquilosado, en disolución espontánea.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#4
INTRODUCCION A SU VIDA Y OBRA
Desde 1764 hasta 1810

http://www.artigas.org.uy/fichas/artigas...ro_01.html

Figura prócer, por excelencia, de la Historia Nacional, Primer Jefe de los Orientales y primer estadista de la Revolución del Río de la Plata, según acertadamente se le ha llamado.
Nacido el 19 de junio de 1764, hijo de Martín José Artigas y Francisca Antonia Arnal, según la partida que luce al folio 209 del Libro Primero de Bautismos de la Catedral de Montevideo, su abuelo, Juan Antonio Artigas, había sido uno de los primeros pobladores de la Ciudad.

No dice el asiento parroquial que haya visto luz en Montevideo, lo cual plantea discusión sobre el sitio de su cuna, pero nada permite, creer que haya nacido en la Villa del Sauce, localidad del departamento de Canelones.
La considerable distancia de esta población, los pésimos caminos y la estación invernal, parecen excluir la posibilidad de un viaje, sin objeto, con una criatura de tres días, puesto que se le impuso "Oleo y Chrisma" el 21 de junio.
Concurrente cuando niño al Colegio Franciscano, recibió la mediocre enseñanza de la época, y hecho mocito, pasó durante su juventud a ocuparse en faenas rurales en la campaña despoblada, donde las autoridades, poco más de nominales, eran incapaces de tener a raya al gauchaje levantisco, y de contener los avances y tropelías de los grupos de indios charrúas y minuanos, más numerosos, pero no peores, que los contrabandistas portugueses que infectaban la zona.
La que podría llamarse carrera de armas de José Artigas, principia el día 10 de marzo de 1797, cuando ingresó en el Cuerpo de Blandengues, unidad militar cuyas funciones eran, en lo principal, funciones de policía y vigilancia.

[Imagen: 260px-1724blandengue01.jpg]
Blandengues de la Frontera de Montevideo


De entrada tuvo a su cargo una partida recorredora de los campos, y ascendió sucesivamente a ayudante mayor de milicias de caballería y luego a capitán, hasta que el 3 de setiembre de 1810 recibió el mando de una compañía veterana de Blandengues de la Frontera.
Su actividad continua en el servicio era prenda de orden para los estancieros y pobladores de la campana, y garantía cierta de vidas y haciendas.

En esa carrera, donde comprendió la esencia de la realidad popular que debía imponer las directivas a su obra de hombre público, tuvo ocasión de convivir, casi un año, en íntimo contacto con Félix de Azara, sabio naturalista español y hombre de profundos y variados conocimientos, cuyas ideas en materia económico - social Artigas asimiló indudablemente, pues aparecen más tarde en varias de sus concepciones de hombre de gobierno.

Azara, en los años 1801 - 1802, desempeñaba funciones oficiales como encargado de límites en la frontera con Portugal.
Las autoridades superiores de la colonia, por su lado, compartían el buen concepto general sobre Artigas y existen múltiples e inequívocas pruebas de la confianza y consideración que, de Gobernador abajo, mereció de los funcionarios españoles.
Querido y respetado por la gente de campo, su valor y sus condiciones de soldado se hacían presentes, de modo natural, sobre el elemento criollo, que penetraba bien el sentido de justicia equitativa y tolerante, característica, del Capitán de Blandengues.
A la hora de las invasiones inglesas marchó a combatir contra los extranjeros "herejes", y el día en que Montevideo fue tomada por ellos (3 de febrero de 1807) dirigiose al campo con el propósito de organizar fuerzas que resistieran en el interior.

Sobre un primer plantel de trescientos hombres, reclutado con la cooperación del saladerista Secco, agrupando los peones de las estancias y los paisanos que acudían a ponerse a sus órdenes, prestamente tuvo Artigas elementos de fuerza y, sobre todo, posibilidad de movilizarlos y ponerlos en acción por la buena calidad y abundancia de los montados.
Pero no fue preciso llegar a la lucha, pues los ingleses evacuaron el Río de la Plata, en derrota, y el señorío colonial de España pudo reanudar su marcha con la misma lamentable torpeza y cortas miras de un régimen anquilosado, en disolución espontánea.
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#5
ARTIGAS EN SU JUVENTUD
Consagración a las faenas rurales

No queriendo abrazar la carrera eclesiástica, puesto que su ardiente espíritu no se avenía con la vida contemplativa ni con la inacción física, abandonó los estudios que cursaba en el colegio regenteado en Montevideo por los conventuales de San Francisco, único establecimiento particular de enseñanza de primeras letras que funcionaba entonces en la metrópoli uruguaya.

[Imagen: artigas_1.jpg]


El cerebro juvenil de Artigas no se había contaminado con las ideas suicidas de los que únicamente piensan en la holgazanería, en las diversiones, en el juego o en cosas fútiles, cuando no perjudiciales a la salud física y moral del ser humano. Quería hacerse hombre, moldeado en el yunque del trabajo, para poder abrirse paso por sus solos esfuerzos en el árido sendero de la vida, a pesar de que le hubiera sido cosa fácil llevar una existencia regalada, sin el menor sacrificio ni sinsabores, al calor del lar doméstico.

La vida de portones adentro, era sencilla y monótona: funciones religiosas, corridas de toros, revistas militar; saraos, de vez en cuando, honrados por la presencia del gobernador, don Joaquín del Pino, futuro virrey del Plata; paseos por las murallas o las costas. Las puertas de la ciudad se cerraban al anochecer, y nadie entraba ni salía. Sabemos de él en esa época, de sus aficiones y costumbres. Era afable y atencioso; muy dado a la sociedad; vestía con esmero, a lo cabildante, como entonces se decía, con su coleta y su casaca bordada, o su chaquetilla de alamares o trencilla fina en el pecho, y su pino en la espalda.

Criado, pues, en la más refinada cultura y relacionado con lo mejor entre los de su edad, pudo haber permanecido en la ciudad nativa, buscando en ella alguna ocupación digna de los de su estirpe, pero amaba la libertad y sentía ansias de respirar a pulmones llenos el aire puro del campo, del que ya había disfrutado, aunque por corto tiempo, en distintas oportunidades, familiarizándose con el caballo, y en 1784 optó por consagrarse a las faenas rurales, tomando como base de ese género de actividades las estancias que su señor padre tenía en Casupá, en Chamizo y en el Sauce, pues éste defirió gustoso a sus deseos.

[Imagen: C2D.jpg?3157]
Casa solariega de los Artigas en el Sauce

Desde un principio demostró gran destreza y plausible celo en el desempeño de tan arduas tareas, captándose a la vez las simpatías generales y la confianza ilimitada de su venerable progenitor, persona bien vista y expectable, puesto que fue uno de los más distinguidos miembros del Cabildo, habiendo ejercido en él las funciones de Alguacil Mayor, en 1758; las de Alcalde de Hermandad, en 1761; las de Alcalde Provincial, en 1765, en 1774, en 1781 y en 1792; las de Alférez Real, en 1768 y en 1796; y las de Depositario, en 1788, además de llenar cumplidamente varios empleos militares de difícil ejecución.

Inteligente, perspicaz y activo, se adaptó bien pronto a las nuevas costumbres, y nada tuvo que envidiar a los más diestros jinetes y manejadores del lazo y las boleadoras, causando gran admiración entre el paisanaje que un mozalbete de la ciudad,-un pueblero, como ellos decían, - no ha mucho maturrango, pudiera hacerles competencia, sin desmedro para él, en todas las manifestaciones de usanza campestre.

Nadie le sobrepujaba tampoco como madrugador, ni a soportar pacientemente las rudezas de todas las estaciones, pues no se quejó jamás de los efectos del frío, aunque atravesara sobre escarchas y lo empapasen las heladas, ni de los rayos ardientes del sol.
Años después, habituado ya, como decimos, a aquel ambiente, y maestro en el arte de las lidias en que hizo sin aprendizaje en el último tercio de su vigorosa adolescencia, emprendió por su sola cuenta la compra y matanza de haciendas, con distintos objetos, principalmente para negociar en gran escala el corambre, además de las astas y la crin, por cuya adquisición se interesaban los acaparadores europeos, aprovechando su excesiva baratura, pero que él enviaba a la barraca de su señor padre, don Martín José Artigas, instalada en una de las esquinas de las calles San Luis y San Antonio, en calidad de depósito y para que este realizase su venta en la debida oportunidad.

Los ganaderos tuvieron en él, desde entonces, un poderoso apoyo, pues utilizando la peonada de que disponía para las frecuentes recorridas que efectuaba, a veces hasta las Misiones, en procura de los animales necesarios para el mayor fomento y éxito de su empresa, y auxiliado por elementos voluntarios o proporcionados por los criadores más diligentes, perseguía con temerario arrojo y sin darles tregua, a los contrabandistas portugueses, que campaban por sus respetos en las dilatadas zonas de la campaña.

Batió, igualmente, sin descanso al vandalaje, que cometía depredaciones escapadas a toda previsión de los damnificados, y puso freno, en lo posible, a las irrupciones maléficas de los indígenas, que sembraban también el terror y que a cada instante ponían en peligro los bienes y la vida de aquellos honestos impulsores del progreso pecuario nacional, entonces en verdadero embrión.

Contaba, sin embargo, con el asentimiento y el aplauso de los Cabildos respectivos, que le consideraban en tales circunstancias como un colaborador inapreciable en pro del orden público y de las garantías individuales.
No era nada anormal en aquellos tiempos que los ganaderos salieran de vez en cuando, con permiso de los gobernadores, al frente de partidas reclutadas entre sus hijos, vecinos, peones y esclavos, a ahuyentar a los ladrones que merodeaban por los aledaños de la estancia, o a escarmentar en sus guaridas a los bandoleros más temibles, bien así como lo hacían con los indios de la frontera los arrogantes plantadores de Maryland, Virginia y las Carolinas, en la gran República del Norte.
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#6
Perdon por la intromision, encontre este video, tecnicamente no es bueno pero es interesante ver las raices de nuestro general.





Big Grin Big Grin Big Grin
 
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#7
ARTIGAS EN SU JUVENTUD
El establecimiento de Chantre


Arrojado, honesto y laborioso como el que más, llegó su justa fama a oídos de un fuerte ganadero del Queguay, entonces y actualmente jurisdicción de Paysandú, quien pensó en él para confiarle la dirección de los negocios similares que allí explotaba en gran escala, pues consistía en la matanza de sus numerosas haciendas chúcaras, y en el acarreo de ganados, a fin de sacar de ellos el mayor provecho, entrando el corambre como un renglón importante.

Chantre -que así se apellidaba el propietario a que aludimos- vio triplicar bien pronto sus ganancias, pues era ese el hombre que necesitaba, para cimentar su bienestar, sin quebranto ni inquietudes insalvables.
Los charrúas, que merodeaban por esas inmediaciones, sabedores de que tendrían que vérselas con un enemigo terrible e implacable, lejos de hostilizarlo con malones en las estancias a su cargo, procuraron su amistad desde el primer momento y prometieron observar una conducta respetuosa. Su nombre alcanzó allí mayor popularidad, siendo objeto de la admiración y estima de los buenos, a la vez que del terror de los vagabundos y dañinos.

En la volteada* de las haciendas de Chantre, se empleaba numerosa gente avezada en las faenas rurales. Pues bien: aquel rudo v esforzado paisanaje se demostró siempre sumiso y dispuesto a hacer su voluntad, no sólo por la energía de su espíritu, cuando el caso lo demandaba, sino también porque les daba el buen ejemplo en el trabajo, allanándose a todo como ellos, y por la rectitud de sus procederes, puesto que se mostró siempre justiciero y afable con quienes lo merecían.
Su acción contra el cuatreraje no podía extenderse, sin embargo, esta vez, fuera del radio en que tenía que actuar, puesto que lo procedía ya de motu propio.

Por eso no estaban aseguradas sino las propiedades y la tranquilidad del vecindario hasta una circunscripción relativamente limitada, dado que la vigilancia de los celadores oficiales era en extremo deficiente, tanto por el escaso número de éstos como por lo casi desierto de la campana y el conocimiento que de ella tenían sus elementos perturbadores.
No hubiera sido racional, por lo demás, que abandonase sus primordiales deberes y la defensa de los intereses confiados a su salvaguardia para dedicarse más de lleno a cometidos extraños a los mismos, a pesar del altruismo de que se hallaba poseído su férreo espíritu.

Desde 1792 a 1796 se habían exportado 3.790.585 cueros vacunos y 78.800 caballares del Río de la Plata, empleándose en su conducción 268 buques, y la demanda se hacía cada vez mayor. Por eso Chantre y los ganaderos que se dedicaban al mismo trabajo, se afanaban por aumentar las matanzas y por librarse del pillaje rural y de los contrabandistas.
Durante esos años ascendió a 7.897.968 pesos el valor de la importación y exportación.
El Teniente General don Nicolás de Arredondo, que en su carácter de cuarto virrey del Río de la Plata reemplazó en el gobierno, el 4 de diciembre de 1789 al marqués de Loreto, don Nicolás Cristóbal del Campo fue el impulsor de ese movimiento comercial.

Era de carácter suave y de tendencias progresistas, y a él le cupo la suerte de dar cumplimiento a la Real Cédula de 1791, por la cual se concedía a los buques que introdujesen negros de Africa llevar, en retorno, frutos del país. Los comerciantes monopolistas se opusieron a la ejecución de esta resolución del soberano tal cual la entendió dicho virrey. Aquellos sostenían que los cueros no eran frutos del país, y que, por consiguiente, debía prohibirse su exportación. Arredondo decidió en contra de semejantes pretensiones.

Desde entonces comenzó a enriquecerse la campaña del litoral.
Entre los vecinos más próximos al establecimiento de Chantre, se encontraba don Isidro Pérez, poblador de esos parajes desde 1793, padre de don Andrés Pérez, que le sucedió en la posesión de esos campos, y por cuya causa lleva su nombre y apellido uno de los más importantes pasos del Queguay. Dicho paso se halla ubicado a dos kilómetros al Este de la barra del arroyo Santa Ana.
Los charrúas mansos que concurrían a la estancia de Pérez se hacían lenguas, como se dice vulgarmente, de la fama de Artigas, recordando que si bien los trataba con dureza cuando cometían depredaciones, les ofrecía, en cambio, caballos y ganado vacuno siempre que se comprometían a no llevar malones a ningún establecimiento de campo o comercial de aquellos lugares, pues él no perdonaba la comisión de tales hechos.

Los caciques, decían, no se conformaban comúnmente con esas promesas y obsequios, alegando que aun cuando las haciendas no les perteneciesen, por haber sido ellas introducidas por los españoles, las tierras en que yacían eran de la exclusiva propiedad de los aborígenes y les habían sido arrebatadas por medio de la fuerza, pero contemporizaban, en lo posible ante su bondad, mezclada de bravura, para evitar encuentros inútiles y perjudiciales.
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#8
INCORPORACION A LA REVOLUCION LIBERTADORA
Los sucesos de mayo de 1810

[Imagen: casona-artigas.jpg]

Los sucesos de mayo de 1810 habían encontrado al Ayudante Mayor de Blandengues don José Artigas en las inmediaciones de Santa Ana (actual Ciudad de Rivera). Se le ubica en Tacuarembó por junio y por Colonia en agosto.
Su Comandante, don Cayetano Ramírez de Arellano lo propone para el grado de Capitán de la Tercera Compañía de su Regimiento de Blandengues, grado que obtiene en el mes de setiembre. Es el premio de más de diez años de sacrificios en la campaña.

Como él decía a su suegra, doña Francisca Artigas de Villagrán, en 1809 cuando él le escribe desde el Paso de Polanco:
"Mi más venerada Señora:"
"Aquí estamos pasando trabajos, siempre a caballo, para garantir a los vecinos de los malevos. Siento en el alma el estado de mi querida Rafaela. Venda usted cuanto tenga para asistirla, que es lo primero y atender a mi querido José María, que para eso he trabajado."

Su persona no había sido ajena a los ojos de la Junta de Mayo, la que en su "Plan de operaciones para consolidar la grande obra de nuestra libertad e independencia" (agosto de 1810), previendo su próxima incorporación, expresa:
"Sería muy del caso atraerse a dos sujetos por cualquier interés y promesas, así por sus conocimientos, que nos consta son muy extensos en la campana, como por sus talentos, opiniones, concepto y respeto; como son los del Capitán de Dragones don José Rondeau y los del Capitán de Blandengues don José Artigas; quienes, puesta la campaña en este tono y concediéndoles facultades amplias, concesiones, gracias y prerrogativas, harán en poco tiempo progresos tan rápidos, que antes de seis meses podría tratarse de formalizar el sitio de la plaza, pues al presente para emprender estas ideas, no deben hacerse con una fuerza armada, por lo que puede argüir la maldad de algunos genios, cuando esta empresa no ofrece ningún riesgo y nos consta muy bien que las fuerzas de Montevideo no pasan de ochocientos hombres y que todavía allí no se han tomado providencias para armar a sus habitantes y que su gobernador es tan inepto que ni aun es para gobernarse a sí mismo."

"Las cosas presentan ya ocasiones que no deben desperdiciarse, mandando inmediatamente a los pueblos del Uruguay y demás principales de la campaña, una fuerza de quinientos a seiscientos hombres con oficiales, sargentos, cabos y demás, para que sirviendo de apoyo, se vayan organizando en los mismos pueblos algunos escuadrones de caballería y cuerpos de infantería, teniéndose presente el haberse atraído ya a nuestro partido y honrándolos con los primeros cargos, a Baldenegro, a Baltasar Vargas, o a los hermanos y primos de Artigas, a Benavides, a Vázquez, de San José y a Baltasar Ojeda, etc."

"Ya en este caso, ninguno podrá ser más útil, para los adelantamientos de esta empresa, que don José Rondeau, por sus conocimientos militares adquiridos en Europa, como por las demás circunstancias expresadas para general en jefe de toda la infantería. Para la caballería, don José Artigas, por las mismas circunstancias que obtiene con relación a la campaña. Verificándose estas ideas, luego inmediatamente debe mandarse de esta capital (Buenos Aires) el número de tres a cuatro mil hombres de tropa arreglada, con la correspondiente plana mayor de oficiales, para el ejército, de más conocimientos, talentos y adhesión a la Patria, con el plan de combinaciones y operaciones militares que deben observar, con las amplias facultades de obrar en todo lo demás, según les pareciese más adecuado a sus conocimientos y circunstancias."

Estos dos jefes habían servido en el Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo desde su creación en 1797. Rondeau nació en Buenos Aires pero vivió desde sus primeros años en la Banda Oriental.
A fines de 1810, el Capitán Artigas al servicio de Montevideo, marcha hacia el Arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay) donde la Historia lo ubica por la campaña de Entre Ríos siempre en protección de los desamparados.

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