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La historia torcida
Tengo entendido que los militares no están comprendidos en la Amnistía de 1985. Se les propuso incluirlos y no quisieron los mandos del momento.
Por eso la "Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado".
 
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Puede ser, no tengo tan buena memoria . . . .
 
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Hoy falleció el Cnel ® Don Juan Carlos Gomez Boscetti, digno oficial del arma de caballería, en la Escuela Militar fue el abanderado de nuestra querida institución, fue primero en su promoción la "Gral. Melchor Pacheco y Obes" del año 1956.
Era hijo de otro oficial de caballería, el Cnel Don Andrés Gómez Lacerbó de destacada actuación en el Comando Militar de Emergencia creado para lidiar con los efectos de la inundación de 1959 en la ciudad de Paso de los Toros.
Si leyeron hasta aquí, se preguntarán porque de este post.

Bueno, el señor coronel Don Juan C. Gómez fue condenado por la justicia por su supuesta participación en la tortura, asesinato y desaparición  de un sedicioso en Paso de los Toros.
La única prueba en su contra fue la declaración de otro sedicioso prisonero en la misma unidad en Montevideo que aseguró que un oficial de ojos celestes había torturado, arrancado los testículos y asesinado a su compañero cuyo cuerpo apareció tiempo después en el lago de la represa de Rincón del Bonete.
De nada valió el testimonio del Sr Cnel sobre su inocencia, los testigos y documentos que confirmaban que el Cnel. Gómez revistaba en el Comando de la DEIII entonces en Paso de los Toros y no en Montevideo.
Invirtiendo la carga de la prueba debió demostrar que era inocente, pero no le sirvió de nada, el hecho de tener ojos celestes y la declaración de alguien que dijo reconocerlo mas de 40 años después sirvió para condenarlo.
Tampoco que cuando apareció el cuerpo meses despues de su muerte este no presentaba mutilaciones alguna.
Así este digno coronel debió padecer tres años y medios de injusto cautiverio hasta que un tribunal de apelaciones lo declaró inocente.
Ni la fiscal ni el falso testimonio del otro sediciosos fueron castigados por la justicia en un claro ejemplo de lo que venimos denunciando desde hace años, la instauración de un derecho penal para el enemigo con el que todo vale para enviar viejos soldados a la carcel.

Descanse ahora en paz mi coronel, mañana en el panteón del Ejército Nacional,  el cuerpo de oficiales en actividad y retiro de su ejército le rendirá honores. 
 
"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".
 
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Las victimas olvidadas por el Estado, ellos y sus familiares

[Imagen: FTE8JT2WQAEkn4s?format=jpg&name=900x900]
 
"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".
 
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A continuación se transcribe completo el capítulo sobre "Gutiérrez Ruiz y los lingotes" incluido en el informe de Búsqueda del 21.09.06

 
Publicado el lunes 9 de octubre del 2006 a las 19:52 hs


En agosto de 1997, Marcos Gutiérrez, uno de los hijos de Héctor Gutiérrez Ruiz, le contó en Búsqueda al periodista César di Candia todo lo que sabía acerca de la relación de su padre con los tupamaros, que habían robado lingotes de oro a la familia Mailhos, en el marco de una acción guerrillera.
Según Marcos Gutiérrez, su padre mantuvo conversaciones con los Jefes tupamaros mientras éstos estaban actuando en la clandestinidad y luego fue secuestrado por un comando del MLN. El diario blanco "El Debate", que era dirigido por Gutiérrez Ruiz, "tenía un desfinanciamiento grande y los tupamaros que se habían robado el oro de Mailhos tenían dificultades lógicas para convertir ese dinero".


"Hasta donde yo sé, hubo un acuerdo político por el cual mi padre les consiguió un contacto para poder vender uno o más lingotes y a cambio de eso el MLN financió un tiempo 'El Debate", relató Marcos Gutiérrez.
El hijo de Gutiérrez Ruiz, un profesor de Historia que falleció a los 37 años de edad a fines de octubre del 2000 a raíz de un accidente, incluso narró a Di Candia un par de anécdotas sobre los problemas que su padre tuvo como consecuencia de haber estado en posesión de los lingotes hurtados por los tupamaros. "Una de las veces que papá anduvo con los lingotes encima, salía de la Ciudad Vieja con un gran amigo cuyo nombre me reservo dadas las circunstancias históricas, cuando se topó con la gente de la Armada que había armado una "pinza" en determinadas calles y revisaba a todos los que pasaban por allí", dijo. "En ese momento los controles eran muy rigurosos y nadie se zafaba. ¿Te das cuenta lo que podría haber pasado si sorprendían al Presidente de la Cámara con los lingotes en su portafolios?", preguntó Gutiérrez. 


Y prosiguió: "Lo concreto es que papá se enfrentó al Oficial y le dijo quién era. El dialogado fue muy duro porque la persona que estaba a cargo del operativo no quería hacer excepciones. Finalmente mi padre pudo mostrarle su carné de representante nacional y tanto él como su amigo lograron pasar, imagino que sudando la gota gorda".
Gutiérrez Ruiz protagonizó otro episodio tragicómico a raíz de su relación comercial con los tupamaros. "


También tuvo lugar con otro lingote. Los tupamaros le pasaron el dato acerca de dónde había que ir a buscarlo y fue con este mismo amigo", relató Marcos Gutiérrez. "El lugar era insólito: una casa pobre en un barrio apartado. Llegaron, tocaron el timbre y salió una típica ama de casa uruguaya, gorda y retacona. Papá le dijo quién era y le dio el nombre, en clave supongo, de las personas que lo habían enviado a buscar el tesoro. Ante su asombro, la señora desde la puerta de su casa y sin la menor discreción les gritó: "¡Ah, ustedes son los que vienen a llevarse el lingote! ¡Vengan conmigo, pasen por acá! ¡Lo tengo enterrado en el fondo!" Todo esto dicho en medio de un estado de inconsciencia absolutamente angelical. 

Fueron hasta el fondo y ella con una pala hizo un pocito no demasiado profundo, sacó el lingote y se lo dio a mi padre. "Acá tiene, don. Le deseo buena suerte". Ni siquiera le puso un papel para disimularlo, se lo entregó así nomás en la mano. Tan fuera de lo esperado fue el asunto, que papá y su amigo tuvieron que ir a la esquina y comprar unos diarios del día para envolverlo".
Gutiérrez relató que "se llevaron aquel socotroco pesadísimo", pero adelantó que "lo mejor sucedió unos días después".


"Antes de que se le encontrara forma de colocar, los tupamaros le avisaron a mi padre que tenían un comprador y que debía devolvérselos. El día en que debía hacerlo, el mismo amigo de antes y él venían con el lingote de oro en el auto por la rambla y al subir por esa calle donde hoy está la Facultad de Economía, en el cruce con Gonzalo Ramírez, chocaron espectacularmente y el coche se dio varias vueltas. 


El amigo de mi padre quedó medio atolondrado y cuando se repuso, se dio cuenta de la gravedad de la situación. Tomó el portafolios y sin soltarlo, no fuera cosa que alguien se lo llevara, trató con la mano libre de sacar a papá que era tres veces más grande que él, de adentro del auto.

Mi viejo estaba inconsciente, así que lo reanimaron en un boliche con un par de grapas y un café fuerte. Se había quebrado la clavícula, pero no bien volvió del desmayo le dijo a su amigo que desapareciera de inmediato con el lingote y lo entregara en Rivera y Soca, en una dirección que ellos dos sabían", dijo. Pero, añadió, "esta persona llamó a otro amigo y le dijo que se viniera de inmediato al lugar del choque con un portafolios vacío de color negro. Y así sucedió: el primer amigo se fue con el lingote y el segundo lo sustituyó".
 
"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".
 
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