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Batalla del Rio de la Plata, diciembre de 1939
#11
[Imagen: crucuruguay.jpg]

El Crucero Uruguay y la Batalla del Río de la Plata.

El 13 de diciembre de 1939, mientras realizaba un viaje de instrucción con alumnos de la Escuela Naval, el Crucero torpedero “Uruguay” presencia el combate entre el acorazado Graff Spee y los cruceros de la comunidad Británica Ajax, Exeter y Achiles (Batalla del Río de la Plata). 

Su Comandante Capitán de Navío Fernando Fuentes, en base a estas observaciones, y de que parte del combate se desarrollaba en aguas jurisdiccionales uruguayas enfilo a interceptar a los beligerantes por lo que a las 19:00 mientras el Graf Spee se encontraba a 12 millas de Punta del Este, y el Ajax a 18 millas al sur de José Ignacio hizo que sonaran nuevamente las alarma en el Graf Spee, ésta vez se trataba del crucero de guerra uruguayo "Uruguay" que salió al cruce del Graf Spee para impedirle que navegase entre la Isla de Lobos y la costa, además de ubicarse entre el Graf Spee y los cruceros británicos para que no se adentraran en la costa uruguaya en una acción muy temeraria casi suicida ya que cualquiera de los navíos superaba en poder de fuego al viejo Crucero de bandera nacional, acción esta que más tarde el propio capitán alemán Langsdorff declararía su admiración por el Capitán Fuentes del crucero (Uruguay) que a pesar de ver el conflicto y el poderí­o de las naves implicadas , con valentía­ se interpuso para proteger los derechos uruguayos en un decidido acto de ejercicio de la soberanía nacional.

El “Uruguay” se mantuvo vigilante hasta ver que el Graf Spee ingresara a la Bahí­a de Montevideo y además se ordenó doble vigilancia para la búsqueda de posibles náufragos. Más tarde amarró cerca de Isla de Flores y partió al amanecer del dí­a siguiente rumbo hacia el Este nuevamente para controlar que los barcos que quedaron en la zona estuvieran fuera de aguas jurisdiccionales.


Días después cuando el acorazado alemán saliera de puerta a enfrentar su destino nuevamente el Crucero Uruguay estaba esperándolo para escoltarlo fuera de aguas jurisdiccionales acto que no fuera necesario ya que el capitán alemán ordenaría volar su propia nave al ser evacuado toda su tripulación...



[Imagen: Montevideo1908x500.jpg]
Crucero Torpedero ROU Uruguay
(1910 - 1951)

Caracteristicas:
Desplazamiento 1176 toneladas
Eslora 85 metros
Manga 9,75 metros
Calada 3,15 metros
Blindaje máximo 25 mm
Armamento:
2 cañones de 120 mm
4 cañones de 75 mm
6 cañones de 37 mm
6 ametralladora de 7 mm
2 tubos lanzatorpedos de 450 mm
Propulsión
2 maquinas a vapor alternativa de triple expansión,
4 calderas, que le confería una potencia máxima de 8000 hp 2 Hélices
Velocidad máxima 23 nudos
Autonomia maxima de 3000 millas
Capacidad máxima de 210 toneladas de carbón
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#12
Día 1
Aniversario del Graf Spee, : una cruenta batalla naval estremece a Punta del Este
El acorazado alemán Admiral Graf Spee se enfrentó con los cruceros británicos Exeter, Ajax y Achilles; por la noche el Spee entró al puerto de Montevideo.

LUIS PRATS
Viernes, 13 Diciembre 2019 04:00
[Imagen: 5df29d022af41.jpeg]Una recreación de la batalla en la que participó el Graf Spee frente a la costa uruguaya. Foto: Archivo El País


A las 6:17 de hoy, miércoles 13 de diciembre de 1939, un cañoñazo surcó el cielo diáfano de estas vísperas del verano, a 280 millas náuticas de Punta del Este. Y ese estrépito colocó a Uruguay en el mapa de la guerra que sacude al mundo.

Media hora después del amanecer, el vigía del buque alemán Admiral Graf Spee divisó las siluetas de tres navíos de guerra. El capitán Hans Langsdorff interpretó que escoltaban un convoy comercial, por lo cual decidió atacar.

Se trataba de tres cruceros, el Exeter, el Ajax y el Achilles, parte de un grupo de 23 barcos encomendados por el Almirantazgo británico precisamente para dar caza al Graf Spee.

Los cruceros respondieron de inmediato y se desplegaron para obligar a su enemigo a dividir el fuego.

Se generó entonces una intensa batalla, que dejó más de un centenar de muertos entre ambos bandos, 68 en las naves aliadas (casi todos en el Exeter), 36 en la alemana, además de numerosos heridos. Uno de estos, el propio Langsdorff.

Los contendientes.
El Admiral Graf Spee, conocido como “acorazado de bolsillo” debido a sus dimensiones que siguen las restricciones impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles tras la Gran Guerra (1914-1918), es sin embargo un barco con avanzadas innovaciones.

Su nombre recuerda al vicealmirante Maximilian von Spee, que murió junto a dos hijos en la batalla de las Malvinas, de la cual se cumplieron 25 años la semana pasada.

El estallido de la guerra, el 1 de septiembre de 1939 con la invasión nazi a Polonia, encontró al Graf Spee en alta mar, ya en su misión de capturar y hundir barcos de transporte enemigos, aunque la orden del régimen de Adolf Hitler era evitar entrar en combate con naves de guerra.

Desde el 30 de septiembre pasado, su audaz derrotero de moderno corsario por el hemisferio sur determinó el hundimiento de nueve mercantes. El primero en irse a pique fue el Clement, próximo la ciudad brasileña de Pernambuco. Los últimos fueron el Doric Star el 2 de diciembre, el Tairoa el día 5 y el Streonhalh el 7, en diversos puntos cercanos a África del Sur.
Pese a esa destrucción, el capitán Langsdorff siempre respetó las vidas de los tripulantes de los barcos hundidos, tal como lo prescriben las normas de la guerra naval. Muchos de ellos fueron trasladados al buque de aprovisionamiento Altmark, con el cual se encontraba periódicamente para recargar combustible y vituallas; otros están a bordo del propio Spee.

El Almirantazgo británico destinó 23 buques a la caza del Graf Spee: catorce cruceros, cinco portaviones y cuatro acorazados, divididos en nueve grupos. Uno de ellos, identificado como Fuerza G y al mando del comodoro Henry Harwood, está integrado por los cruceros livianos Ajax (inglés) y Achilles (neocelandés) y el crucero pesado Exeter (inglés). Una cuarta unidad, el crucero pesado Cumberland, se encuentra en las islas Malvinas para reparaciones.

Los primeros despachos que transmitieron hoy las agencias de noticias daban cuenta que el barco alemán que participaba en la batalla era el Admiral Scheer, un gemelo del Spee, pero finalmente se confirmó que se trataba del acorazado al mando de Langsdorff.

Debe anotarse que como “buque fantasma”, el Spee suele utilizar varios trucos, como llevar olas pintadas en el casco para simular que navega a mayor velocidad, añadir chimeneas falsas para camuflarse o izar banderas de otras naciones como engaño.

Sin embargo, los alemanes no pudieron utilizar el hidroavión del Spee, declarado fuera de servicio justamente ayer por averías sufridas debido a que su diseño se reveló inadecuado para las operaciones en alta mar. El avión le hubiera resultado útil para las maniobras de exploración antes del combate.


[Imagen: 5df2a2516a303.jpeg]
El barco alemán Admiral Graf Spee. Foto: Archivo El País.

La batalla.
Luego de sus últimos ataques a mercantes, la idea de Langsdorff era regresar a Alemania para que su barco recibiera mantenimiento, pero la posibilidad de golpear al enemigo a las puertas del Río de la Plata, escenario de un intenso tráfico comercial con Gran Bretaña, le hizo cambiar de idea y contrariar las órdenes de Berlín.

Después del primer disparo lanzado desde el Graf Spee, el combate se volvió despiadado. El buque alemán concentró su poder de fuego contra el Exeter, el más poderoso de sus adversarios, disparando proyectiles que pesan más de 300 kilogramos.

El Achilles y el Ajax eran más rápidos que el Spee, pero este dispuso del mayor alcance y calibre de sus cañones (entre ellos, seis de 280 mm y ocho de 150 mm).

Los cruceros livianos contraatacaron, colocándose a ambos lados del “acorazado de bolsillo”, logrando acertarle en el casco y la cubierta. De esa forma, aunque este logró provocar graves daños al Exeter, también sufrió averías importantes.

Poco después de las 7.30, el Exeter estaba prácticamente fuera de combate, además de sufrir más de 60 bajas entre muertos y heridos. Harwood dispuso que se retirara a las Malvinas. Al mismo tiempo, el comandante británico solicitó el envío del Cumberland al Río de la Plata.

Langsdorff ordenó luego desplegar una cortina de humo para ocultar su nave, seguramente pensando que los dos barcos enemigos que seguían en combate podían atacarlo con torpedos.

A las siete de la mañana el fuego más intenso cesó. La incógnita que quedó en el aire es por qué Langsdorff no buscó rematar al Exeter.

Después de algunas horas, el Graf Spee se dirigió hacia la costa uruguaya, perseguido por el Achilles y el Ajax. El intercambio de disparos sin embargo continuó.


[Imagen: 5df2a2e36b2ca.jpeg]
La cobertura que El País hizo del combate naval. Foto: Archivo

Al mediodía, el rumor de que frente a Punta del Este estaba librándose un combate naval corrió por los círculos políticos y diplomáticos en la capital uruguaya. El embajador británico, Eugen Millington Drake, se encontraba en la sede del Montevideo Rowing cuando fue alertado por una llamada telefónica, lo que lo llevó a abandonar presuroso el local.

El rumor llegó por supuesto a Punta del Este. Sobre la tarde comenzaron a verse columnas de humo sobre el horizonte, que comenzaron a confirmar la sensacional aunque estremecedora noticia.


El crucero Uruguay.
A las 18.15, el crucero Uruguay de la Armada Nacional, al mando del capitán Fernando Fuentes, avistó al Graf Spee a unas ocho millas del balneario. Quince minutos más tarde, también divisó a los navíos británicos y maniobró para evitar que estos se acercaran a la costa.

Testigos en Punta del Este aseguraron que a esa hora desde la playa podía escucharse el estampido de los cañones. En ese momento, un vapor de pasajeros, que se dirigía de este a oeste, cruzó la zona.

Se indicó también que sobre las siete de la tarde, a unas 12 millas de la costa, el Graf Spee volvió a disparar, con respuesta de sus enemigos.

El navío alemán se dirigió entonces hacia Montevideo, lo cual fue interpretado como la intención de refugiarse en el puerto de un país neutral para realizar reparaciones. Sin embargo, el Ajax y el Achilles no le perdieron la pista.


Último momento: el Graf Spee en el puerto de Montevideo
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A última hora de hoy entró al Puerto de Montevideo el “acorazado de bolsillo” alemán Graf Spee, uno de los protagonistas de la batalla naval registrada horas antes frente a Punta del Este.

El buque llegó al puerto sin aviso previo y ni siquiera utilizó un práctico para ingresar, como es de orden. La navegación por el Río de la Plata fue realizada por oficiales alemanes a bordo del Spee que tenían experiencia en el estuario.

Con el recinto portuario en sombras, apenas un reflector iluminaba hacia el Cerro. En ese marco, la figura del navío del Tercer Reich, pintado de un gris claro, alcanzó un tono espectral cuando ancló en el antepuerto.

Pese a ser conocido como “acorazado de bolsillo”, se trata de una nave de enorme porte: 186 metros de eslora y 21,5 metros de manga. Su desplazamiento oficial, siguiendo las previsiones del Tratado de Versalles, es de 10.000 toneladas, pero se sospecha que en realidad supera las 16.000. Sus torretas con cañones le dan un aspecto amenazador. Se asegura sin embargo que sufrió diversas averías durante el combate.

El guardacosta Juan Antonio Lavalleja se acercó hasta el Graf Spee con el embajador de Alemania en Uruguay, Otto Laumann, a bordo.

Se informó también que los buques Ajax y Achilles esperan a su enemigo en las cercanías del Banco Inglés.

Con el Graf Spee en Montevideo y los barcos británicos frente a la costa uruguaya, las derivaciones de la batalla son imprevisibles.


Día 2: el buque alemán desembarca a sus muertos y heridos
El acorazado del Reich, de avanzada tecnología naval, sufrió diversas averías en la batalla; repercusiones en todo el mundo por el combate en el Río de la Plata


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LUIS PRATS
Sábado, 14 Diciembre 2019 04:00
[Imagen: 5df2b51130ae6.jpeg]Los ataúdes de los marinos del Graf Spee muertos en la batalla poco antes de ser desembarcados en Montevideo. Foto: Archivo El País



La imagen de decenas de féretros cubiertos con la bandera de guerra del Reich sacude a los uruguayos, que recibieron ayer con sorpresa y hasta curiosidad la noticia de un combate naval frente a las costas de Punta del Este.

El ingreso al puerto de Montevideo de uno de los contendientes, el “acorazado de bolsillo” alemán Admiral Graf Spee, fue seguido horas más tarde por el desembarco de los 36 muertos y los 57 heridos en la batalla. Los marinos que perecieron serán sepultados mañana en el Cementerio del Norte. Los heridos más graves fueron trasladados por ambulancias de la Asistencia Pública a los hospitales Militar, Italiano y Pasteur.

Ahora, la intención de los alemanes es reparar los daños sufridos por el buque durante la contienda antes de zarpar nuevamente.

Sin embargo, el embajador alemán en Uruguay, Otto Langmann, recibió al capitán Hans Langsdorff con malas noticias:

-Desearía poder decirles bienvenidos a Uruguay, caballeros, pero ustedes acaban de cometer un grave error al traer su buque aquí buscando ayuda.

Sucede que si bien Uruguay declaró por decreto del 5 de septiembre pasado su neutralidad en la presente guerra, en el país predominan las simpatías hacia Francia y Gran Bretaña. Apenas parte de la pequeña colonia de ascendencia germana, más algunos grupos menores de tendencias fascistas, apoyan al régimen de Hitler.

A las 17 horas desembarcaron los oficiales y la tripulación de los mercantes hundidos por el Spee, que se mantenían allí como prisioneros. Langsdorff les indicó que a partir de ese momento estaban en libertad.

El gobierno uruguayo designó una comisión para inspeccionar los daños y decidir sobre el tiempo que podía permanecer en puerto. La comisión abordó el buque a las 19 y permaneció dos horas. Además, algunas embarcaciones de menor tamaño navegaron a su alrededor: eran curiosos que querían ver de cerca al famoso barco.

Repercusiones en Europa.
La batalla registrada frente a Punta del Este ayer 13 de diciembre fue el tema principal de los periódicos en Europa, así como de declaraciones de los gobiernos británico y alemán.

En Londres, los diarios amanecieron hoy con grandes titulares repitiendo la palabra “Victoria”. “Esto es mejor que hundir al Bremen media docena de veces”, aseguró The Star, en referencia a un transatlántico alemán que sirve de apoyo a la flota de guerra. La Cámara de los Comunes tributó un homenaje a las naves Exeter, Ajax y Achilles y a las tripulaciones que enfrentaron a los alemanes. El informe del primer ministro Neville Chamberlain fue recibido con aplausos en el recinto.

“La forma en que nuestros barcos, pese al menor poder de fuego, atacaron a ese poderosísimo buque y lo obligaron a buscar refugio es digna de las mejores tradiciones de la Armada británica”, comentó el jefe de la oposición, el laborista Clement Attlee.

Mientras tanto, un comunicado oficial del Reich también habla de victoria, pero del Graf Spee, que según el informe presenta “leves averías” en tanto el Exeter sufrió “graves daños”.

El diario Lokal Anzeiger de Berlín denunció que las naves británicas “usaron gas mostaza” contra el Spee. Esta afirmación fue desmentida hoy por autoridades británicas.

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La tripulación del Graf Spee formada en el Puerto de Montevideo. Foto: Archivo El País


Varias interrogantes.
No se ha informado oficialmente hasta cuándo permanecerá el Graf Spee en Montevideo. Un despacho de la agencia UPI indicó hoy que en círculos navales ingleses se estima que el barco podría estar 30 días en Montevideo o “todo el tiempo que dure la guerra”. El embajador británico Eugen Millington Drake reclamó a las autoridades uruguayas que dieran a los alemanes solo 24 horas para efectuar las reparaciones.

La Convención de La Haya estipula que un buque de guerra no tiene derecho a permanecer en un puerto de un país neutral más de 24 horas, salvo excepciones. Y entre esas excepciones figuran precisamente las averías. Pero también se establece que si un mercante de una nación beligerante sale de un puerto neutral, antes de las siguientes 24 horas no puede hacerlo un navío de guerra enemigo. Como la llegada y partida de barcos británicos es habitual en Montevideo, eso puede demorar al Spee.

Si bien se aprecian numerosos daños exteriores en el barco, el problema más grave es la destrucción de una caldera auxiliar en el interior de la nave, pues resulta imprescindible para los sistemas de purificación de combustible y lubricante, sin los cuales no podrá navegar en alta mar.



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El crucero alemán Graf Spee. Foto: Archivo El País


Mientras tanto, los cruceros Ajax y Achiles esperan al Spee anclados en la zona del banco Inglés. Se asegura que el Almirantazgo británico enviará refuerzos a la zona.

En esta historia quedó involucrado también un vapor de pasajeros francés, el Formose, que pasó a corta distancia de la batalla ayer. Algunos de sus 60 pasajeros declararon que pudieron escuchar los cañonazos, pero no vieron a los contendientes. Tras su paso por Montevideo, el Formose seguirá viaje a Buenos Aires.

Dos grandes interrogantes se plantean hoy: ¿hasta cuándo estará el Graf Spee en el puerto montevideano? ¿Se repetirá la batalla naval con los británicos cuando llegue ese día?



Entretelonesde la batalla en el Río de la Plata
El relato de la batalla en el Río de la Plata seguirá vivo dentro de 20, 40 u 80 años. Y los historiadores continuarán debatiendo los pormenores del encuentro del Graf Spee con el Exeter, el Ajax y el Achilles.

Un tema que se procura establecer es quién descubrió a quién en las proximidades de Punta del Este.

El pasado 2 de diciembre, cuando el “acorazado de bolsillo” alemán hundió al carguero Streonshalth, el capitán de este barco lanzó al mar una bolsa con documentos que recogieron tripulantes del Spee. Entre los papeles figuraba un mapa con las rutas comerciales del Reino Unido hacia y desde el Río de la Plata. Desde Alemania, el Alto Mando también envió información sobre un importante convoy comercial en el Plata.

La posibilidad de dar un gran golpe al comercio británico pudo cautivar al capitán Langsdorff, más allá de que estaba previsto por estos días el regreso de la nave a Alemania para realizar trabajos de mantenimiento. Algunos piensan que el marino quería duplicar sus logros hasta las 100.000 toneladas hundidas al enemigo.

Pese a haber enviado al fondo del mar a nueve mercantes, Langsdorff estaba ansioso por más acción, algo que sus superiores no aceptaban: las órdenes de Berlín eran hundir barcos comerciales y evitar entrar en batalla con naves de guerra. Un par de veces el capitán había solicitado sin éxito una flexibilización de esas órdenes.

Sin embargo, también los británicos esperaban que su enemigo se acercara al Río de la Plata. Cuando el Spee hundió al Doric Star, este logró enviar una señal de socorro indicando su posición. El comodoro Henry Harwood, comandante de la Fuerza G, destinada por el Almirantazgo para dar caza al buque alemán, ordenó entonces poner proa hacia el estuario platense. Todo ello hace pensar que el encuentro era inevitable.

Otro tema de discusión es por qué Langsdorff no ordenó continuar los ataques sobre el Exeter, severamente dañado, para terminar de hundirlo, en vez de dejarlo huir. Hay quienes piensan que para ello debía superar las fuerzas combinadas de los cruceros livianos.

El capitán del Graf Spee resultó herido en un brazo y en la cara por esquirlas de bombas durante la batalla y que incluso quedó inconsciente durante algunos segundos. El debate se abre aquí sobre si el marino estaba en condiciones adecuadas para tomar decisiones.



Alta tecnología naval al servicio de la destrucción
[Imagen: 5df2b8934abbf.jpeg]
El Admiral Graff Spee, que se encuentra desde ayer en el puerto de Montevideo, constituye el orgullo de la Kriegsmarine (marina de guerra) alemana, tanto por sus adelantos tecnológicos como por sus acciones bélicas.

El buque contiene, en el casco del tamaño de un crucero (mide 186 metros de eslora y 21,5 de manga), el blindaje y el poder de fuego propios de un acorazado. Por eso se dice que “es más rápido que el más fuerte y más fuerte que el más rápido”. A los británicos se les ocurrió llamarlo, junto a sus gemelos Admiral Scheer y Deutschland, “acorazados de bolsillo” (pocket battleships).

Alemania, como potencia derrotada en la Gran Guerra de 1914-1918, debió seguir las restricciones impuestas por el Tratado de Versalles para sus fuerzas armadas. En particular, sus navíos de guerra no podían superar las 10.000 toneladas.

Para ahorrar peso se utilizaron en la construcción del Spee aleaciones ligeras pero de gran resistencia. Además, el uso de soldaduras en vez de remaches le ahorró varias toneladas.

Una de sus innovaciones es el telémetro electrónico, que le permite no solo medir distancias como los telémetros comunes, sino que además hace posible seguir los movimientos de otros barcos. Por otra parte, es la primera vez que una nave de sus características se mueve con motores diesel.

Su armamento es poderoso: seis cañones de 280 mm distribuidos en dos torretas, más piezas de 150, 105 y 88 mm y ocho tubos lanzatorpedos. Utilizaba también un hidroavión de reconocimiento, pero debido a problemas técnicos previos no pudo despegar en la batalla frente a Punta del Este.

El buque fue botado el 30 de junio de 1934 y comisionado el 6 de enero de 1936. Desde 1938 su capitán es Hans Langsdorff.

El Graf Spee zarpó del puerto de Wilhemshaven (norte de Alemania) en agosto de 1939 con la orden de hundir mercantes enemigos en el océano Atlántico. Cuando se encontró con el Exeter, el Ajax y el Achilles frente al Río de la Plata había enviado al fondo del mar nueve barcos, por un total superior a las 50.000 toneladas, y tomó a sus tripulantes como prisioneros.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#13
Aniversario del Graf Spee, día 3: el gobierno da plazo a los alemanes hasta el domingo
Los marinos muertos del Spee fueron enterrados en el Cementerio del Norte ante numeroso público; el capitán encuentra escollo para reparar su barco.

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LUIS PRATS
Domingo, 15 Diciembre 2019 04:00
[Imagen: 5df3f228536b8.jpeg]El cortejo fúnebre parte del recinto portuario, ante numeroso público, rumbo al Cementerio del Norte. Foto: Archivo El País.


El gobierno uruguayo concedió hasta el domingo 17, a la hora 20, para que el Graf Spee complete sus reparaciones y abandone el país. Ese será entonces el momento de la resolución de la crisis de guerra, que sacude al Uruguay y recoge la atención mundial, originada por la batalla frente a Punta del Este del miércoles pasado.

La resolución fue adoptada por el presidente Alfredo Baldomir y el canciller Alberto Guani en Consejo de Ministros, de acuerdo con el artículo 17 de la XIII Convención de La Haya.

El Consejo de Ministros se reunió esta mañana en sesión secreta. Además, Guani conversó telefónicamente con sus colegas de Argentina y Brasil.

El “acorazado de bolsillo” alemán Graf Spee ingresó al puerto de Montevideo a última hora del miércoles 13, luego de sostener una batalla con los cruceros británicos Exeter, Ajax y Achilles frente a Punta del Este. La razón de su ingreso fue la necesidad de efectuar reparaciones, según lo decidió su capitán Hans Langsdorff.

[Imagen: 5df3f3f76d9b1.jpeg]

En el cementerio también hubo mucha gente esperando la llegada del cortejo. Foto: Archivo El País

El funeral.
Hoy se realizó el sepelio de los 36 marinos del Spee muertos durante la batalla del pasado 13 de diciembre. Mucho público se acercó al puerto montevideano, pese a la prohibición de ingresar.

Una carroza cubierta de flores abrió el cortejo, que salió a última hora de la mañana del recinto portuario y recorrió las calles Colombia, Agraciada, San Martín, Burgues y Chimborazo, hasta llegar al Cementerio del Norte. Los compañeros de tripulación del buque alemán fueron trasladados en varios ómnibus de la empresa Onda.

Otra muchedrumbre los esperaba en el cementerio. Una compañía de marinos uruguayos en doble fila efectuó la guardia a sus colegas alemanes. Y si bien el capitán Langsdorff, vestido enteramente de blanco, solo hizo la venia para despedir a sus hombres, varios de los presentes (incluso uruguayos) levantaron el brazo para realizar el saludo nazi.


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Varias personas hicieron el saludo nazi al paso de los féretros de los marinos del Graf Spee. Foto: Archivo El País

“La sangre vertida no ha sido en vano, porque se ha derramado generosamente al servicio que está por encima de todos los otros servicios, la Gran Alemania”, dijo el embajador de ese país Otto Laumann. Debe aclararse que la “Gran Alemania” es un término que viene del siglo pasado y se refiere a la idea de unificar en una nación a todos los pueblos germánicos, concepto que Hitler ha utilizado para invadir y sojuzgar a países vecinos.

Luego, los ataúdes con los cuerpos de los 36 marinos muertos fueron inhumados en las tumbas abiertas en el propio suelo. Langsdorff depositó un puñado de tierra sobre cada una de las fosas. Dos presbíteros, uno católico y el otro luterano, presidieron el oficio religioso.


Reunión con el canciller Guani.
Después del funeral, el capitán del Graf Spee y el embajador alemán se reunieron con el canciller Guani. Aquellos insistieron sobre la necesidad de permanecer en el puerto por lo menos dos semanas para los arreglos necesario en el buque, incapaz de navegar en alta mar en las presentes condiciones.

Langsdorff aseguró que los trabajos no tienen el propósito de incrementar la capacidad de combate de su nave.

Sin embargo, Guani les presentó un comunicado oficial del gobierno alemán sobre el desarrollo de la batalla en el Río de la Plata, según el cual el Spee “recibió algunos impactos con consecuencias leves”.

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Tripulantes del Graf Spee llevan los cuerpos de sus compañeros caídos en la batalla. Foto: Archivo El País

¿Sugieren ustedes que lo que dice no es verdad?, les preguntó Guani, ante lo cual los alemanes no tuvieron respuesta. La entrevista se prolongó solo unos minutos más, sin que los alemanes pudieran obtener lo que pretendían.

En ambientes diplomáticos se considera que la simpatía del gobierno uruguayo por los aliados británicos y franceses en esta guerra, más la amistad personal de Guani con el embajador de Londres Eugen Millington Drake, inclinarán la balanza en contra del Graf Spee.


Los dos comandantes enemigos en la gran batalla
[Imagen: 5df29d022af41.jpeg]
La batalla en el Río de la Plata tuvo dos grandes protagonistas al frente de los contendientes: el capitán del Graff Spee alemán, Hans Wilhem Langsdorff, y el comandante de la Fuerza G británica, Henry Harwood.

Langsdorff, de 45 años, nació en Bergen Auf Ragen, una de las islas alemanas en el mar Báltico. Después, su familia se mudó a Düsseldorf, cerca del castillo de los condes Spee. Inició su carrera en la Armada imperial alemana siguiendo el ejemplo de esa familia de marinos, pese a la oposición de su familia que lo pretendía abogado como el padre (o pastor luterano, según otra versión), y terminó al frente de un buque cuyo nombre justamente rinde homenaje a Maximilian von Spee.

En 1912 se inscribió como recluta en la Academia Naval de Kiel. Combatió muy joven en Jutlandia (1916) durante la Gran Guerra, batalla por la cual recibió la Cruz de Hierro de 2ª clase. Sin embargo, después fue destinado a cargos burocráticos en los ministerios de Defensa e Interior debido a su capacidad como organizador. Un día, cansado de oficinas, pidió volver a los mares. Y así llegó a al Graf Spee, primero acompañando al almirante Hermann Bohen y desde el 1° de noviembre de 1938 como su capitán.

Langsdorff resultó herido en la mano derecha durante la batalla con los buques británicos.

El comodoro Henry Harwood nació en 1888 en Londres. Fue educado en colegios exclusivos, principalmente la Stubbington School House, una prestigiosa escuela preparatoria naval y se graduó como cadete en 1903, a sus 15 años. Un año después ingresó en la Real Marina Británica, donde rápidamente se destacó por sus aptitudes: es considerado uno de los intelectuales de la Marina. Estuvo en la Gran Guerra pero no alcanzó a entrar en acción.

En 1928, con el grado de capitán, fue enviado a la escuadra de América del Sur. Luego se desempeñó en el Estado Mayor de la Armada.

En 1936 fue ascendido a comodoro de flota en grado segundo y puesto al mando de la división sudamericana de cruceros con base en las Indias Occidentales. Fue ascendido a comodoro de flota en grado primero en 1939 y desde septiembre pasado su división fue reforzada con la Fuerza G, integrada por por los cruceros Exeter (buque insignia), Cumberland, Ajax y Achilles. Desde ese puesto le tocó enfrentar la batalla en el Río de la Plata.
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#14
Aniversario del Graf Spee, día 4: crece la incertidumbre al filo del plazo ¿Otra batalla?
Anuncian la llegada de más naves de guerra al Río de la Plata en una guerra de rumores: barcos británicos y franceses, así como submarinos alemanes.

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LUIS PRATS
Lunes, 16 Diciembre 2019 04:00
[Imagen: 5df3fbc0c7e0c.jpeg]El capitán Langsdorff (con una mano dentro del saco) camina con sus oficiales por el puerto de Montevideo. Foto: Archivo El País


A las ocho de la noche de mañana domingo vencerá el plazo otorgado por el Gobierno uruguayo al acorazado de bolsillo alemán Graf Spee para que abandone el puerto de Montevideo. Una gran incertidumbre rodea lo que pueda ocurrir a partir de ese momento, pero está claro que el Spee zarpará y que al menos dos buques británicos lo esperan en el propio Río de la Plata para entablar un nuevo combate.

Las agencias internacionales de noticias aseguran que otras naves vienen en camino para apoyar a los cruceros livianos Ajax y Achilles en caso de batalla. Se menciona al Cumberland, en viaje desde las islas Malvinas, así como al acorazado Renown y al portaaviones Ark Royal, desde Río de Janeiro, de acuerdo con un despacho de United Press. Esta agencia asegura que ambas naves se dirigen “a toda máquina” hacia el estuario.

Desde París, fuentes “no oficiales” indican que el acorazado francés Dunkerke, de 26.500 toneladas, se desplaza hacia el Plata con la orden de atacar y hundir al buque alemán.

Para completar este panorama bélico, el corresponsal del Giornale d’Italia en Londres escribió que el régimen nazi envió a la zona submarinos y al Admiral Scheer, gemelo del Graf Spee.

Nuevamente hoy el puerto estuvo repleto de curiosos, que trataban de observar al Graf Spee o enterarse del último rumor. Fue una jornada pródiga en conjeturas.

[Imagen: 5df3fbe2e057e.jpeg]

El canciller Alberto Guani (sentado) en reunión. Foto: Archivo El País

Hay quienes temen que si sus pretensiones no son satisfechas por Uruguay, el capitán Hans Langsdorff resuelva apuntar los cañones de su poderosa nave contra Montevideo como represalia.

Mientras tanto, la tripulación alemana sigue tratando de reparar su barco. Los cañones fueron repintados, aunque todavía se aprecian los agujeros que abrió en el casco la metralla británica. Los responsables de los trabajos se quejan sobre las dificultades para encontrar en Montevideo chapas de acero de la calidad necesaria para usar en el buque.


Informe reservado.
El Gobierno elaboró hoy un informe reservado sobre las medidas a adoptar si el Graf Spee incumple el ultimátum.

Se evaluaron tres posibilidades. La primera es que el Spee efectivamente abandone el puerto de Montevideo. En ese caso, se lo seguirá “a prudente distancia” hasta que el acorazado abandone aguas territoriales. Si se llega a producir un nuevo combate, se deberá obtener “máxima y precisa información”.

La segunda posibilidad es que el buque alemán se quede y su capitán acepte la internación. En ese caso, la nave deberá ser fondeada en Dársena B, sin habilitación para moverse. Su tripulación será destinada a la isla de Flores y su plana mayor permanecerá bajo palabra en el país.

La tercera posibilidad admite que si el capitán se niega a zarpar y no acepta la internación, las autoridades uruguayas carecen de medios para hacer efectivo el acatamiento de la orden. En ese caso, dice el informe, “los hechos serán llevados a conocimiento del señor ministro para la acción permanente”.



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La tripulación del Graf Spee formada en el Puerto de Montevideo. Foto: Archivo El País

Acciones británicas.
El primer planteo del embajador británico, Eugen Millington Drake, fue reclamar al Gobierno uruguayo que se le otorgaran apenas 24 horas al Spee para sus reparaciones, cuando su capitán Hans Langsdorff pedía no menos de 14 días.

Sin embargo, hubo un cambio de estrategia del diplomático británico: después pasó a tratar de retener al barco alemán lo más posible, a través de las normas de la Convención de La Haya que impiden la salida de un buque de guerra antes de las 24 horas de la partida de un mercante enemigo. Esto hace pensar que los ingleses pretenden ganar tiempo hasta que los refuerzos arriben al Río de la Plata.

Una idea de Millington Drake fue contratar jubilados para que espíen al Spee desde los cargueros ingleses en el puerto. Otras personas vigilan desde puntos estratégicos de la ciudad, listos para avisar si se produce algún movimiento de barcos. A estas horas, Montevideo es un hervidero de espías, hacia uno y otro bando.

Desde Londres, en tanto,se informó que el rey Jorge VI designó al comodoro Henry Harwood, comandante de las naves que combatieron en el Plata, “caballero comandantre de la Orden del Baño y contraalmirante” a partir del 13 de diciembre, precisamente el día de la batalla. Todo en reconocimiento por la “heroica y efectiva” acción desarrollada contra el Graf Spee.
Desde Washington.
El secretario de Estado estadounidense, Cordell Hull, comentó hoy que un segundo combate naval en el Río de la Plata sería considerado “una nueva violación de la zona de seguridad de las naciones americanas”.

En el ambiente político estadounidense se pretende establecer una zona neutral de 300 millas de ancho a lo largo de la costa atlántica. Grandes empresas norteamericanas están preocupadas por la posibilidad de que las acciones de guerra afecten el tráfico marítimo neutral.


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La ilustración presenta la estructura del graf spee, buque de avanzado diseño. Foto: Archivo El País

La “política del buen vecino” impulsada por el presidente Franklin Delano Roosevelt desde la Conferencia Panamericana de 1933, aboga por la neutralidad de los países del continente americano y la solidaridad en caso de ataque por parte de los beligerantes.

Mientras tanto, el presidente de la subcomisión de Marina de la Cámara de Representantes, James Schrugham, consideró que resultaría de gran importancia obtener información sobre los secretos técnicos del Graf Spee de parte de los prisioneros británicos que venían a bordo del buque y fueron liberados al llegar a Montevideo.

“Si Montevideo no quedase tan lejos, iría yo mismo. Los datos directos sobre esa batalla podrían ahorrar a Estados Unidos mucho dinero”, aseguró el congresista.

Sin embargo, Patrick Dove, uno de los capitanes mercantes liberados, concedió una entrevista radial en la cual destacó el cumplimiento de las convenciones de La Haya por parte de Langsdorff y su tripulación. Sus palabras de elogio hacia un capitán enemigo molestaron a muchos de sus compatriotas

Polémica alrededor del uso de gas mostaza
La prensa alemana afirmó el 14 de diciembre pasado que los buques británicos lanzaron bombas con gas mostaza contra el Graf Spee durante la batalla en el Río de la Plata, lo cual fue enseguida difundido y amplificado por el ministro de Propaganda del régimen nazi, Joseph Goebbels.

La acusación fue rechazada de inmediato por el Almirantazgo en Londres. Los diarios londinenses hasta se burlaron de la posibilidad. Uno de ellos publicó una viñeta en la cual un marinero con un recipiente de mostaza “condimenta” los proyectiles que dispara su barco.

El argumento incluso fue utilizado por los diarios de Berlín para justificar el ingreso del Spee al puerto de Montevideo, ya que minimizaron los daños sufridos por el acorazado de bolsillo durante el combate. Así, según los alemanes, la decisión se tomó ante “el temor de que los gases hubieran echado a perder los víveres”.

La versión del gas mostaza surgió porque algunos artilleros del buque alemán sufrieron lesiones en la cara y en la vista en cierta forma similares a los originadas por el uso de esa arma química.

El primer examen de los heridos realizado en el Hospital Pasteur pareció confirmar que se trataba del gas.

Sin embargo, el propio jefe de máquinas del Graf Spee, Karl Klepp, consideró que las lesiones seguramente fueron consecuencia del estallido de una granada, que a su vez hizo volar un contenedor de ardexina, un producto químico utilizado para combatir incendios en el barco.

El gas mostaza fue el arma química más utilizada en la Gran Guerra europea (1914-1918). Se trata de una mezcla de productos químicos denominada iperit, cuyo uso atemorizaba a los soldados más que cualquier arma convencional: en contacto con los ojos, provoca una irritación intensa y genera ampollas en la piel, y puede conducir a una muerte muy dolorosa. Ni siquiera el uso de máscaras impedía sus efectos. Se lo llamó así por el hedor que producen sus vapores.

La condena de la opinión pública a ese tipo de armas determinó que la mayoría de los contendientes de ese conflicto firmaran en 1925 la Convención de Ginebra, que prohibió el uso de armas bacteriológicas y de gas letal.


El buque es una verdadera ciudad flotante
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El Admiral Graff Spee es una verdadera ciudad flotante, con sus 1.040 tripulantes: además de los marinos, transporta hombres de los más variados oficios, aunque todos están al servicio del perfecto funcionamiento de esta máquina de destrucción de la Kriegsmarine.

Los oficiales son 30. El acorazado lleva también excapitanes de barcos mercantes asimilados con el grado de tenientes de navío. Hay especialistas en torpedos, artillería, navegación, defensa antiaérea y comunicaciones, así como médicos, odontólogos, meteorólogos, ingenieros de máquinas, pilotos, señaleros, mecánicos, electricistas y radiotelegrafistas. También cuenta con empleados civiles, como mozos, cocineros, peluqueros y sastres. Incluso viajaban algunos tripulantes chinos, encargados de la lavandería.

Llamó la atención que la mayoría de los marinos son muy jóvenes, entre 18 y 21 años aproximadamente.

El Graf Spee tiene hasta “moneda” propia: para utilizar los servicios de la cantina, la tripulación dispone de unas fichas de aluminio con la inscripción “Kantine Panzerschiff Admiral Graf Spee” por un lado y en la otra cara su valor. La cantina, además de centro de reunión para confraternizar y beber cerveza, es una especie de almacén donde los tripulantes pueden adquirir una amplia variedad de objetos: chocolates, papel para cartas, cigarrillos, postales y recuerdos del barco.

Las estrictas normas a bordo establecen que el desayuno se sirve a las 7.30, el almuerzo a las 12.00 y la cena a las 16.00.

Los oficiales disponen de cocina y comedor propios, atendidos por camareros civiles.

La actividad, tanto en cubierta como en el interior del buque es constante, incluso lejos de la batalla.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#15
Aniversario del Graf Spee, día 5: su capitán hace estallar al buque frente a Montevideo
Miles de personas en la escollera y la rambla fueron testigos de los últimos momentos del acorazado alemán, que se hundió a escasa distancia del Cerro.

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LUIS PRATS
Martes, 17 Diciembre 2019 04:00
[Imagen: 5df80ce7b6de5.jpeg]El momento en que el buque alemán estalla en llamas en aguas frente a Montevideo. Foto: Archivo El País


El corsario de los mares modernos, el buque fantasma que azotaba los mercantes británicos, el acorazado de bolsillo alemán Admiral Graff Spee terminó sus días hoy, volado por su propia tripulación, frente a los ojos azorados de miles de montevideanos.

Cuando caía el sol, el buque orgullo de la Marina nazi se convirtió en una pira que tiñó de fuego y humo las aguas del Río de la Plata, a escasa distancia del puerto capitalino.

Su capitán, Hans Langsdorff, dio la orden de destruir el barco para evitar que cayera en manos británicas, ya que con escasa munición y averías que no pudieron ser reparadas le resultaba imposible volver a enfrentar las naves enemigas en una batalla como la del pasado 13 de diciembre.

El cumplimiento del plazo de 72 horas, otorgado por el Gobierno uruguayo para que los alemanes repararan al Graf Spee, puso a Langsdorff en la terrible disyuntiva de un combate casi perdido de antemano o la autodestrucción de su buque. El capitán finalmente tomó la decisión de hundirlo.


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Una multitud acudió a la escollera y a la rambla para ver partir al Graf Spee, presuntamente a la batalla. Foto: Archivo El País

Autodestrucción
Esta madrugada, testigos vieron cómo de la chimenea del Graf Spee brotaba un denso humo negro. Algunos interpretaron que el barco estaba preparándose para partir. Sin embargo, fuentes diplomáticas aseguran que en realidad estaban quemando documentación secreta.

Más todavía: a esa altura, en el interior de la nave se estaba destruyendo a martillazos toda maquinaria con valor técnico o estratégico, para evitar que cayera en poder de los aliados. Mientras tanto, la tripulación fue autorizada a liquidar los víveres, por lo cual muchos marinos comieron chocolates o frutas hasta hartarse.

El trasbordo.
También de manera sigilosa, buena parte de los casi mil tripulantes del Graf Spee se fueron instalando en el mercante alemán Tacoma, que llegó a Montevideo de recalada el 22 de noviembre pasado.

Fuera de aguas jurisdiccionales, pasaron a dos remolcadores y una gabarra arribados desde Buenos Aires (se supo que habían sido secretamente contratados por los alemanes). Un puñado de hombres quedó en el panzerschiffe, listos para levar anclas cuando el capitán lo ordenara.

A las 18.30, por fin, el buque comenzó a moverse lentamente, impulsado por solo uno de sus ocho motores diesel, mientras la multitud apiñada sobre la escollera o en la rambla (muchos llegados directamente del Estadio Centenario tras el clásico de esta tarde) trataban de no perderse detalle: era la historia pasando frente a sus ojos.


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El momento en que el buque alemán estalla en llamas en aguas frente a Montevideo. Foto: Archivo El País

El final del corsario.
Con sus banderas de combate desplegadas, el Spee ofrecía la imagen de estar listo para volver a enfrentar a los barcos británicos, que lo esperaban a escasa distancia en el Río de la Plata.

Sin embargo, luego de navegar unas cuatro millas, el acorazado de bolsillo viró hacia el oeste y se detuvo, a la altura de Punta Yeguas. Desde la distancia se pudo ver cómo se le acercaban embarcaciones menores, a las cuales trasbordaron los últimos marinos del Spee, y en especial Langsdorff.

Después hubo un silencio que pareció de siglos. Hasta que a las 19.55, justo cuando se ponía el sol en el horizonte del Plata, una explosión elevó una enorme llamarada roja desde el buque y sacudió de inmediato los vidrios de Montevideo. Nuevos estallidos confirmaron que la nave orgullo de la Kriegsmarine estaba viviendo su agonía.

Langsdorff había ordenado colocar granadas, pólvora y cabezas de torpedo en distintos puntos de su barco, sincronizadas para estallar al mismo tiempo. Luego de que el último hombre abandonara el Spee -su capitán, por supuesto- corrió una cuenta regresiva de 20 minutos para alejarse de allí.

Así relató esos instantes el capitán de corbeta Friedrich Wilhelm Rasenack, uno de los oficiales alemanes:

“Estoy sobre la baranda del Tacoma y miro el reloj, falta un minuto. Treinta segundos. Cinco segundos. ¡Cero! En este momento se levanta una columna de fuego del Spee, que se ha transformado en un volcán. Es un grandioso y a la vez patético espectáculo, el ver cómo este magnífico navío, mi hogar durante la guerra y la paz, acaba de volar por los aires”.


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Una multitud acudió a la escollera y a la rambla para ver partir al Graf Spee, presuntamente a la batalla. Foto: Archivo El País

El Tacoma había salido del puerto sin autorización. El crucero Uruguay lo intimó para que regresara, lo cual cumplió. La nave queda ahora en calidad de internada.

Los avisos Huracán y Zapicán alcanzaron la lancha que transportaba a Langsdorff, todavía en aguas uruguayas, pero le permitieron seguir hacia Buenos Aires, pues el marino había acatado la orden del Gobierno de dejar Montevideo.

Los alemanes fueron hacia Argentina, donde esperaban ser recibidos como refugiados de guerra.


La batalla imposible.
Mientras la antorcha del Spee siguió ardiendo ya caída la noche, un cable de la agencia Havas desde Río de Janeiro informaba que los buques de guerra británicos Renown y Ark Royal acababan de llegar al puerto carioca desde Pernambuco. Solo el Cumberland se había sumado al Ajax y al Achilles en el Plata: la supuesta presencia de una gran flota para enfrentar al corsario alemán había sido simplemente una jugada exitosa del contraespionaje británico para despistar a los alemanes.
Miles de uruguayos, acaso cientos de miles, acudieron de tarde la costa capitalina para asistir, sin medir riesgos, a lo que creían sería una nueva batalla naval. No hubo tal, sino el espectacular suicidio de un barco colosal, primer gran eco de una guerra que azota del mundo.

Pasarán los años, volverá la paz, y muchos de ellos seguirán contando a sus hijos y nietos que fueron testigos del fin del Graf Spee.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#16
Aniversario del Graf Spee, resumen final: una batalla y un acorazado en la historia
Fue el primer triunfo aliado en la Segunda Guerra Mundial y la última batalla naval clásica, con participación únicamente de unidades de superficie.


LUIS PRATS
Miércoles, 18 Diciembre 2019 04:05
[Imagen: 5df80f7b47cb3.jpeg]Miembros de la tripulación del Graf Spee. Foto: Archivo El País


El Graf Spee ardió durante varios días luego de las explosiones dispuestas por su capitán, Hans Langsdorff, el 17 de diciembre de 1939. Pese a ello, la parte superior de su estructura siguió asomando durante algún tiempo sobre las aguas del Río de la Plata.

“Las noticias llegadas desde Montevideo han sido recibidas con agrado en la Gran Bretaña y con franca satisfacción en la mayor parte del mundo”, afirmó el 18 de diciembre en su audición radial Winston Churchill, por entonces primer lord del Almirantazgo, desde 1940 primer ministro.

Adolf Hitler sostuvo ese día una reunión de dos horas con sus principales allegados para analizar el episodio. No hubo comentarios. Pero luego el alto mando naval ordenó que cada unidad debía “combatir hasta la muerte”.

La prensa alemana criticó a Uruguay por “someterse a la presión británica” y por cometer “un acto inamistoso contra el Reich”.

El contraalmirante Henry Harwood, comandante del grupo británico victorioso en la Batalla del Río de la Plata, visitó Uruguay el 3 de enero de 1940. Junto a los otros responsables de los barcos participantes se reunió con las autoridades uruguayas para agradecer su papel en el episodio.
En febrero de 1940, la legación alemana en Montevideo vendió los restos del barco a un particular, Julio Vega Helguera, que resultó ser testaferro de Gran Bretaña. En una operación no informada al gobierno uruguayo, los ingleses enviaron un especialista para inspeccionar el pecio, con el objetivo de acceder a algunos de sus avances técnicos. No pudieron encontrar nada que sirviera.

El buque Tacoma quedó internado en el puerto de Montevideo. Tras el hundimiento del carguero Montevideo por un submarino alemán en marzo de 1942, el gobierno uruguayo decidió incautarlo e incorporarlo a la marina mercante nacional. En 1973, cuando ya no estaba en condiciones de navegar, fue convertido en cárcel flotante, amarrado en el puerto. En la década de 1980 fue vendido a un particular y posteriormente desguazado.

Un grupo de alrededor de 90 marinos alemanes del Graf Spee y del Tacoma quedaron en Uruguay tras el episodio. Durante un tiempo permanecieron en libertad, aunque sometidos a vigilancia. En 1940 fueron internados en la Isla de Flores y después en una casa quinta de Montevideo. Cuando en 1945 Uruguay le declaró la guerra a Alemania, fueron llevados a un destacamento militar de Sarandí del Yí. Algunos de ellos, ya en libertad, se casaron en Uruguay, donde continuaron su vida hasta el día de su muerte.

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Miembros de la tripulación del Graf Spee. Foto: Archivo El País

La empresa Regusci & Voulminot, que había rechazado reparar al Spee en diciembre de 1939, fue contratada en 1940 para su desguace. En abril de 1941, tres buzos británicos que trabajaban en la tarea quedaron atrapados en el casco al cerrarse una compuerta. Uno murió en el lugar y otro en el Hospital Británico.

El paso del tiempo fue escorando al Spee, al tiempo que el casco se hundía en el barro del Río de la Plata hasta desaparecer paulatinamente de la vista. Lo último que sobresalió de las aguas fueron la torre de combate y la chimenea, muy escoradas. La popa se había desprendido del resto del barco con la voladura de 1939 y giró unos 120 grados al hundirse.

El 18 de enero de 1943, una imprevista tormenta hundió una grúa de la Administración Nacional de Puertos que trabajaba en la extracción de materiales del barco alemán. Murieron 16 de sus 19 tripulantes.

El Exeter, el crucero pesado inglés dañado por el Spee durante la Batalla del Río de la Plata, fue reparado y volvió a combatir. Fue hundido por barcos japoneses en el mar de Java, en febrero de 1942.


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La torre de combate y la chimenea del Spee, últimos vestigios a la vista hacia 1940. Foto: Archivo El País

El crucero liviano Ajax fue enviado a Uruguay y Argentina al finalizar la guerra para llevar a Alemania a tripulantes del Spee. Fue desguazado en 1949.

El otro crucero liviano que participó en la batalla, el Achilles, siguió combatiendo en el Atlántico y el Pacífico. Tras el fin de la guerra fue vendido a la India y rebautizado Dehli. Fue desguazado en 1978.

En marzo de 1997, el arqueólogo marino Héctor Bado coordinó el rescate de uno de los cañones del Spee, de 150 mm. Fue reparado y puesto en exhibición en el Museo Naval en Montevideo.

En febrero de 2003 Bado también extrajo el telémetro del barco, un instrumento óptico de 27 toneladas que se usaba para medir la distancia del blanco y ajustar el tiro de los cañones.

En febrero de 2006 fue retirada de las aguas un águila de bronce que adornaba la popa del buque. Se trata de una figura de dos metros de altura, dos metros ochenta entre la punta de las alas y 400 kg de peso, con una corona de roble y una esvástica. El destino de este emblema fue motivo de un litigio entre el Estado uruguayo y los permisarios del rescate, Alfredo y Felipe Etchegaray y los familiares de Bado, responsable de la operación, fallecido en 2017. Si bien la Justicia dictaminó que el águila debe venderse, sigue hoy en una dependencia de la Armada en el Cerro.


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Con el Cerro de Montevideo de fondo, el águila del Graf Spee vuelve a ver la luz del día en 2006. Foto: Alfredo Etchegaray

El alemán Hans Eubel, último sobreviviente del Spee en Uruguay, falleció el 14 de septiembre de 2017 en Punta del Este. Tenía 101 años.

Lo que resta del Graf Spee se halla sumergido y semienterrado en el barro del fondo del Plata a cuatro millas náuticas (algo menos de ocho kilómetros) del puerto de Montevideo, frente a Punta Yeguas, en las coordenadas 34° 58 latitud Sur y 56° 17 longitud Oeste.


El suicidio del capitán Langsdorff

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En la madrugada del miércoles 20 de diciembre de 1939, en su habitación del Arsenal Naval de Buenos Aires, el capitán Hans Langsdorff redactó una carta a su esposa, otra a sus padres y una tercera para las autoridades alemanas. Después se acostó sobre la bandera de la Kriegsmarine desplegada en el suelo y se pegó un tiro en la cabeza.

“Luego de una larga lucha interior llegué a la grave decisión de echar a pique el acorazado Graf Spee para evitar que cayera en manos anemigas”, escribió.

“Era evidente que esta decisión mía podría ser malinterpretada, ya fuera intencional o inconscientemente, por personas ajenas a mis motivos, y atribuirlas en parte o por completo, a motivos personales, por lo tanto decidí desde un principio sufrir las consecuencias que esta decisión llevara implicadas, puesto que un capitán con sentido del honor no puede separar su propio destino del barco”, añadió.

Indicó además: “...no puedo hacer nada más por la tripulación de mi barco (...) Tampoco podré tomar parte activa en el conflicto actual de mi patria. Ahora solo puedo probar con mi muerte que los soldados del Tercer Reich están dispuestos a morir por el honor de su bandera (...) Iré al encuentro de mi destino con inquebranteble fe por la causa y el futuro de la patria de mi Führer (...)”

Desde el momento en que decidió hacer volar al Spee, Langsdorff sabía que solo le restaba el suicidio para preservar su honor de marino. Esperó para ejecutarlo hasta comprobar que su tripulación se encontrara a salvo. Historiadores aseguran que incluso pensó hundirse con su barco, pero fue disuadido en el último instante.

El cadáver de Langsdorff fue hallado la mañana siguiente por el teniente Dietrich.


Memorias de una batalla naval
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La batalla del Río de la Plata fue un combate relativamente menor en cuanto al número de unidades participantes, sobre todo comparada con las que tendrían lugar años más tarde durante la Guerra del Pacífico, por ejemplo. Pero fue el primer triunfo aliado en la Segunda Guerra Mundial. Y a la vez representó la última batalla naval “clásica”, entablada solo entre unidades de superficie, sin participación de aviones y submarinos.

Se trató además del único episodio de esa guerra ocurrido en América del Sur. Y por todo lo que lo rodeó, desde un barco que pese a ser el perdedor quedó en la leyenda hasta la “guerra diplomática”, fue también un episodio singularísimo.

De allí su amplia repercusión en todo el mundo. Y después apasionó a historiadores locales, americanos y europeos, todos a la espera de la aparición de algún nuevo documento que termine de explicar las decisiones y acciones de sus protagonistas.

A las decenas de libros publicados, es preciso añadir la película británica de 1956 The Batlle of the River Plate, que se exhibió en cines y la televisión uruguaya y ahora está disponible en YouTube.

A los uruguayos siempre les sorprendió la visión de los realizadores sobre el Montevideo de 1939. Pese a que se ofrecen escenas de la ciudad y hasta se leen diarios locales, uno de los centros de la trama es una especie de bar tropical en la playa Pocitos, con rumba, prostitutas y un personaje más cercano a un cowboy que a un gaucho.

El interés por la Batalla del Río de la Plata y sobre todo por el Graf Spee renació en los últimos años, a partir del rescate de algunas de sus piezas, lo cual motivó informes en cadenas internacionales de televisión.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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