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Tambien es historia militar
GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (1936 1939) Otra tregua de navidad como la de la 1ra GM

La desconocida tregua de Navidad de 1936 en el monte Kalamua
Milicianos y requetés intercambiaron periódicos y compartieron vino y cigarrillos en la primera Nochebuena de la Guerra Civil
[Imagen: resizer.php?imagen=https%3A%2F%2Fwww.abc...&medio=abc]Mónica Arrizabalaga
@arrizabalaga11Seguir
Actualizado:23/12/2018 02:07h2


[Imagen: kalamua1-ky7C--620x349@abc.jpg]

Aquel día nadie quería disparar sus armas en el monte Kalamua. Era Nochebuena y la nostalgia de casa, del pavo y el turrón, se había apoderado tanto de los milicianos apostados en su avanzadilla, como de los requetés que mantenían sus posiciones a apenas unos metros. Estaban tan cerca que los primeros veían sobre los sacos de arena los puntos rojos de las boinas carlistas. En este escenario fronterizo entre Vizcaya y Guipúzcoa se libraron cruentos combates durante la Guerra Civil, pero el 24 de diciembre de 1936 se vivió una escena que, en palabras de un testigo y protagonista del insólito encuentro, ya hubieran querido imaginar en Hollywood.

«A la mitad justa de los parapetos se encuentran los dos grupos. Milicianos y requetés se dan la mano y como si cambiaran ramos de flores en un torneo deportivo se han cruzado los periódicos. De los parapetos se vigilaba esta “operación” con emoción y curiosidad. Solamente en este intenso momento se ha dejado oír el ralentir de mi “Kodak” que traslada al celuloide una escena que hubieran envidiado los más sagaces productores americanos. Los cañones de las ametralladoras y de los fusiles han sacado sus ojos para contemplar también, en el mayor silencio, esta cordial coyuntura en el día de la Nochebuena, solemnizada con este motivo en los campos de batalla», escribió el socialista pamplonés José Goñi Urriza.

La fría mañana de diciembre se había desperezado con sol y cierta pereza en el «trabajo», según describió Goñi en el semanario socialista « La lucha de clases». Alguien gritó «no disparéis» y por unos momentos se respiró un aire de libertad. Los combatientes de uno y otro lado levantaron sus cabezas por encima de los parapetos y se sucedieron los diálogos de trinchera a trinchera en tono amistoso. Como muestra de confianza, los requetés se sentaron encima de sus defensas. Los milicianos les imitaron. Se alcanzó una cierta familiaridad, que una densa cortina de niebla al poco resquebrajó.


Con la falta de visibilidad, renació la desconfianza y de nuevo, unos y otros se resguardaron tras sus parapetos, con el fusil en el brazo, hasta que a media mañana, las ráfagas de sol se abrieron paso entre la niebla. De nuevo frente a frente, Goñi rompió el silencio:
-«Requetéeeees…
-Quéeee…
-¿Hay algún navarro?
-Sí, casi todos
-¿Y alguno de Pamplona?
-Sí, muchos
-Os habla Goñi
-¿Quién, Pepe?
-Sí
-Aquí hay unos que te conocen».
Así comenzó una «interminable» conversación. Los milicianos ofrecieron a los requetés intercambiar sus periódicos. Tras unos momentos de vacilación, éstos contestaron que aún no habían recibido los suyos. Mientras seguían las conversaciones, dos requetés saltaron de pronto de sus parapetos y otros dos milicianos salieron de los suyos. También Goñi, que no pudo contener la curiosidad, saltó tras ellos.

[Imagen: kalamua3-ky7C--510x349@abc.jpg]
Intercambiando periódicos en Nochebuena - Foto Goñi (La lucha de clases)

Del insólito encuentro sacó al menos tres fotografías que salieron publicadas junto a su reportaje el 26 de diciembre. En ellas se ve a un grupo de requetés del Tercio de Lácar posando en la cumbre del Kalamua y entre ellos a los milicianos que salieron para canjear la prensa. O compartiendo el vino navarro de una cantimplora.

Varios de los requetés conocían a Goñi de Pamplona. «Allí todos nos mirábamos con recelo. Aquí, sin embargo, con los misiles preparados en cada uno de los parapetos, a treinta metros de donde nos hallamos, parece que estamos más tranquilos», escribió antes de describir a grandes rasgos sus conversaciones. Hablaron de Navarra, de la muerte de compañeros de Goñi y de la situación de Bilbao, constatando que las versiones sobre el avance de la guerra era muy distinta en cada bando:
-«Aquí se dice que queríais un arreglo los rojos»
-«¿Nosotros? No, hombre, no. Esas son patrañas de Italia y Alemania que no saben cómo salir del atolladero en que se han metido. Nuestro Ejército está más fuerte y mejor pertrechado que nunca y dispuesto a daros una rotunda paliza el día menos pensado.»

Entre los requetés había algunos que iban a volver a Pamplona y que se ofrecieron a llevar una carta a la madre de Goñi, que él escribió enseguida para entregársela. Echaron un trago de vino, le obsequiaron con un puro y cambiaron cigarrillos.

[Imagen: kalamua2-ky7C--510x349@abc.jpg]
La cantimplora, con vino de Navarra, corre de mano en mano, entre requetés y milicianos - Foto Goñi (La lucha de clases)

Sin darse apenas cuenta, Goñi se encontró en un grupo de entre unos veinte requetés, a un paso de sus posiciones. «¡Y pensar que en Pamplona me hubieran fusilado como a un perro!», pensó este miliciano socialista achacando la ideología de estos muchachos del campo, a haber nacido en pueblos de solera carlista «donde merced a la intransigencia de los caciques carlistas y a la imbecilidad de gobernadores republicanos era casi imposible dejar oír la voz de nuestras ideas».

«A estos rapaces no tengo el menor inconveniente en estrecharles la mano en un “alto el fuego” en las trincheras», confesó en su escrito.

A mediodía, tras «un gran rato» juntos, milicianos y requetés regresaron a sus posiciones. En su despedida, «cordial como la de ellos», Goñi les aconsejó leer y meditar el discurso del presidente del Gobierno vasco, apelando a las creencias religiosas que compartían.
«Lentamente se alejan los requetés. Al verlos marchar se agolpan muchas ideas en mi cerebro. Tantas que para no armarme un lío sentimental, a cuenta de las crueldades de la guerra, acelero el paso para devorar la comida que, humeante y suculenta, me aguarda al otro lado de nuestras trincheras», concluyó el pamplonés que en 1937 fue designado secretario general de Industria del Gobierno provisional vasco.

Así lo recordaba un joven requeté
El navarro Salvador Leyún fue uno de los voluntarios del Tercio de Lácar que fue testigo del intercambio en Kalamua. Tenía entonces 19 años y aquella escena se le quedó grabada para siempre en su memoria. Tanto, que medio siglo después se la relató al escritor Pablo Larraz para el libro sobre « Requetés» que escribió junto a Víctor Sierra-Sesúmaga, como uno de los «casos curiosos» que le tocó vivir durante la campaña de Guipúzcoa:
«Resultó que nuestro capitán, Ureta, que estaba más loco que una cabra, era muy amigo del capitán que estaba en el otro lado, de apellido Centeno, ya que los dos habían estado en la misma academia. Estando de posición en Kalamua empezaron a hablarse: "Centeno, oye, ¿qué tal si hacemos una cosa en esta tarde? Mira, vamos a proponer a los chicos sentarse en el parapeto, y yo respondo de que los míos no van a tirar un tiro, y hacemos intercambio de prensa". El de los rojos aceptó, así que Ureta nos mandó: "Todos en el parapeto". Y ellos hicieron lo mismo. "Ahora que salgan a mitad del camino cinco voluntarios de cada lado", y salieron».
Leyún contaba que «se intercambiaron la prensa, echaron unos tragos de vino de una bota que llevaban unos y después de la de los otros».

[Imagen: tercio-lacar-keJD--510x349@abc.jpg]
La primera sección 3ª Compañía del Tercio Lácar en Kalamúa, en enero de 1937. - Archivo Larraz-Sierrasesúmaga

«A mí aquello no me parecía bien, era un disparate, media hora después podíamos estar matándonos y esas cosas creaban desánimo y desconcierto entre la gente», confesaba el voluntario carlista, que le dijo a Ureta: «Mi capitán, después de esto, ¿no sería mejor que dejásemos esto y nos marcháramos todos, ellos y nosotros, cada uno a su casa?».
«Y me contestó: «pues sí, sería mejor… pero es que estamos en guerra».
 
"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".
 
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Cuando la Luftwaffe defendió Irak en la Segunda Guerra Mundial


Uno de los eventos menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar en 1941, cuando británicos, iraquíes, alemanes e italianos se enzarzaron en una batalla por el control del país mesopotámico. La campaña, que se conoce como Operación Sabine o Guerra Anglo-Iraquí, duró apenas mes y medio pero jugó un papel decisivo en el devenir del conflicto mundial.
En marzo de 1940 era nombrado primer ministro de Irak el antibritánico Rashid Ali al-Gailani. Los británicos querían que Irak rompiera relaciones con Alemania e Italia, algo a lo que Gailani se negó rotundamente. Al contrario, haciendo visible su disgusto por el control extranjero de su país, estableción contactos con diplomáticos nazis y fascistas, y obstaculizó el movimiento de las tropas inglesas.


Las sanciones y represalias económicas no tardaron en llegar y supusieron la caída de Gailani, sustituido el 31 de enero de 1941 por un primer ministro más de agrado británico, Nuri al-Said. Pero Gailani no se quedó quieto y organizó un golpe de estado. El 2 de abril se llevaba a cabo y volvía a hacerse con el poder, aunque sin derrocar la monarquía.
Su primer acto como nuevo primer ministro fue cancelar la alianza anglo-iraquí y cortar el suministro de petróleo a los británicos. También declaró que las tropas inglesas ya no estaban autorizadas a atravesar Irak a menos que las allí estacionadas se retirasen.
La respuesta británica fue enviar 9.000 soldados más, que desembarcaron en Basora el 18 de abril. Doce días después los iraquíes cercaban la base inglesa de Habbaniyah con una fuerza de aproximadamente 6.000 hombres y 30 piezas de artillería. El 2 de mayo comenzaba la batalla por el control de ese punto estratégico.


[Imagen: Rashid_Ali_al-Gaylani_and_Haj_Amin_al-Hu...C422&ssl=1]
[color=var(--secondary-text__color,#9a9ca1)]Rashid Ali al-Gailani en Berlín[/color]


Los británicos disponían de 18 tanques y 96 aviones, la mayoría de entrenamiento pero que fueron modificados sobre el terreno para transportar bombas. Esta superioridad aérea inclinaba la balanza a favor de los ingleses, a pesar de que las fuerzas de tierra iraquíes estaban mejor preparadas.
Por ello el gobierno de Gailani solicitó apoyo militar a las potencias del Eje. Hitler, viendo la oportunidad de abrir un nuevo frente aprobó la petición y puso al frente de la operación al general Hans Jeschonnek de la Luftwaffe, con el título de Fliegerführer Irak.

Así, entre el 10 y el 12 de mayo de 1941, 12 aviones Heinkel He 111 y 14 Messerschmitt Bf 110 llegaron a Mosul para apoyar al ejército iraquí. Desde las bases aéreas de la Francia de Vicky en Siria se enviaron también 13 Junkers Ju 52 y Junkers Ju 90. A ellos se sumó un escuadrón de cazas de la Regia Aeronautica italiana. Todos estos aviones fueron pintados con distintivos iraquíes. De repente Irak se había convertido en un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial.


[Imagen: Destroyed_iraqi_artillery.jpg?w=788&ssl=1]

Artillería iraquí destruída en Habbaniyah


El caso es que con todo la superioridad de la RAF se impuso. Los aviones del Eje se hallaban muy lejos de sus bases de aprovisionamiento, y los británicos continuaban desembarcando tropas y tanques, casi un centenar, en Basora. Para el 27 de mayo ya estaban en Bagdad. Dos días después huía de la ciudad todo el personal de la Luftwaffe y los diplomáticos alemanes, junto con Gailani y la mayor parte de sus ministros. Lo hacían en los dos últimos aviones que les quedaban, dos Heinkel He 111, con destino a Berlín.

Se firmó el armisticio y se reinstauró un gobierno probritánico. De ese modo se evitó la expansión del Tercer Reich en Oriente Medio, y se aseguró el acceso aliado al petróleo iraquí. En 1942 Irak se convirtió en el 
primer país musulmán en declarar la guerra a las potencias del Eje


https://www.labrujulaverde.com/2016/05/c...ra-mundial
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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Los últimos de Baler

[Imagen: 1200px-The_church_of_Baler_from_%22Under...old%22.jpg]

En las Filipinas españolas  existia un pequeño poblado llamado Baler, un antiguo “barangay” fundado por los franciscanos en el siglo XVII, era una población de apenas 2.000 habitantes, perteneciente a la provincia de Nueva Écija, en la isla de Luzón, que ya había sido atacada por los tagalos en la insurrección de 1897, causando la muerte de 10 soldados de una guarnición de 50.
 
Ahi fue enviada una compañía del Batallón Expedicionario de Cazadores nº 2 que estaba al mando del capitán de Infantería D. Enrique de las Moreras, y la integraban 2 tenientes, 1 teniente médico, 2 sanitarios, uno de los cuales era indígena; 5 cabos, entre los que también había un indígena, un corneta y 45 soldados, todos ellos de modesta condición y procedentes de las más diversas regiones de España. 
 
En la noche del 26 de junio, tras unos días de tensa calma, pero sin que se observara la presencia del enemigo, en los cerros que dominaban el pueblo empezaron a arder numerosas hogueras que iluminaron fantasmagóricamente el campamento, anunciando la amenazadora y cercana presencia de un fuerte contingente de tagalos dispuestos al ataque. Ante semejante amenaza, el capitán de las Moreras decide refugiarse con todos sus hombres en la iglesia del pueblo, único edificio que ofrecía ciertas garantías de seguridad y de defensa. Acompaña al destacamento el párroco fray Cándido Gómez Carreño, que también decide refugiarse en su iglesia.
 
Cuando amaneció el día 27, después de una larga noche llena de inquietud, una patrulla de exploración hizo una salida, comprobando que el pueblo había sido abandonado por sus habitantes; sólo se había quedado el maestro Lucio Quezón, que volvió con ellos al refugio de la iglesia.

[Imagen: BALER%20IGLESIA%201.jpg]
 
A partir de este momento, la iglesia de Baler se convirtió en un fortín perfectamente organizado para defenderse de un asedio que no tardaría en producirse, pues el día 30 sufrieron el primer ataque de los insurgentes filipinos, que hirieron en un pie al cabo Jesús García.
 
Se cavaron trincheras alrededor de la iglesia, se tapiaron ventanas, se reforzaron puertas y ventanas, se levantaron parapetos y en lo alto de la torre se estableció un puesto de vigilancia, incluso se empezó a perforar un pozo, que a los 4 metros de profundidad comenzó a manar agua potable, que era, sin duda, su mayor carencia, pues estaban bien abastecidos de alimentos y municiones.
Lo que no podían suponer los sitiados es que al encerrarse en aquella iglesia, confiando probablemente en que no tardarían en acudir tropas en su ayuda, daban comienzo a una épica defensa numantina, que se iba a prolongar durante casi un año entero.
 
Poco a poco, la situación del destacamento se empezó a complicar, debido, en primer lugar, al continuo hostigamiento de los tagalos, que disparaban impunemente contra la iglesia desde las casas más cercanas del poblado, llegando incluso a bombardearla con cañones españoles capturados en Cavite por los rebeldes, causando daños en el tejado y las fachadas del edificio, que sus defensores tuvieron que apresurarse a reparar; por suerte, entre los soldados sitiados había canteros y albañiles que pudieron afrontar con éxito las tareas de reparación. 

Afortunadamente, también había cocineros y panaderos que se ocupaban de la intendencia; sastres que trataban de conservar lo mejor posible los cada vez más andrajosos uniformes y hasta un zapatero que trataba de reparar las destrozadas alpargatas. Otro gran problema apareció cuando los alimentos que tenían almacenados se empezaron a deteriorar al no poderlos conservar en condiciones normales por falta de sal, aumentando considerablemente el riesgo de contraer enfermedades infecciosas, como el beriberi y la disentería. La primera víctima del terrible beriberi fue el teniente Zayas, que falleció el 18 de octubre de 1898; poco después, el 22 de noviembre, por las mismas causas le siguió el capitán de las Moreras, por lo que el teniente Cerezo tuvo que hacerse cargo del mando. Ambos oficiales fueron enterrados con honores militares.
 
La cada vez más crítica situación obliga a los sitiados a efectuar dos salidas, una para destruir una casa cercana, desde la que los asaltantes les acribillaban impunemente y otra en busca de verduras y hortalizas con que mejorar su cada vez más deficiente alimentación, que iba minando seriamente su salud y su resistencia física. En esta última salida aprovecharon la sorpresa y el desconcierto de los tagalos para pegar fuego al resto del poblado, con lo que consiguieron mejorar su posición defensiva, al ampliarse considerablemente el espacio entre los atacantes y los defensores. También consiguieron apoderarse de algunas calabazas y otras hortalizas que les sirvieron para mejorar su dieta y paliar momentáneamente los terribles efectos del beri-beri.
 
Pero el asedio continuó y los intentos realizados por los casi 800 tagalos atacantes, al mando del coronel Calixto Villacorta, para apoderarse de la iglesia fueron rechazados una y otra vez por el heroísmo de los soldados españoles, que preferían morir antes que rendirse. Sin embargo, dentro del recinto de la iglesia la situación era cada vez más desesperada; el terrible beriberi, al que se unió la disentería, fueron diezmando a sus ocupantes, causándoles hasta 14 bajas, a las que hay que añadir tan sólo dos por los disparos de los atacantes. Como es de suponer, el resto de aquellos esforzados defensores también se encontraba afectado por las enfermedades, o en un estado físico calamitoso, casi incapaces de sostener un fusil entre sus manos. Se produjo la deserción de un sanitario filipino, que se apresuró a comunicar a sus paisanos la triste situación de los sitiados.

[Imagen: filipinas-696x465.jpg]
Ilustración del asedio a 'Los últimos de Filipinas' en el fortín de Baler
 
En semejante situación, tampoco se enteraron que eran los últimos combatientes de una guerra que España ya había perdido ante el avasallador poderío militar yanqui. El teniente Cerezo se negó a dar crédito a los diferentes emisarios que se acercaron a parlamentar, asegurando que la guerra había terminado y también la ocupación española en las islas; pensó que eran burdas mentiras de los filipinos para conseguir su rendición. Finalmente, el 1 de junio de 1899 se presenta el teniente coronel español Aguilar Castañeda, que le entrega unos periódicos españoles que reflejan detalladamente la capitulación del Ejército español en Cuba y en Filipinas.
 
Ante semejante evidencia, el teniente Cerezo reúne a su harapienta y maltrecha tropa para informarles de la nueva situación y les propone entregar el puesto que tan heroicamente habían defendido, pero exigiendo una honrosa capitulación, para lo que redacta el siguiente escrito: “Capitulamos porque no tenemos víveres, pero deseamos hacerlo honrosamente. Deseamos también no quedar prisioneros de guerra. Si no es así, pelearemos hasta morir, o moriremos matando”.
 
Aceptada inmediatamente su petición por el teniente coronel Simón Tecson, jefe de los sitiadores, el día 2 de junio de 1899 el teniente Martín Cerezo manda izar la bandera blanca de rendición, a la que respondió el toque de corneta de los sitiadores, acto seguido, los 33 supervivientes, con la bandera española a la cabeza, abandonan en formación la iglesia de Baler, que durante 11 largos meses habían convertido en una fortaleza inexpugnable. 
 
Los restos de la Compañía del Batallón Expedicionario de Cazadores nº 2, con el teniente Cerezo al frente, fueron recibidos con entusiasmo por los soldados filipinos, que les rindieron honores militares y les aclamaron al grito de “¡Amigos, amigos!”.
 
El 6 de julio, escoltados por los mismos soldados filipinos que les habían sitiado, llegaron a Manila, donde fueron recibidos por el presidente de la nueva y flamante República de Filipinas, D. Emilio Aguinaldo, que les expresa la profunda admiración que su valerosa gesta le ha causado, al tiempo que les informa sobre el Decreto firmado por él mismo sobre su capitulación, que dice lo siguiente:
 
“Artículo único: Los individuos de que se componen las citadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos, y en su consecuencia, se les proveerá por la Capitanía General de los pases necesarios para que puedan regresar a su país. Dado en Tarlak” a 30 de junio de 1899. El Presidente de la República: Emilio Aguinaldo.

[Imagen: _ultimosfilipinas_aa9398a9.jpg?6c10e8048...ff84d4d6f7]
Supervivientes del destacamento de Baler fotografiados el 2 de septiembre de 1899 en el patio del cuartel Jaime I de Barcelona 
 
El 29 de julio los últimos de Filipinas embarcan en el vapor “Alicante” rumbo a Barcelona, donde llegan el 1 de setiembre. Su increíble odisea había llegado a su final, ahora les tocaba recibir gloria y honores.
 
Los restos de los 17 enterrados en la iglesia de Baler fueron exhumados el 9 de noviembre de 1903 y enviados ese mismo año a España en el vapor filipino “Isla de Panay”
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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Una guerra desconocida 

HOY SE CUMPLEN 100 AÑOS DEL INICIO DE ESA GUERRA QUE ACABÓ EN VICTORIA POLACA
Guerra Bolchevique: así es como Polonia frenó el avance del comunismo en Europa
@ElentirVigo [Imagen: eng_flag_100x100.png]EnglishJue 14·2·2019 · 7:03  1

[Imagen: 32146233837_06943e5158_b.jpg]

Tal día como hoy, el 14 de febrero de 1919, fuerzas polacas y bolcheviques protagonizaban el primer combate de una guerra hoy olvidada por muchos: la Wojna Bolszewicka o Guerra Bolchevique.

El Milagro del Vístula, 1920: cuando la católica Polonia detuvo la invasión soviética de Europa


También conocida como Guerra Polaco-Soviética, esta contienda duró dos años y enfrentó a Polonia con la Rusia soviética. La República polaca había recuperado su independencia el 11 de noviembre de 1918, tras el final de la Primera Guerra Mundial. Habían pasado 123 años después de que tres potencias se repartiesen su territorio en 1795: el Imperio austríaco, el Reino de Prusia y el Imperio ruso. Sin embargo, el fin de la Guerra Mundial no significó el inicio de un periodo de paz.

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Fragmento de un cartel polaco de 1920, con el lema “Do broni” (A las armas). El soldado polaco aparece con un escudo redondo como el de los espartanos, haciendo frente a un enemigo superior en número. Un símbolo del espíritu guerrero de los polacos y de la identificación que hizo la propaganda polaca entre esta guerra y la Batalla de las Termópilas, ambas decisivas para frenar la invasión de Occidente.

Los planes de Lenin para extender el comunismo por Europa
Los bolcheviques aspiraban a recuperar parte de los territorios del antiguo Imperio ruso que se habían perdido con el final de la Guerra Mundial y la caída del zarismo, entre ellos las Repúblicas bálticas, Finlandia, Bielorrusia, Ucrania y gran parte de Polonia. Pero los planes de Lenin iban más allá: la ofensiva bolchevique pretendía extender el comunismo por toda Europa. El escenario era propicio para los planes expansionistas del primer dictador comunista. En 1918 estalló en Finlandia una guerra civil que enfrentó a conservadores contra comunistas, recibiendo estos últimos, sin éxito, el apoyo de los bolcheviques rusos. En enero de 1919 estalló el Levantamiento Espartaquista en Alemania, protagonizado por los comunistas aprovechando la descomposición del país tras su derrota en la Primera Guerra Mundial. En marzo de ese año se proclamó la efímera República Soviética Húngara, que sólo duraría unos meses. En mayo estalló en Rumanía la rebelión bolchevique en Bender, y en agosto comenzó en Italia la serie de revueltas del Biennio Rosso, inspiradas en la Revolución bolchevique de Rusia. Europa parecía un polvorín.

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En este lugar del Cementerio Parroquial de Szczuczyn descansan los restos de los seis primeros soldados polacos que cayeron en la lucha contra el comunismo el 16 de enero de 1919. Un mes después comenzó la Guerra Polaco-Soviética, cuando el Ejército polaco frenó el avance bolchevique en Szczuczyn (Foto: Ministerio de Defensa de Polonia).

Los primeros caídos en la lucha de Polonia contra el comunismo
La ofensiva bolchevique para extender el comunismo por Europa empezó en noviembre de 1918, en cuanto Lenin tuvo noticias del estallido de la Revolución Alemana que derrocó a la monarquía en ese país. En los meses siguientes Estonia, Lituania, Letonia y Bielorrusia fueron cayendo en manos de los bolcheviques. Polonia tenía el enemigo a sus puertas: sería la siguiente en caer, junto con Ucrania. Aquel primer combate de las fuerzas polacas contra las bolcheviques el 14 de febrero de 1919 se produjo en la localidad bielorrusa de Mosty, cerca de Szczuczyn. La localidad había estado en manos alemanas durante la Primera Guerra Mundial, y al terminar ésta, en noviembre de 1918 el teniente Bolesław Lisowski fundó una organización militar polaca, la Samoobrona Szczuczyńska (Autodefensa de Szczuczyn), formada por 60 hombres armados con pistolas y escopetas con el fin de defender la localidad frente a los bolcheviques.

Los alemanes aún tenían presencia militar en Szczuczyn cuando llegó el Ejército Rojo a la localidad, concretamente por la finca Lebiodka, el 16 de enero de 1919. En el primer enfrentamiento entre los bolcheviques y los voluntarios de la Samoobrona Szczuczyńska resultaron muertos seis soldados polacos: el alférez Stefan Krydel, el cabo primero Stanisław Szalewicz, el cabo Józef Mejłun y los ulanos Julian Libich, Wiktor Szkop y Stanisław Wojciechowski. Fueron los primeros caídos en la lucha de Polonia contra el comunismo. Sus cuerpos aún reposan en una tumba común en el Cementerio Parroquial de Szczuczyn, junto a una gran cruz de madera, en tierra polaca, junto a una losa de granito en el que se lee la palabra “Bohaterowie” (Héroes). El 14 de febrero, con los alemanes en retirada, el Ejército polaco logró frenar el avance de los bolcheviques.

[Imagen: 33213055738_5edb0c6fd8_c.jpg]

El Jefe del Estado polaco, Józef Piłsudski, pasando revista a las tropas polacas en la Plaza Łukiska de Vilna, el 19 de abril de 1919. Piłsudski fue el gran artífice de la victoria polaca en esta guerra, aunque no vio materializarse su sueño de la “Międzymorze”, una federación de naciones que fuese desde el Mar Negro hasta el Mar Báltico, creando un gran muro de contención contra el bolchevismo.

La liberación de Vilna y de Kiev y la ‘Międzymorze’ soñada por Piłsudski
En marzo de 1919 el Ejército polaco pasó al ataque, capturando Vilna (entonces parte de Lituania, pero ciudad cuya población era mayoritariamente polaca) el 21 de abril. En enero de 1920, fuerzas polacas y letonas vencieron a los bolcheviques en la Batalla de Daugavpils, en Letonia. El 24 de abril de 1920 empezó una ofensiva conjunta de las fuerzas polacas y ucranianas en Ucrania, logrando expulsar a los bolcheviques de Kiev el 7 de mayo. El Jefe del Estado polaco, Józef Piłsudski, tenía en mente la creación de una federación denominada “Międzymorze” (Entremares), que federase a los antiguos territorios de la Confederación Polaco-Lituana (Polonia, Lituania, Ucrania y Bielorrusia), lo que crearía un sólido muro estratégico contra el expansionismo bolchevique desde el Mar Negro hasta el Mar Báltico, pero finalmente la idea no cuajó.

La ofensiva bolchevique de 1920 y la escasa ayuda exterior a Polonia
A finales de mayo de 1920, el Ejército Rojo contraatacó. El 13 de junio capturó Kiev, desatando una brutal represión contra el pueblo ucraniano. El 19 de julio cayó Grodno, en Bielorrusia. Finalmente, el Ejército Rojo invadió suelo polaco. Los aliados de Polonia eran muy escasos. Francia y el Reino Unido enviaron asesores militares, entre los que estaba Charles de Gaulle, que lideraría a las fuerzas de la Francia Libre en la Segunda Guerra Mundial. Francia también envió tanques Renault FT-17 a Polonia, siendo ésta la primera guerra en la que las fuerzas acorazadas tuvieron un papel importante. Hungría, un país históricamente hermanado con Polonia, se ofreció a enviar 30.000 jinetes en apoyo de sus aliados polacos, pero el gobierno checoslovaco se negó a permitirles pasar por su territorio. Además, un grupo de 16 voluntarios estadounidenses, un canadiense y cuatro pilotos polacos formaron la 7ª Escuadrilla Kościuszko, denominado así en honor al militar polaco que había combatido a favor de los americanos en la Guerra de Independencia de Estados Unidos.


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Algunos de los pilotos de la 7ª Escuadrilla Kościuszko junto a un biplano Ansaldo A.1 Balilla. Subidos al tren de aterrizaje están Władysław Konopka (izquierda) y Kenneth M. Murray (derecha). Delante del avión aparecen, de izquierda a derecha: Jerzy Weber, Antoni Poznański, Zbigniew Orzechowski, Edward C. Corsi, George M. Crawford, John C. Speaks, Elliott W. Chess, Earl F. Evans, John I. Maitland, Aleksander Seńkowski y Thomas H. Garlick.

La Batalla de Varsovia: el “Milagro del Vístula”
El 10 de agosto de 1920 los bolcheviques cruzaron el Vístula. El día 14 el Ejército polaco logró contener el avance rojo en Ossów, a sólo 23 kilómetros de Varsovia, en una acción heroica en la que falleció el sacerdote Ignacy Skorupka, que animó a avanzar a los soldados empuñando un crucifijo. Parecía que Polonia iba a sucumbir, pero el día 15, en una durísima batalla, el Ejército polaco hizo un movimiento sorpresivo y su caballería puso en fuga a los bolcheviques, desbaratando la ofensiva del Ejército Rojo. El 15 de agosto se celebra el día de la Asunción de la Virgen, por lo que en Polonia conocen esa victoria en la Batalla de Varsovia como “el Milagro del Vístula”. En su honor, cada 15 de agosto se celebra el día de las Fuerzas Armadas polacas. La victoria polaca fue tan demoledora que la Rusia bolchevique temió que Polonia, enardecida, invadiese Rusia. El gobierno de Lenin pidió la paz, y en octubre se declaró un alto el fuego. Finalmente, Rusia y Polonia firmaron el Tratado de Riga el 18 de marzo de 1921, que delimitaba la frontera entre ambos países de forma muy parecida a como había sido en 1772.

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Cuadro “Cud nad Wisłą” (Milagro del Vístula), pintado por el polaco Jerzy Kossak en 1930. La obra representa la victoria polaca en la Batalla de Varsovia el 15 de agosto de 1920. En el cuadro vemos a las fuerzas militares polacas, que también incluían a mujeres (abajo en el centro) y jóvenes scouts (abajo a la izquierda), cargando contra los bolcheviques. En el centro del cuadro aparece el capellán militar Ignacy Skorupka levantando el crucifijo en su famosa acción del 14 de agosto de Ossów, en la que encontró la muerte. En lo alto del cuadro, entre las nubes, aparece la Virgen María. Que esta inesperada y difícil victoria coincidiese con el día de la Asunción de María fue interpretado por los polacos como un signo de la divina providencia.

Lo que Europa debe al sacrificio y la valentía de los polacos
La derrota soviética a manos de Polonia tuvo unas consecuencias históricas muy importantes. Lenin abandonó sus planes expansionistas y adoptó la política de “socialismo en un solo país”.Gracias al sacrificio y valor de los polacos, el imperialismo comunista fue frenado y no regresó hasta la Segunda Guerra Mundial, dos décadas después. Por otra parte, esta guerra fue más que un enfrentamiento territorial, pues en ella chocaron dos visiones diametralmente opuestas de la sociedad y del mundo: Polonia es un país fervientemente católico, y Rusia estaba sometida a un régimen comunista y ateo. Para Polonia esta victoria fue una reafirmación en su identidad nacional como país cristiano. Y precisamente tal vez por ello, esta guerra tan decisiva en la historia de Europa ha sido olvidada por muchos, salvo por los polacos. Edgar Vincent, uno de los representantes británicos en Polonia durante aquella guerra, escribió años después: “La historia de la civilización contemporánea no conoce un evento de mayor importancia que la batalla de Varsovia, 1920, y ningún otro cuyo significado haya sido más menospreciado”.

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Soldados polacos tras la victoria de la Batalla de Varsovia del 15 de agosto de 1920, mostrando las banderas capturadas a los bolcheviques.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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¡Gracias por la información!
 
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Una guerra olvidada para entender lo que le ha costado al pueblo polaco alcanzar su independencia, entender su ferrea resistencia a la ocupacion comunista durante la guerra fria y su profundo catolicismo.

Big Grin Big Grin Big Grin
 
"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".
 
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