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La Guerra de la Triple Alianza
#41
El Licenciado Del Pino Menk debe de ser de lo historiadores que mas sabe sobre la Guerra de la Triple Alianza ademas de ser un experto uniformologo.
La conferencia es abierta todos los que quieran acercarse al museo militar de Soriano Y Paraguay el viernes 21 a las 1830 hrs.

[Imagen: JKv2UCE.jpg]

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"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".
 
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#42
Batalla de Boquerón del Sauce, Guerra de la Triple Alianza

Aquí nuestra infantería escribió una pagina de gloria y valor frente al vivo fuego del enemigo y el héroe máximo de la misma rindió su vida al asaltar las trincheras paraguayas, el Coronel León de Palleja


Descripcion de la batalla


Cruenta Batalla librada por los aliados contra SOLANO LÓPEZ durante la Guerra con Paraguay, donde son derrotados por las fuerzas paraguayas y obligados a retirarse, dejando gran número de sus efectivos muertos en el campo de esta batalla, que fue escenario de una de los más duros enfrentamientos que se produjeron en esta contienda, especialmente recordado por la heroica muerte que allí encontró el jefe del Batallón Florida, de la División Oriental, el Coronel LEÓN DE PALLEJA, militar de origen español y veterano de las Guerras Carlistas, uno de los oficiales más profesionales y capaces del Ejército Uruguayo.

El 18 de julio de 1866, habiendo dejado 30 kilómteros  sur el caudaloso río Paraná, efectivos del Ejército Aliado, avanzaron hacia el Norte, por el camino de la margen oriental del río Paraguay, en busca del enemigo, con la intención de desalojarlo de sus posiciones, en el Boquerón del Sauce, donde se hallaban fuertemente atrincherados.
Las vanguardia del Ejército Paraguayo, al mando del Mariscal SOLANO LÓPEZ, para llegar a ese lugar, se había internado por sinuosos senderos selváticos que sólo ellos conocían, confluyendo hacia un punto de emboscada donde el camino torcía al Este conformando un “boquerón” (una abertura grande en la espesura del monte), vía que tenía unos cuarenta metros de ancho, encajonada entre muros de árboles enmarañados que le daban un aspecto sombrío y premonitorio de desastre. 

Allí esperaban a los aliados protegidos por un foso en una trinchera resguardada con un alto parapeto y defendida por un gran número de fusileros paraguayos, que contaban además, con el apoyo de 3 piezas de su Artillería.

Los efectivos aliados, compuestos por el Batallón Florida de la Brigada de Infantería Oriental, al mando del Coronel LEÓN DE PALLEJA, reforzado con dos Batallones de la Guardia Nacional de Argentina y una Compañía de Zapadores de Brasil, finalmente logran tomar contacto con el enemigo Y decididos a atacar, recorrieron  a “paso ligero” los cuatrocientos metros de aquella calle del infierno orillando los dos lados del camino, bajo nutrido fuego de metralla por el frente y por los flancos y el impacto directo de la Artillería, cuyas granadas estallaban causando grandes estragos entre los atacantes.
 
Pero tanto coraje no alcanzó y las tropas aliadas, luego de ser repetidamente rechazadas en sus ataques, debieron desistir y emprender el repliegue. Y allí surgió en toda su dimensión las capacidades profesionales y el coraje del Coronel DE PALLEJA, porque estando al frente de sus hombres en la primera línea, no se apercibió de la orden de retirada y siguió combatiendo hasta que comprendió lo peligroso de su situación. Ordenó entonces el repliegue y supo conducir a sus hombres en una retirada ordenada, siempre combatiendo, hasta que él mismo se vio rodeados por el enemigo.
 
De  pronto un disparo hecho casi a quemarropa, impacta en este bravo Coronel. Herido de muerte, cae de su caballo ante la angustia de sus oficiales y tropa del Florida, que habiendo acudido rápidamente, aunque no a tiempo para salvarlo, estuvieron junto a él, para acompañarlo con su respeto y afecto en los últimos instantes de vida. 
Ignorando la cercana presencia del enemigo y aún bajo fuego, todo el Batallón Florida, viendo a su jefe caído, formó en cuadro y le rindió homenaje presentando armas, protagonizando un acto de valor sin precedentes, para testimoniar lo que su jefe representaba para ellos.
 
A partir de entonces es que el recuerdo de nuestro héroe y su coraje ante la muerte vuelve a la vida, cuando los sones de la “Diana de León de Palleja”, creada para rendir honores al Patrono de la Infantería Oriental, se escuchan para festejar el Día de la Reina de las Batallas y para enmarcar el juramento de fidelidad a la Patria, que los cadetes de Escuela Militar de Uruguay prestan en ocasión de su egreso como Oficiales, mientras las salvas de cañón llevan a todos los confines de América, el mensaje de respeto y amor de un pueblo libre y valeroso, a uno de esos soldados que lo hicieron libre y valeroso.

[Imagen: BoqueronSauceBlog-2.jpg]
La imagen mas conocida de la batalla, cuando los hombres del Florida rescatan el cuerpo de su jefe y le rinden honores en plena batalla

[Imagen: images?q=tbn:ANd9GcTsa0cD82Ue1zpi5-KVnAh...yj2QLDiHBY]
El cuerpo de Palleja es trasladado a retaguardia por sus hombres
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#43
El 18 de julio de 1866, en los Campos Paraguayos de Boquerón del Sauce, se registraba uno de los episodios más recordados de nuestra historia militar… 

El Jefe de la Infantería Oriental, Cnel. León de Palleja caía en combate al frente de sus hombres y éstos formaron y le rindieron honores bajo el fuego enemigo… La devoción que aquellos rudos soldados demostraron a su Jefe muerto, el desprecio por sus propias vidas para rendirle el homenaje póstumo, nos mueve hoy a una profunda reflexión... aquel hombre que llevó a sus subalternos a ese gesto sublime, era la encarnación del verdadero Jefe, el que dirige con acierto a sus soldados en el peligro, el que vela por su preparación e instrucción, por su alimentación y equipamiento, el que siempre se preocupa por su situación personal, el que ríe y llora con ellos, el que sabe ser duro y estricto cuando hay que serlo, pero también condescendiente y amigo cuando ellos son afectados por las vicisitudes de la vida… 

Al igual que nuestro inmortal caudillo el Gral. Artigas, Palleja fue un verdadero Jefe, paternal y digno, que se ganó el respeto de propios y ajenos y, por sobre todo, el cariño y la veneración de sus subalternos…
Más de un siglo y medio ha pasado desde entonces, y cada 18 de julio los infantes evocan aquel hecho singular, buscando rescatar los valores de aquel ejemplar Jefe, sabedores de que sólo ganándose el respeto que da una vida de compromiso, de renunciamientos y de servicio a una causa superior, podrán satisfacer su vocación de soldados…

La infantería ha sido, es y será pilar fundamental de nuestro Ejército Nacional… sus integrantes han dado, a lo largo de nuestra historia, sobradas muestras de profesionalismo, lealtad y valor, lo que adquiere especial importancia en los tiempos que vivimos, en que resulta esencial redoblar esfuerzos para continuar con nuestra inexorable marcha tras las banderas de lucha que algún día enarbolaron nuestros antepasados, que no son otras que aquellas tendientes a lograr el respeto a nuestra soberanía e integridad territorial, asegurando a todos los orientales condiciones de vida dignas.

Integrantes del Arma de Infantería: 
Conscientes de la hora histórica que nos toca vivir y de que nuestra Institución es cada vez más la esperanza de los más desesperados, frente a quienes buscan nuestro debilitamiento y destrucción nuestra respuesta será siempre la de la cohesión, el compromiso y la total entrega a la Institución… que el ejemplo de aquel Jefe singular que un día como hoy entraba en la eternidad, que el espíritu de aquellos hombres que en lejanas tierras nos dieron una lección de hombría y heroísmo, que el recuerdo de quienes nos precedieron y todo lo dieron por una Patria libre, nos continúen marcando el camino a transitar y nos permita abrirnos paso a pesar de todas las dificultades en el cumplimiento de nuestra misión histórica.

Que siempre haya un infante a la altura de tales soldados, dispuestos a darlo todo por su Arma, su Ejército y su Patria…
Ex Comandante en Jefe del Ejército,
General de Ejército
GUIDO MANINI RÍOS

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#44
ANA RIBEIRO 
Clarines del pasado 

Cuando nuestros libros de Historia tratan del Paraguay es para mencionar los treinta años finales de la vida de José Artigas (1820-1850), repartidos entre Curuguaty y Asunción, o para referirse a la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870). 
Ni la Guerra del Chaco, ni la Provincia Gigante del Paraguay como la unidad territorial primera de toda la región rioplatense, ni la rica experiencia jesuita y misionera, ni la larga dictadura de Stroessner. 
La Guerra y Artigas son los temas que concitan la atención de algunos (pocos) historiadores y ensayistas uruguayos. Lo notable es la relación que hay entre estos dos hechos, aparentemente distantes e inconexos. 

Guerra Guazú la llaman los paraguayos, porque para ellos fue, por sobre cualquier otro rasgo, grande: en pérdidas humanas, territoriales y materiales; en dolor. 
Desde el primer momento se registraron crónicas sobre la participación de los contingentes uruguayos. Entre ellas se destacaron las páginas en que León de Palleja describió la dureza con que el territorio paraguayo recibía a los extranjeros: "Ha hecho hoy un día infernal. Un viento fuertísimo del nordeste levantaba nubes de arena y tierra y los traía sobre el campamento dejándonos ciegos. 
Todos estábamos cubiertos de tierra de pies a cabeza; nubes de moscas y hasta un calor sofocante, han hecho que pasáramos un día de los más crueles que puede imaginarse. 
La tropa, a causa de las bombas, hay que tenerla en las zapas, la arena los tapa y los sofoca". 

Por su parte, el coronel Cándido Róbido dejó un retrato de la resistencia ofrecida por los hombres de aquel territorio, al describir crudamente la batalla de Yatay: "Los paraguayos pelearon como unos tigres y se defendieron como leones, pero a pesar de eso los vencimos y el que no murió fue herido o prisionero, siendo pocos los que pudieron pasar a nado a una isla del Uruguay. 
Nuestra marcha, puede decirse, fue sobre cadáveres, pues estos infelices, dignos de defender mejor causa, difícilmente se rendían, había que matarlos". 

En 1885, el General Máximo Santos, que había peleado en Paraguay, decidió devolver los trofeos de guerra, porque entendió que esas escopetas, lanzas y banderas, rotas y manchadas de sangre, estaban expuestas al escarnio público. "Sentí pena, rubor, remordimiento" -explicó porque "esos trofeos podían haber significado para nosotros una gloria, pero en las condiciones actuales de pueblo a pueblo, no representaban sino una hiriente vanidad póstuma". 

Los trofeos fueron devueltos en 1885, registrándose devolución de banderas remanentes también en 1915 y 1930. Todas las veces provocaron en los paraguayos una enorme manifestación colectiva de emoción. Una concurrencia masiva de viudas, huérfanos, viejos soldados, niños. 
Una invariable cadena de vivas al Paraguay y al Uruguay, en profundo agradecimiento. 

El mismo Máximo Santos que devolvía los trofeos era el que iniciaba la deconstrucción de la leyenda negra antiartiguista creada desde la historiografía argentina por plumas como las de Mitre, el Deán Funes. Comenzó prohibiendo el uso del libro de Francisco Berra, un muy buen escritor argentino radicado en Uruguay, que era muy crítico con el caudillo oriental. 
Continuó luego con elogios y homenajes varios, que exaltaron la visión política, la obra, el valor militar y la representación plástica de Artigas, hasta darle el rostro que Blanes ideó para el caudillo del cual no habían daguerrotipos. 

Culminó proyectando un gran monumento que recién adquirió forma cuatro décadas más tarde, con el gigante de imponente cabalgadura proyectado por el escultor Zanelli. 
De tal forma se relacionaron los dos hechos, que en las visitas cívicas que se intercambiaban Uruguay y Paraguay, unos agradecían el asilo brindado al prócer nacional y otros la devolución de los viejos símbolos. 
Esos gestos le dieron entidad y reconocimiento a los paraguayos, a los cuales se les elogió lo que señalara Cándido Róbido: que pelearon como tigres. 

A ellos eso les valió de factor identitario, mientras que a los uruguayos, ese enemigo dignificado por su heroísmo y gratificado mínimamente con el gesto simbólico de devolución de los trofeos, les permitió tomar distancia respecto a un episodio incómodo para la memoria. 
A los intelectuales principistas, que tanto participarían en las polémicas que fueron encumbrando y rescatando el nombre de Artigas, ese "alivio" argumental les permitió mantener diferentes matices de opinión. 

Porque algunos entendían que la guerra había sido una necesaria misión civilizadora, como fundamentó en nombre del partido colorado el diputado Julio María Sosa, para quien la Triple Alianza representaba la civilización y el progreso y un acto de autodefensa del Uruguay ante el intento del Mariscal López por imponernos "toda la barbarie de un alma indígena". 
Mientras que otros - como lo haría Luis Alberto de Herrera- pensaban que había sido un "tremendo desastre" de graves consecuencias, "porque aniquilando al Paraguay perdimos un hermano y un aliado natural en las eventualidades futuras". 

Sin embargo, desde ambas posiciones políticas sobre la Guerra Guazú se evocaba a Artigas. El General Santos devolvió las ensangrentadas banderas, pero alineó la memoria del pasado en línea recta, estableciendo continuidad entre la gesta de Artigas, la Guerra Grande librada contra el tirano Rosas y la Guerra de la Triple Alianza contra el tirano Francisco Solano López. 
Mientas que L. A. de Herrera reclamaba justicia para los paraguayos señalando un claro camino a seguir: el mismo que Artigas en el pasado, el ensamble entre la "patria chica" y la "patria grande" americana. 
Lo curioso es cómo, en nuestro relato histórico se fue diluyendo la gratitud por el asilo brindado a Artigas en Paraguay, convirtiéndolo en un período de cárcel y castigo del héroe, que se engrandece en el sufrimiento de no poder regresar. Aunque más no sea para explicar ese cambio historiográfico, los tiempos actuales nos obligan a mirar a Paraguay con mayor detención. Nos lo debemos.

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#45
UN ARTIGAS EN LA TRIPLE ALIANZA.
Gabriel Pagani Lopez

[Imagen: nKJsKWh.jpg]

Teniente Teodoro Manuel Paulino Ferreira: 
Nació en Montevideo el 26 de enero de 1836, siendo sus padres el Dr. Don Fermín Ferreira y Doña Rosalía Artigas, hija del Capitán Manuel Artigas.
Llamado Teodoro en honor a su abuela paterna, Teodora Ferreira, Manuel por su abuelo el Capitán Artigas y Paulino por la conmemoración el 26 de enero de Sta. Paula.
Hizo sus estudios primarios en el Colegio Oriental, ingresando luego a la universidad de la República en el año 1851, recibiendo su título de Bachiller en Ciencias y Letras el 16 de abril de 1855.

De espíritu recto y laborioso dedicó sus actividades a la carrera de Agrimensor. Donde se hizo conocer adquiriendo una numerosa clientela, luciendo desde temprano sus dotes de caballero, respetuoso y dedicado.
Al comenzar la Cruzada Libertadora del Gral. Venancio Flores en el año 1863, su padre el brillante Dr. Fermín Ferreira se desempeñaba como rector de la Universidad, Presidente de la Junta de Higiene, del Instituto de Instrucción Pública y como Cirujano mayor del Ejército. De marcada y conocida tendencia colorada, fue deportado arbitrariamente a Buenos Aires, sin darle ni el tiempo a preparar su equipaje, resolviendo desde entonces tomar parte activa en la revolución como Presidente del Comité Revolucionario.

Es entonces que el joven Teodoro, acompaña a su familia a Buenos Aires. Y decide marchar con su padre al asedio de Paysandú donde el Dr. Ferreira atendía a los heridos.
Allí su contacto frecuente con otros ilustrados jóvenes que militaban en las filas revolucionarias, avivó sus sentimientos patrióticos, y decidió alistarse en el Ejército, valiente decisión que marcaría para siempre la vida de Teodoro. Se incorpora pues con el grado de ayudante en el Bn. “24 de abril” que comandaba el Coronel Wenceslao Regules, militar destacado en la defensa de Montevideo en 1844. Bajo sus órdenes el Teniente Ferreira hizo toda la campaña hasta su terminación en 1865. Considerada terminada su misión, resolvió solicitar la baja, a fin de volver de nuevo a sus tareas profesionales, siguiendo el deseo de su señora madre.

Un viejo amigo de la familia, Don Cayetano Álvarez, en carta fechada 8 de enero de 1865, felicitaba a Don Fermín y Doña Rosalía por la actuación Teodoro, y lo menciona como un
hijo de corazón grande, que no ha podido ver sus hermanos poner el pecho a las balas sin tomar el su parte.
Pero en los momentos que Teodoro Ferreira se disponía a hacer efectiva su determinación de volver al ejercicio de sus tareas profesionales, surge la “Guerra del Paraguay”. Y este joven como lo describe su hermano el también doctor Mariano Ferreira: “Juzgó poco decoroso dejar el servicio de las armas, al que accidentalmente se encontraba ligado, y obedeciendo a un sentimiento patriótico y de delicadeza, aplazó su retiro del servicio, hasta después de la primera acción de Guerra en que su honor quedaría a salvo”

Teodoro llevó consigo un diario de campaña. Donde describió los sucesos desde el 22 de junio de 1865, momento en que las tropas se embarcaban en el puerto de Montevideo, hasta el 16 de agosto día previo a la batalla, donde su nombre quedaría plasmado en la Historia.
Nos cuenta allí que siendo el 22 de junio a las 9 y media de la mañana, estando su Batallón acuartelado, les llegó la orden de marchar rumbo a los muelles de la aduana. 

Hace una gran descripción de la corporación de oficiales y a las compañías que cada uno integraba en la unidad. Nos dice que al salir del cuartel rumbo al puerto, el Coronel Regules hizo un alto dando vivas a la Republica, la Constitución y al Gral. en Jefe, Venancio Flores. Y Teodoro anota en ese momento en su diario los sentimiento que le afloraban como joven valiente: “….sentí una impresión mezclada de sentimientos agradables y desagradables a la vez, causadas por el entusiasmo de los vivas de la santa causa, por la que había empuñado las armas, como por el recuerdo de mis queridos padres y hermanos a quienes tenía que abandonar, causándoles con mi ausencia un verdadero pesar. Las lágrimas en ese momento me brotaban del corazón y que hice un esfuerzo por contener y disimular, me probaron una vez más que los sentimientos internos del alma, no deben ni pueden sofocarse; y que a la manera de un volcán se abren paso y se desbordan sin poderlos contener”

El pueblo seguía en forma numerosa y vitoreaba el pasaje de las tropas por las calles de la ciudad. Un número considerable de amigos salían de las filas y entre ellos su hermano Fermín cuyos brazos hicieron enternecer al joven Teniente.
Nos relata además que obtuvo el permiso del Cnel. REGULES para ir a despedirse de su familia con los cuales incluso almorzó, volviendo luego acompañado por su padre al muelle donde lo aguardaba en Cnel. y juntos abordaron el vapor que los aguardaba, partiendo a las cuatro y media rumbo a su destino.
Teodoro sigue describiendo en forma brillante un sin números de peripecias que en el viaje debieron sortear. Incluso al igual que el Coronel León de Palleja en su diario de campaña, ilustra las actividades de campo y ejercicio que se les asignaban a las Unidades.

Dentro de tantas peripecias y sacrificios Teodoro nos cuenta una anécdota que le sucedió en la ciudad de Salto el día 3 de julio entes de partir a Paraguay, y se refiere a ella en su diario como: “…Una graciosa aventura me paso antes de embarcarnos. Una mujer, hermana del infortunado Comandante Tomas VILA, que fue asesinado en Buenos Aires y que a consecuencia de la impresión que le causo la noticia de aquella desgracia, había perdido el juicio, no tanto sin embargo que se le pudiera notar a primera vista, se había enamorado de tal modo de mí, al conocerme en casa de la Sra. De Maroto, donde paraba el Coronel que no contenta con las demostraciones y declaraciones de cariño y amistad que me profesaba, se empeña en que había de recibir un recuerdo que consistía en un paquete cerrado, que por verme libre de sus impertinencias tuve que recibir. Lo abrí por curiosidad y me encontré con un pañuelo de hilo bordado por ella, cuatro pesos en papel y una media de ella, Vaya un presente amoroso me dije, y escapando como pude me fui al puerto donde me esperaba el Coronel. Allí supe que la pobre loca, en momentos en que se embarcaba el General, había ido al muelle y echándosele a los pies le había pedido por mí, rogándole que me mandase a Montevideo para ponerme fuera de peligro…”, triste premonición tal vez de lo que sucedería cuarenta y cinco días después.

[Imagen: GC1imbX.jpg]

Llegados ya el 16 de agosto de 1865, el aire de la Batalla ya se respiraba, formando líneas algunos batallones entre ellos el “24 de Abril”,…”Las tropas se encontraban llenas de entusiasmo cuando se formó la línea de Batalla, en aquel momento las bandas tocaron el Himno Nacional, prorrumpiendo entusiastas en prolongados vivas y poniendo los morriones en las puntas de la bayoneta…”.
Así relato Teodoro como se vivía en el campamento, donde la valentía, el entusiasmo y el patriotismo derrochaban aires por cada rincón del campo de batalla.

Continua relatando que “..a las ocho de la noche se dio orden para que a la diana el Batallón “24 de Abril”, estuviera pronto y vestido de gran parada mañana pues si el enemigo no se ha retirado en la noche, lo iremos a abatir donde quiera que este, y aun cuando se haya atrincherado en el pueblo Restauración:!un día de gloria nos espera!!Quiera el cielo concedérnoslo!. Dijo el valiente joven Montevideano.

Al día siguiente, 17 de Agosto de 1865, tuvo lugar en los campos de Yatay la batalla con la cual pagó caro su tributo de sangre a la Patria, el Teniente Teodoro FERREIRA quien ha muerto en la flor de la edad.
En luctuosa jornada en los campos de Yatay la Brigada de Infantería Oriental carga sobre las líneas paraguayas, el Batallón “24 de Abril” recibe una brava descarga de fusilería del enemigo, en este avance es herido el Coronel Wenceslao REGULES y a su lado yace inerte el cuerpo de su ayudante, el Tte Teodoro FERREIRA. Su amigo el Tte. y futuro General Zenón de TEZANOS, uno de los últimos miembros del extinto “Centro Guerreros del Paraguay”, en 1913 relata así esta dolorosa imagen de la muerte de su amigo Teodoro :
“Revoleando la espada que empuñaba su nerviosa mano de mozo de salón, calzada de guante blanco! Viva el 24 de Abril!”, estas fueron sus últimas palabras antes que un balazo en el ojo izquierdo lo tumbara de su caballo. Acto por demás valiente, muestra de hidalguía, coraje y arrojo que demuestra el fervor de su sangre, la misma sangre con la cual entrego su vida su abuelo y corría por su tío abuelo, el padre de la identidad oriental, la sangre ARTIGAS.
También el Coronel LEON DE PALLEJA, en su diario de la campaña de las fuerzas aliadas contra el Paraguay: menciona la triste situación “nuestras pérdidas alcanzaran a mí parecer a doscientos cincuenta hombres fuera de combate. Un Ayudante del 24 muerto gloriosamente de cara al enemigo…”.

Sus camaradas al sentir la pérdida de su amigo tratan de recuperar su cuerpo y lo encuentran “…casi perdido entre el barro, lleno de sangre, machucado por los pisotones…”, así vuelve a definir Zenón de TEZANOS el hecho “…yo abrazado con el cuerpo, apoyándole aquí sobre el hombro izquierdo la cabeza, cuya sangre se me pegaba en la ropa y en la cara, GURMENDEZ tirando el mancarrón que a gatas podía andar con sus tres patas, y CASALLA arriándolo y empujándolo cuando no podía más. Y así llegamos. Don Venancio estaba parado en su Estado Mayor, viendo pasar los heridos que iban trayendo de su campo de Batalla cuando pasábamos nosotros le llamo sin duda la atención el grupo. Quien es ese Oficial pregunto? El Tte FERREIRA, Ayudante del 24 de Abril, contesto GURMENDEZ. El General hizo un movimiento brusco, se sacó el sombrero… y se le saltaron las lágrimas. Tal vez vino de golpe a su memoria el recuerdo de la loca del Salto… ”

Luego de la tragedia, un sin número de cartas de pésame invadieron el hogar de la Familia Ferreira Y Artigas. Siendo una de las primeras la del propio jefe del Ejército de Vanguardia, el Gral. Venancio Flores: “Señor Dr. Fermín Ferreira. Uruguayana, agosto 22, 1865.
Mí querido amigo: El triunfo del 17 en los campos de Yatay sobre los Paraguayos, cuesta a Ud. muy caro y sus verdaderos amigos lloran con Ud. la pérdida de hijo querido. Pero que hacer mi amigo; no hay otro remedio que conformarse con la voluntad de Dios que todo lo puede. Como padre que he pagado ese tributo, se valorar cuanto sinsabor y pesar lo rodearán a Ud. en estos momentos y a su apreciable familia.
No obstante es necesario en momentos difíciles y de disgusto, hacerse superior a ellos y buscar la calma y tranquilidad de espíritu, en la resignación y conformidad en tales cosas.
Reciba Ud. en unión de su familia, el más sincero sentimiento por su inconsolable perdida y mande a su affmo. amigo y S.S.S. Venancio Flores”

Habiendo resuelto la familia Ferreira repatriar los restos de su hijo, fueron los mismos conducidos en el vapor Uruguay, propiedad del señor Leopoldo Arteaga, quien como nos cuenta el hermano de Teodoro, desempeño esa piadosa misión, con el mayor celo y desinterés, rehusando toda compensación.
Dirigiéndose a la familia de la siguiente forma: “Señor Dr. Don Fermín Ferreira, mi distinguido amigo: Tengo el mayor pesar de verme en la dura necesidad de renovar en Ud. y su distinguida familia, las profundas heridas que han dejado los sufrimientos causados por la pérdida del distinguido joven Teodoro. Sus restos inertes, vuelven al seno de la patria y dios quiera que si no sirven de consuelo a sus deudos al menos tengan el placer de poder orar sobre ellos. Tengo el honor de saludarlo con mi mayor aprecio, repitiéndome su amigo un affmo. S.S. Leopoldo Arteaga”
Varias publicaciones de periódicos de la Capital hicieron saber a sus lectores la llegada de los restos del infortunado y malogrado Oficial, como lo llamaron.

El 14 de noviembre de 1865 el gobierno dispone honores fúnebres: “Por el Ministro de Guerra y Marina con fecha de hoy se dice que este E.M.G lo que sigue: Estando en el puerto los restos del finado Teniente don Teodoro Ferreira y debiendo conducirse en la forma debida hasta el Cementerio; dará V.S. las ordenes necesarias para que se proporcione el carro fúnebre y demás que correspondan para llevar hasta su última morada los restos de ese benemérito oficial- Lorenzo Batlle”

El periódico “La Tribuna” le dedica varias líneas a lo que fue la tarde funeraria del sepelio de Teodoro, fiel reflejo de su personalidad y su carisma, rodeado de sus seres queridos, amigos y el pueblo en general que quiso darle el ultimo adiós a tan valiente Teniente que regresaba a su tierra amada rodeado de gloria. Así lo publica el periódico: “… el numeroso y selecto acompañamiento, que ayer, acudió a prestar el último tributo al que fue Teodoro Ferreira, bien probó la simpatía y popularidad extraordinaria que gozaba ese apreciable joven, conquistadas por las prendas de su carácter que le adornaban, por su honradez, por su ilustración, por las sanas doctrinas que profesaba en política. Realmente la muerte de Teodoro ha sido profunda y sinceramente sentida por todos los que tuvieron la dicha de tratarle; en sus relaciones sociales y en su trato de familia era un modelo. 

Sus padres, sus hermanos, al llorar esta prematura muerte, tienen al menos la consoladora satisfacción-si esto es posible- de ver de qué manera tan cordial era estimado por todos, lo cual, sino calma su aflicción, sirve al menos para que recuerden con orgullo su buena memoria. Dedicamos a las cenizas de este malogrado joven estas líneas, como la expresión de nuestro sentimiento”

Excelente descripción de la carismática personalidad de Teodoro, que sus amigos y compañeros decidieron resaltar con la construcción de un monumento a su memoria erigido en el Cementerio Central de Montevideo, donde hasta hoy descansas sus restos. Por tal motivo se pusieron en campaña, por medio de una suscripción pública se nombró una comisión compuesta del Dr. don José Ellauri y los señores don Blas Vidal y don José Tovalora, encargados de llevar a efecto el pensamiento. Con el propósito de recaudar fondos, se llevó a cabo en el Teatro Solís una función lirico-dramática.

Es así que el 17 de agosto de 1867, dos años después de la infortunada muerte de Teodoro, se erige con total concurrencia al cementerio donde aquel joven oficial encontró su último descanso. Familia, hermanos, amigos y el público concurrente vieron ante sus ojos la magnífica obra que el hábil cincel de Ferrari plasmó en mármol tan imponente escultura.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#46
Buenísimo!!! Muchísimas gracias por compartir y que conozcamos estas historias.

Sabía de la anécdota de "la loca de Salto" que presagiaba el final, pero no mucho más de la historia. Muy agradecido.
-- Invencibles combatieron el 8 de febrero de 1846 --
 
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#47
Creo que este episodio de la guerra de la triple alianza, mejor sería si no hubiese ocurrido.
No ?
 
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#48
(10-13-2020, 12:14 PM)Krody2 escribió: Creo que este episodio de la guerra de la triple alianza, mejor sería si no hubiese ocurrido.
No ?

Como todas las guerras...
-- Invencibles combatieron el 8 de febrero de 1846 --
 
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#49
(10-13-2020, 01:41 PM)Tosk escribió:
(10-13-2020, 12:14 PM)Krody2 escribió: Creo que este episodio de la guerra de la triple alianza, mejor sería si no hubiese ocurrido.
No ?

Como todas las guerras...

Fueron las circunstancias de aquel momento historico no se puede analizar sin ponerlo en el contexto de esa epoca. Una alianza para pagar favores contra un tirano demente como Solano Lopez.
Asi se escribe la historia en el mundo.

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