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Que eran realmente los tupamaros
#21
Una fiscal en banda
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Por Gabriel Pereyra
Mayo 22, 2017 05:00
La pobre actuación de la fiscal Llorente en el caso de las superbandas y su independencia

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N. Garrido
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Huidobro y Mujica en 2012

Un día a la fiscal Stella Llorente le cayó en sus manos la denuncia contra el extupamaro Héctor Amodio Pérez. Los ex compañeros de Amodio dicen que delató a varios y lo acusan de traidor. Llorente pidió el procesamiento de Amodio por privación de libertad y encontró en la jueza Julia Staricco una socia que aceptó el pedido. Por diversas razones, el pedido de procesamiento, que aún está en etapa de la apelación, llamó la atención. Hay variados testimonios de que otros tupamaros también delataron a sus camaradas pero nunca fueron ante la Justicia por ello.

Es harto complejo definir las razones que llevan a una persona a delatar a otra con el objetivo de que no lo torturen. En todo caso, si Amodio delató con el fin de hacerle daño al MLN, el Estado debería agradecerle el haber actuado a favor de las fuerzas del orden. Claro, eso si se sabe algo de historia, pero en el procesamiento se dice que en 1972 los militares actuaban al margen de la ley, cuando en realidad había una ley votada por el Parlamento que los habilitaba a actuar. Llorente y Staricco perderían un examen de historia.

La fiscal que se ensañó claramente con alguien que los tupamaros consideraban un traidor, cuando le tocó actuar contra los tupamaros lo hizo con un desgano que llama la atención y despierta suspicacias sobre su imparcialidad.

Con este asunto a sus espaldas en relación a un tupamaro, cuando su jefe, el fiscal de Corte, Jorge Díaz, le pidió a Llorente que indagara si hay relación entre los asaltos de la llamada superbanda en la década de los 90 con exmilitantes tupamaros, la magistrada quizás debió tomárselo con más seriedad de lo que luego demostró. Palabras más, palabras menos, Llorente le dijo a Díaz que revisando las actas judiciales de la época no encontró vínculo con los ex guerrilleros. Es tan obvio que si eso se desprendiera de las actas los jueces que actuaron en su momento lo habrían detectado, que la respuesta de Llorente parecería una broma si no fuera porque se la está dando nada menos que a su jefe.

Las sospechas de vínculos entre aquellos asaltos y el MLN surgieron luego de que la periodista María Urruzola publicó un libro sobre Fernández Huidobro. Algo similar habían publicado en sendos libros el periodista Federico Leicht y el politólogo Adolfo Garcé. Llorente no se tomó el trabajo de citar a estos autores (ni aparentemente de leer sus textos), ni convocó a tupamaros o a protagonistas de la época para indagar un poco, más no fuera para hacer la mímica de que le importaba.

La fiscal que se ensañó claramente con alguien que los tupamaros consideraban un traidor, cuando le tocó actuar contra los tupamaros lo hizo con un desgano que llama la atención y despierta suspicacias sobre su imparcialidad. La decadencia en la calidad de los servicios estatales es evidente en varias áreas, pero cuando se constata en el sistema de Justicia se encienden luces amarillas, ya que de ello depende la fortaleza del Estado de Derecho.

Con el nuevo Código del Proceso Penal los fiscales cobrarán mayor peso en los juicios y serán ellos los encargados de encabezar las investigaciones. En el actual sistema jueces y fiscales prácticamente actúan con una unión de hecho y son aisladas las veces que tienen grandes discrepancias. Con fiscales como Llorente más vale que el Poder Judicial fortalezca su independencia del Ministerio Público, sino va a pasar lo que decía Francisco de Quevedo: "Donde hay poca justicia es un peligro tener razón".

Big Grin Big Grin Big Grin
 
"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".
 
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#22
Tupabandas y mentiras
La verdad histórica ha interesado muy poco en el relato oficialista y de algunos historiadores funcionales en los últimos años. El papel de los tupamaros y de la izquierda antes y después de la dictadura, se ha transformado en una acumulación de mentiras.

24 jun 2017
Las recientes investigaciones acerca de ciertas acciones delictivas de los años 90 situaron en el centro de la atención política, una vez más, al relato sobre la Historia reciente del país y el papel que en particular han ocupado los Tupamaros en los últimos 60 años. Infelizmente, la extendida versión que se ha hecho hegemónica en estos años no siempre condice con la verdad histórica, sino que es un cómodo relato funcional a los intereses partidarios frenteamplistas, y sobre todo, a la acción de los Tupamaros.

Esta acumulación de mentiras toma inicio por lo general en la narración de lo ocurrido en los años sesenta, ya que los relatos oficialistas y de distintos historiadores omiten señalar que la acción guerrillera desestabilizadora de la institucionalidad del país comenzó en democracia y bajo un gobierno colegiado de mayoría del Partido Nacional.
Todas las garantías individuales se verificaban; la más amplia libertad de prensa era constatable; nuestra democracia era de las mejores del mundo; y el Estado de Derecho era respetado: fue contra ese país que, en 1962, se alzaron quienes luego pasarían a llamarse Tupamaros.
La acumulación de mentiras tiene predilección luego por el período 1968- 1973. Allí la versión hegemónica es que la izquierda y los Tupamaros multiplicaron sus acciones guerrilleras como respuesta al creciente autoritarismo estatal y que fueron siempre contrarios a cualquier golpe de Estado.

Sin embargo, varias investigaciones han ido dejando claro que nada de eso es verdad. La acción represiva de la policía hasta 1971, si bien con excesos constatados, buscó defender la institucionalidad frente a la violencia revolucionaria de izquierda; la principal dirigencia tupamara pactó con los militares en 1972, lo que derivó incluso en que torturaran en conjunto a lo que ellos creían eran representantes de la "rosca financiera"; el Frente Amplio en general simpatizó luego con el golpe de Estado de febrero de 1973; y la organización tupamara estaba esencialmente desmantelada a mediados de 1973, por lo que nunca jamás tomaron acciones contrarias al golpe de Estado.
Más adelante, para el período dictatorial, el relato de izquierda ha querido hacer creer que toda la resistencia al régimen de facto fue sobre todo frenteamplista y que toda la represión fue sobre todo contra la izquierda.

Si bien efectivamente ella sufrió relativamente más que el resto el exilio y la prisión, es también muy cierto que principales dirigentes blancos y colorados fueron reprimidos y atacados por la dictadura y sus apoyos paramilitares: el caso más elocuente y más trágico en el país seguramente haya sido el intento de asesinato con vino envenenado, en 1978, de la plana mayor de la dirigencia del Partido Nacional, que terminó con la vida de la madre del actual presidente del Directorio blanco.
Para la salida de la dictadura por supuesto que el relato izquierdista también acumula mentiras y medias verdades importantes. Sobre todo omite el papel protagónico del Frente Amplio en el pacto del Club Naval en agosto de 1984. La izquierda pactó con Wilson Ferreira preso; y calló cuando el mayor representante militar en esas negociaciones declaró que gracias a ese pacto no se exigiría ninguna responsabilidad por violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, en ningún manual ni en ningún relato de Historia reciente actual esto está claramente establecido, analizado y evaluado.

Al parecer, pudo haber llegado ahora el tiempo de arrojar luz sobre las mentiras y los silencios acumulados del período 1985- 2005. Porque a pesar de que son datos que se han publicado sobre todo en distintas investigaciones periodísticas, los relatos hegemónicos de historia reciente omiten información importante de ese período. Por ejemplo, que la acción de los tupamaros fue financiada con dineros del exterior, cuyos orígenes a veces provenían de grupos terroristas como la ETA de España; que algunos tupamaros mantuvieron entrenamiento militar, por ejemplo en la Libia de Gadafi; o que en la asonada del Filtro en apoyo de integrantes de la ETA, que contó con el explícito beneplácito de los principales dirigentes frenteamplistas en agosto de 1994, los tupamaros tenían previsto un "baño de sangre" en su violenta confrontación con la policía.
Si se logra dejar en claro ahora que en buena parte de esos 20 años los Tupamaros financiaron su actividad política con violentos asaltos, habremos avanzado un poco más en conocer la verdad histórica, a pesar de la acumulación de mentiras de la izquierda.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#23
Tupabandas: El Policía más buscado
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Eduardo Vica Font decidió por sí mismo no continuar la línea política de investigación de las Tupabandas por sentirse sin respaldo ante el pedido de un superior jerárquico de la policía, y por este motivo al poco tiempo abandonó la función pública. Explicó que de seis bandas que operaban en la época, cuatro estaban integradas por personas vinculadas al MLN –T y que a diferencia de las integradas por policías, estas organizaciones criminales no dejaron rastros del dinero. Aclaró que lo robado por el conjunto de las bandas fue de alrededor de dos millones de dólares. Le contestó al expresidente José Mujica y al ministro del Interior Eduardo Bonomi sobre las “Clínicas clandestinas” diciendo que estaba enterado pero que era jurisdicción de Orden Público y no de Hurtos y Rapiñas (departamento que él dirigía) investigar este tipo de delitos.


El excomisario Eduardo Vica Font dijo en Rompkbzas que había 6 grupos delictivos, "dos bandas que no tenían nada que ver con las Tupabandas que no terminamos de identificar plenamente. Hay personas procesadas, otras que fallecieron o murieron en intercambios de disparos".

"Fírmelo, amigo. Yo no hablo por hablar", dijo, confirmando que las bandas estaban integradas por integrantes del MLN.

Sobre el conocimiento de los hechos de Mujica y Huidobro, Vica Font destacó que "eso lo dijo la exnovia de un colombiano que murió en la casa de citas Goes, luego estaba la que comandaba Luis Alberto Oriol, un 'tupa' reconocido que incluso integró las tropas cubanas en el Congo. Otero, el dueño del bar, habló de Fernández Huidobro y ahí fue la primera vez que escuché sobre Mujica. En esa época pasábamos a la Justicia cuando teníamos semiplena prueba. Yo no logré la semiplena prueba", agregó Vica Font.

El expolicía Vica dijo que alguien con jerarquía dentro de la Policía "le sugirió que abandonara las investigaciones. Yo acepté porque no había apoyo. De ahí a que me hayan ordenado, es otra cosa. Yo siempre fui un subalterno de decir 'sí señor, pero' y eso me causó problemas. Recurrían a mí cuando la cosa se ponía complicada. En un año liquidamos el tema", agregó.

Contó que la última banda cayó en el año 2000 en la esquina de Islas Canarias y Garzón y estaba integrada por algunos tupamaros históricos. Según el reporte de LR21 de la época, el tiroteo se dio el viernes 24 de marzo del 2000: "Sobre las 17 horas se desató una infernal balacera sobre la calle Islas Canarias y la avenida Garzón, entre personal de la Brigada de Asaltos y los pistoleros. La intervención policial fue el corolario de un procedimiento iniciado por la presencia de un auto que despertó sospechas, estacionado sobre la primera arteria de tránsito nombrada".

"Hasta el rodado, sobre el cual se estableció que tenía las matrículas cambiadas, llegó una camioneta Fiat Fiorino, que tenía puestas las patentes del Fiat Uno, ocupada por tres individuos. Uno de ellos descendió de él armado con una metralleta, mientras que los restantes lo hicieron con bolsos. En ese momento entraron en acción los funcionarios, quienes al identificarse como tales fueron atacados por el poseedor de la metralleta", cuenta la crónica de LR21.

Vica Font expresó: "dígale a Bonomi de mi parte, que estoy retirado y jubilado, soy un ciudadano común. Yo elijo las órdenes que cumplo. Es lo mismo que ahora si un policía no cumple las órdenes, él lo cuelga en la plaza. Fue lo que pasó con el policía infiltrado en la reciente marcha estudiantil. Incumplió una orden y fue sancionado".
El 17 de junio el Ministerio del Interior, a través de una investigación administrativa de urgencia, determinó que un policía presente en la marcha estudiantil del pasado 9 de junio "no respetó el protocolo operativo" en lo relacionado a su identificación como Policía y el uso de cámaras filmadoras adecuadas y lo sancionó.
El expresidente José Mujica dijo a Telenoche que "Vica Font sabe de clínicas clandestinas", Bonomi no lo nombró pero señaló que "no estaban muy investigadas". "Habría que preguntarle a quien era el responsable de la investigación por qué no se investigaba", manifestó.
El expolicía les contestó en Rompkbzas: "Conozco de clínicas clandestinas, yo fui policía. Pero yo era jefe de Hurtos y Rapiñas, tenía que ver con ladrones, eso otro tenía que ver con Orden Público, yo no como en plato ajeno. Le levantaron mal la quiniela a Mujica en esta. Yo voy a un juzgado si quieren".

Fernández Huidobro le reconoció a Aureliano Folle que hablaba con la banda de la calle Grecia, dijo Vica Font. "¿Qué lo que digo no es cierto? No. No lo puedo probar", dijo.

El exfuncionario estimó que el botín general no fue más de uno o dos millones de dólares en total, contando las bandas, las polibandas y las tupabandas, logrado en estos violentos asaltos de la década de los 90's. "En la última banda que descalabramos en 2000 cayó (Rudemar Luis) Carbajal Monroe, un 'tupa' reconocido que se lo apodaba 'El Pájaro', que entró tirándole a todo lo que tenía vida en (setiembre del 1998 en la agencia del BPS del) Parque Posadas", dijo Vica. Los autores -menos uno- murieron en el tiroteo, pero por las armas y el modus operandi, fue la misma banda que asaltó el BROU de La Paloma. "Ese estilo era único de Carbajal Monroe. Ni siquiera de sus cómplices", dijo. Carbajal Monroe utilizó una cédula falsa que primero despistó a los efectivos que investigaban, a nombre de Ruben Sánchez Soria. El otro fallecido fue Wilde Almada Yorda.

Según consigna la crónica de LR21 del 27 de marzo del 2000, Juan Emilio Pérez Navarro, el sobreviviente, fue procesado con prisión por "un delito de asociación para delinquir en reiteración real, con un delito de homicidio en grado de tentativa".

El tiroteo se dio poco antes de que los delincuentes asaltaran un camión blindado que se acercaría al lugar pocas horas después.

Contó que en los allanamientos se encontró material vinculado al MLN. "Lo que me llamó la atención fue que en ninguna de las casas había algo nuevo. ¿Dónde estaba la plata?, ¿Qué se hizo? En los allanamientos de las bandas de policías encontramos cosas nuevas, un televisor, etc. Pero en estos casos nada, ni una birome. Llevaban 6 años asaltando bancos. ¿Dónde estaba la plata?", se preguntó.

En el allanamiento que nombra Vica Font se incautó "un chaleco antibalas y dos revólveres calibre 38 que habían sido hurtados a principios de este año durante un asalto a la sucursal del Banco de Crédito, ubicada en las calles Amazonas y Orinoco. También apareció una gran cantidad de cartuchos de armas de grueso calibre, material utilizado para la fabricación de granadas caseras y matrículas de automóviles falsas. En el fondo de la casa había un auto denunciado como hurtado en Montevideo", afirma la nota de la época.

"Gastamos todo el tiempo desarmando esas bandas poniéndolos a buen cobijo en el penal. Después del 98 no hubo otro asalto más, salvo el de Carbajal Monroe en el 2000", sentenció el policía.

Habría que haber seguido la ruta del dinero con tiempo y con paciencia podría haber llevado a aclarar los hechos, dijo. Vica Font aseguró que poco tiempo después de haberle sido "sugerido" el abandono de la investigación, decidió retirarse.

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#24
Vale la pena recordarlo.....
Un país agredido por los tupamaros

Antonio Mercader
Como mañana se cumplen 54 años del primer atentado tupamaro y visto que el relato de cierta izquierda insiste con que Sendic, Mujica y compañía se alzaron contra un posible golpe de Estado militar en un Uruguay deplorable, vale recordar cómo era nuestro país el 31 de julio de 1963. Ese día los guerrilleros robaron armas del club de Tiro Suizo, en Colonia, para iniciar la revolución contra el poder ejercido por el Consejo Nacional de Gobierno, especie de minisenado con un presidente rotativo que en aquel año era Daniel Fernández Crespo.
Ese gobierno colegiado a la suiza, de poca eficacia pero con fama de conducir a uno de los países más democráticos del mundo, era la cabeza de la hidra que los tupamaros querían cortar y sustituir por un régimen castrista al estilo de su idolatrada tiranía cubana.

Aparte de Fernández Crespo (un político muy popular en Montevideo, ciudad de la que fue Intendente), había otras figuras del Partido Nacional denostadas por los tupamaros. Entre ellas figuraba el ministro de Hacienda, Salvador Ferrer Serra, criticado porque la inflación llegaba al 10%; Wilson Ferreira, ministro de Ganadería y verdadero “premier” del gobierno que planeaba la reforma agraria; y el ministro de Instrucción Pública, Juan Pivel Devoto, el gran historiador.

Tras el Tiro Suizo los tupamaros detonaron bombas en casas de varios consejeros de Gobierno, entre ellos Washington Beltrán y Luis Gian-nattasio, miembros de un Ejecutivo tildado en los panfletos guerrilleros de “reaccionario” y “cipayo”. Así las gastaban nuestros castristas, fanáticos de la “teoría del foco” según la cual una elite de iluminados podía, a punta de pistola, generar las condiciones para la revolución.

Aquel Uruguay calificado como el “país de las clases medias” era considerado un vergel en la región. Montevideo, “la ciudad sin rejas” se jactaba de ser “la capital más segura de América del Sur”, según Interpol. La esperanza de vida de los uruguayos era de nivel europeo (75 años) al igual que la distribución del ingreso. El desempleo rondaba el 8%, cifra que miembros colorados del Consejo de Gobierno tan “oligárquicos” como Oscar Gestido y Amílcar Vasconcellos reprochaban a los blancos.

En sus proclamas los guerrilleros hacían carne en datos de ese género así como en lo que llamaban “falta de proyecto de país”, infundada acusación pues en aquel invierno del 63, un joven contador, Enrique Iglesias, montaba la legendaria CIDE (Comisión de Inversión y Desarrollo) que no solo haría el primer retrato de la realidad nacional sino también un meditado programa de reformas.

Pero los tupamaros no querían reformas sino la lucha armada como lo probaban los muros pintados con frases como “el poder está en la boca del fusil”. Por eso, en la noche de aquel 31 de julio robaron del solitario depósito de un club de campo dos docenas de fusiles con los cuales pertrechar a su guerrilla. De ese modo, aquel robo del Tiro Suizo fue el primer golpe de los tupamaros contra la democracia uruguaya. Otros muchos asestarían en los diez años siguientes hasta desencadenar el golpe de Estado que -cual profecía autocumplida- terminarían por causar.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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