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Que eran realmente los tupamaros
#31
Nadie se anima a hacer un programa de TV con la historia real bien documentada ?

Que las nuevas generaciones sepan quien es quien !

Mantener en la memoria estos hechos sirven para que nadie tuerza nuestra historia.
 
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#32
EL DESFILE QUE NO SE HIZO:

Aquella mañana, un tanto fría del 18 de Mayo de 1972 estábamos formados en la Plaza de Armas de la Escuela Militar, orgullosos para concurrir al desfile conmemorativo de la Batalla de las Piedras, ese triunfo Artiguista que honraríamos en pocas horas. 

Nuestros uniformes de gala mostraban sus penachos distintivos con los colores patrios, y los colores de Artigas en las casaquillas. Crecía en la formación la expectativa para esperar las últimas órdenes que nos condujeran al embarque, para concurrir a nuestro destino. 

Aún recuerdo la solemnidad del Jefe de Cuerpo y su Ayudante comunicándonos en aquel espacio abierto y ante todo el Cuerpo de Cadetes, la infamia de la muerte de cuatro humildes Soldados a manos de los Tupamaros. 
Acribillados a traición cuando calmaban su frío en la madrugada con el calor de un mate compartido. Vigilaban la casa del Comandante en Jefe del Ejército. 

Nosotros jóvenes Cadetes que no llegábamos a los veinte años, a pesar de saber la pesadilla por la que atravesaba el país, no podíamos entender aquella barbaridad. Nos corrió un frío por la espalda y una tremenda indignación se apoderó de nuestras emociones. 
El desfile se había suspendido por la causa enunciada. Ese día la Patria sangraba en cuatro humildes Soldados asesinados cobardemente en su puesto. 

Ese día todo el EJÉRCITO NACIONAL fue herido en el alma. Habían matado a mansalva a cuatro de sus integrantes sin oportunidad de defenderse, cobardemente asesinados. 
No lo podíamos comprender y en nuestros jóvenes corazones se redobló el compromiso, la Patria estaba siendo atacada y ahora apuntaban a sus servidores. Nosotros volvimos a nuestros alojamientos ,con el alma estremecida y el dolor por aquellos Soldados que en un amanecer de un día glorioso para la Republica ,bañaban con su sangre la misma Patria de Artigas, caían en la misma fecha que el Jefe de los Orientales exclamaba “Clemencia para los vencidos”. 

El desfile no se hizo, pero en nuestro interior quedaron cuatro Soldados como un símbolo de humildad, entrega y compromiso. Se transformaron en bandera. En cada Soldado Uruguayo, late el recuerdo de la infamia y en cada corazón de un Soldado Oriental, hay cuatro corazones latiendo. Vivos están en nosotros!!

NESTOR ROSADILLA

[Imagen: fotos-sdos-01.jpg]

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#33
Este mes se cumplirán 48 años.

[Imagen: B4E.jpg]


Es bueno que los que eran muy niños o ni siquiera eran nacidos conozcan los hechos - verdaderos - de nuestro pasado reciente.
En 1970 el país vivía en democracia. De hecho el año siguiente habría elecciones totalmente libres en las cuales se presentaría por primera vez una nueva coalición llamada Frente Amplio.

El 29 de setiembre de 1970 una explosión sacude Montevideo, la banda “Tupamaros” atentaba una vez mas contra la democracia.
El Bowling de Carrasco, un edificio de tres pisos literalmente voló por los aires, algunos trozos del edificio terminaron a 300 metros del lugar, no quedaron vidrios sanos en varias cuadras a la redonda, además el artefacto explosivo empleado generó un gran incendio.
Entre los escombros del destruido edificio, una humilde trabajadora que se ganaba la vida como cuidadora, Hilaria Quirino, se debatía entre la vida y la muerte.
Años después, su hija expresó al periodista Leonardo Haberkorn, “Mi madre nunca se recuperó, sobre todo mentalmente. Su cuerpo parecía un mapa de tantos injertos que tuvieron que hacerle. A mí me costó mucho sobreponerme y ya no quiero hablar de eso. Yo no soy quién para perdonar, es el de arriba el que tiene que perdonar”.

Su yerno agregó “Pasó ocho meses internada en el hospital Militar. Nunca se recuperó ni física ni mentalmente. Como mujer, le arruinaron la vida”.
Un joven y valeroso vecino en aquel entonces de 17 años, llamado Gustavo Zerbino, el mismo que años después viviría la odisea de los Andes, no vaciló en correr presuroso a ayudar a las víctimas, rescatando a seis personas, entre ellas Hilaria Quirino.
Los recuerdos de Zerbino relatados a Haberkorn son desgarradores, Hilaria pedía ayuda desesperada, atrapada bajo enormes escombros y abrasada por el fuego, “Se estaba prendiendo fuego y me gritaba: ‘sacame, sacame’”, Zerbino intentó apartar los bloques de concreto, empleó toda su fuerza pero no pudo moverlos, “Las lenguas de fuego ya estaban allí”, “No había nadie para ayudar, yo no entendía cómo no llegaban los bomberos y la policía. Tiré y tiré con todas mis fuerzas. Deben haber sido unos minutos, pero me parecieron horas. Para sacarla de debajo de la columna tuve que arrancarle prácticamente una pierna y desmembrarle la cadera. Recién ahí salió. Fue lo más espantoso que hice en mi vida, fue horrible, pero al menos salvó su vida”.
Esta es la verdadera historia de la banda terrorista tupamara, debemos difundirla para evitar que se continúe con la mentira y la falsa historia de que los tupamaros lucharon contra la dictadura.
Esto es historia. La verdadera.

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#34
LA BURDA NOCHE DE LOS 12 AÑOS.
Publicado en Correo de los Viernes

La película uruguaya sobre la prisión de los jefes tupamaros levanta polémicas. El periodista Hugo Machín Fajardo, quien estuvo preso durante la dictadura, ha publicado en varios medios internacionales una columna en la que sostiene que el libro en el que se basa el filme es falso, por lo que el resultado también resulta falso. Reproducimos acá esa versión, tomada del semanario Opinar dejando constancia de que Machín traza, con independencia de criterio, un panorama completo sobre la historia reciente.

Los filmes históricos normalmente ofrecen inexactitudes, anacronismos y adecuaciones. Aquí, el punto clave es que utiliza una base errónea, sin preocuparse por entresacar lo falso y lo real, de compararlo con otras fuentes históricas, otros documentos, incluso documentales sobre el MLN. Se basa olímpicamente en “Memorias del calabozo” como si fuera la verdad.

Los artistas mienten para decir la verdad, mientras que los políticos, a veces, mienten para ocultarla. En la película uruguaya “La noche de los 12 años”, ocurre lo opuesto: el arte miente con la pretensión de ocultar una verdad que es muy conocida por miles de uruguayos a quienes se les hace un agravio mediante el ninguneo al horror sufrido durante los doce años -entre 1973 y 1985- que duró la dictadura uruguaya.
El mercadeo de la película presenta los años de cárcel vividos entre 1974 y 1984 por el expresidente José Mujica, el ex ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, fallecido, y el novelista y dramaturgo Mauricio Rosencof, como una exclusiva vivencia épica.

¿Y cómo se miente? Mediante el artilugio de sugerir que los otrora dirigentes del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) –Tupamaros, fueron apresados por combatir la dictadura cívico–militar que imperó en Uruguay. A partir de esa premisa errónea, todo el filme queda permeado por una supuesta verdad histórica que nunca les perteneció a los tupamaros, sino que, por el contrario, fue sufrida precisamente por quienes en el Uruguay no estuvieron de acuerdo con la lucha armada: partidos de izquierda, sindicatos, partidos Colorado y Nacional, organizaciones sociales y cooperativas.

La verdad histórica es que los tupamaros comenzaron su agresión armada a la democracia uruguaya en 1963 y en 1972 –cuando el ejército del país se integró de pleno a la lucha antiterrorista– en seis meses fueron desmantelados. La dictadura fue posterior a esta contingencia. Se inicia un año después y en la concausa que motivó la interrupción del orden democrático uruguayo, tuvo responsabilidad el accionar tupamaro con su práctica de homicidios, secuestros, atentados y robos.

Durante los doce años de dictadura, 6.500 uruguayos fueron torturados, de los cuales aproximadamente la mitad permaneció años en las cárceles políticas, bajo durísimas condiciones; 34 murieron en la tortura, 131 desaparecieron en la Argentina; 7 en Chile y 2 en Paraguay; en el marco de la Operación Cóndor, ideada por los militares del Cono Sur en conocimiento del entonces secretario norteamericano Henry Kissinger.

¿Qué fuentes tiene la película? 
Es el típico caso de falso silogismo: el guion de la película es el libro “Memorias del calabozo”, publicado en 1987 por Fernández Huidobro y Rosencof. Ambos pergeñaron décadas atrás una historia edulcorada del MLN que no incluye varios tópicos:
- Acciones terroristas, como lo ha reconocido más cerca en el tiempo otro exdirigente tupamaro, Jorge Zabalza.
- Colaboración de esos exdirigentes tupamaros con los militares durante 1972. Fernández Huidobro en 2011, polemizó con Zabalza, sobre quien fue el primero en sentarse a negociar con los militares.
- La tortura infligida a civiles uruguayos por interrogadores tupamaros, colaboradores de los militares de entonces.
- La transformación del Penal de Libertad en una especie de kibbutz durante 1973 y 74, mientras duró el interludio tupamaro/militar, con proyectos que incluían disponer de un territorio en el norte del país donde los tupamaros ensayarían su reforma agraria, y formas de producción cooperativa
- El reclamo hecho por Fernández Huidobro, durante su reclusión entre 1973 y 1975 a tupamaros exiliados en Buenos Aries de que siguieran actuando como guerrilla armada en Uruguay operándola desde la Argentina peronista; y su acusación de traidores a quienes desistieron de esa demencia, así como la orden de ejecutar a algunos de “esos” que ya residían en Lima o París.

Puede verificarse en otra película uruguaya, “Destino Final” (2006), cuando el ex tupamaro Luis Alemany narra su encuentro clandestino en el litoral uruguayo –en 1974- con William Whitelaw, asesinado junto a Rosario Barredo, en mayo de 1976 con los exlegisladores uruguayos exiliados en Buenos Aires, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.
- La colaboración de Fernández Huidobro en 1977 –en pleno funcionamiento de la Organización Cóndor– con los servicios de inteligencia del ejército uruguayo proporcionando una ficha ideológica y de capacidad operativa de los principales dirigentes tupamaros, estuvieran presos o en el exilio. Aclaro que algunos de estos aspectos ya fueron publicados por mí en 2015, en vida de Fernández Huidobro, en ocasión de la reaparición en Uruguay del supuestamente único jefe tupamaro que entregó compañeros y estructuras a los militares que les combatían, Héctor Amodio Pérez, cuando este llegó a Montevideo a presentar su libro “Palabra de Amodio. 

La otra historia de los tupamaros” (2015).- La consecuente identificación con el militarismo de Fernández Huidobro, quien ya como ministro de Defensa uruguayo se mimetizó con los uniformados y convertido en su principal defensor, prácticamente pasó a residir en la sede ministerial castrense.
Tenemos un libro falso, el guion basado en ese libro, también falso y, por ende, la película resultante necesariamente una película falsa. “Memorias del calabozo” ha tenido varias ediciones desde 1987. Las últimas obviamente no se actualizan con los hechos delictivos en los que persistieron los tupamaros después de recuperada la democracia.

El guionista de la película no se molestó en hacerlo. La verdad histórica es que estos exdirigentes tupamaros hasta 1994 dudaron de incorporarse a la democracia. Esa fecha es clave porque en agosto de ese año Mujica, Fernández Huidobro y otros dirigentes tupamaros, organizan una asonada contra una decisión judicial uruguaya adoptada en los noventa de extraditar a tres etarras refugiados en Uruguay solicitados por España acusados de delitos en su país. Esa incidencia –una variante a la uruguaya de la locura que fue el supuesto asalto a La Tablada argentina de 1987– fue uno de los hechos más violentos registrados en Uruguay de los últimos veinticuatro años, que dejó dos ciudadanos muertos, Fernando Morroni y Roberto Facal, y 80 heridos, fruto de una represión policial provocada –una vez más– por el aventurerismo de Mujica y compañía, y compañía, impulsores de la consigna “tanto peor, tanto mejor,” que en su concepto, acelera la revolución.

El público español que se emocione con la peripecia de los tres protagonistas, deberá tener en cuenta que la banda terrorista ETA y estos personajes tenían relaciones carnales.
Una entrevista de Jesús Quintero a Fernández Huidobro realizada en los noventa, cuando el ex tupamaro era senador del Frente Amplio, hoy en el gobierno, puede sacarles de dudas respecto a que éste volvería a matar si lo entendía necesario.
- ¿Volvería a hacer lo mismo?
- Sí.
- ¿Incluso matar si es necesario?
- Sí

Antes, en un programa televisivo uruguayo, el ex tupamaro llevó al estudio una granada que colocó encima de la mesa del entrevistador.
Tampoco la película alude a los hechos protagonizados por la tupabanda, como se conoce a un grupo formado por ex tupamaros y nuevos adherentes que, en coordinación con por lo menos dos de los tres protagonistas del filme, a fines de los ochenta y principios de los noventa asaltaron bancos e hicieron “finanzas” para solventar campañas electorales de Pepe Mujica y los suyos.

Alguien puede advertirnos que una película debe analizarse por lo que tiene, y no, por lo que no tiene. Es correcto, si de arte hablamos, pero “La noche de los 12 años” tiene aspiraciones históricas –“reveladora para el futuro”– ha dicho su director Álvaro Brechner. Una pretensión burda nada menos que sobre el período más traumático vivido por Uruguay desde 1904.

Los filmes históricos normalmente ofrecen inexactitudes, anacronismos y adecuaciones. Aquí, el punto clave es que utiliza una base errónea, sin preocuparse por entresacar lo falso y lo real, de compararlo con otras fuentes históricas, otros documentos, incluso documentales sobre el MLN. Se basa olímpicamente en Memorias del calabozo como si fuera la verdad. Y el director no toma el libro de Rosencof y Fernández Huidobro como una novela. La película lo presenta como una verdad.

Verdad que atenta contra la memoria y la historiografía que, no son territorios idénticos, y tienen sus propios métodos y técnicas para abordarlos. La historiografía no coincide con la espontaneidad de la memoria individual y colectiva, sino que es una forma de conocimiento a ser sometida por el examen de la crítica, sostiene el historiador y filósofo italiano Paolo Rossi. Cierto que entre historia y memoria hay una relación, porque la historia se nutre de la memoria y la memoria se impregna de nociones y sentimientos trasmitidos por la historiografía, según Jacques Le Goff.

¿Por qué se miente? La memoria tiene que ver con la identidad de quien recuerda, pero también con la propia aspiración de persistencia en el futuro. En este caso, los autores de las supuestas “Memorias del calabozo” escribieron una historia a ad usum, con la perspectiva de generar un mito en quienes desconocían los hechos del pasado tan diferentes de cómo lo relataron en su libro presentado como algo histórico. “El presente dirige el pasado como un director de orquesta a sus músicos. Necesita de estos o aquellos sonidos, no otros”, ejemplifica muy bien Ítalo Svevo.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#35
Vi que estaba en Netflix, elegí no verla y pasarme a YOUTUBE ya que no había nada para ver
 
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#36
Historias de Maldonado: “La tatucera Espartacus y la ejecución de Pascasio Báez”
[Imagen: 4bbf190a6302e39ec55a9622db4b1197?s=80&d=mm&r=g] Por La Prensa
 
 abril 15, 2019
En DepartamentalDestacadosMaldonadoPan de AzúcarSociedadZona Oeste


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[url=http://semanariolaprensa.com/wp-content/uploads/2019/04/EL-PAIS-19E-22-Jun-72-portada1.jpg]



[Imagen: espartacus1-300x173.jpg]Armas encontradas en una de las dos tatuceras de la Estancia Espartacus, próximo a Pan de Azúcar en 1972. El lugar incluía hospital de campaña, polígono de tiro y cárcel del Pueblo. -foto El Diario 25 de mayo 1972
Continuando con el ciclo “Historias de Maldonado” que viene publicando diario La Prensa rescatando hechos trascendentes de la historia reciente del departamento, que tuvo su primera entrega con el artículo “A 50 años del asalto al Casino San Rafael, historia de gran repercusión entre nuestros lectores con miles de visitas y cientos de veces compartido en redes sociales, presentamos ahora una historia tremendamente impactante que conmocionó no solamente a la comunidad local, sino a toda la sociedad uruguaya. Nos referimos al cruel asesinato del peón de campo Pascasio Báez, ejecutado en 1971 por el movimiento Tupamaros en la estancia Espartacus, establecimiento ubicado cerca de la ciudad de Pan de Azúcar. La historia será publicada en la versión papel de diario La Prensa, (dada su extensión) en las ediciones correspondientes a los días miércoles 17 y jueves 18 de abril de 2019 (en venta en kioscos).-
El 22 de mayo de 1972, no sólo el departamento de Maldonado, sino el país, se conmocionaron al conocerse la noticia que efectivos militares habían descubierto, a pocos kilómetros de Pan de Azúcar, el mayor refugio y base subterránea hecha por la guerrilla tupamara. Casi un mes después, en el mismo lugar, se encontraron los restos de un peón, victima de la revolución social para la que había sido construido ese refugio.


Una tatucera próxima a Pan de Azúcar
A pesar que en junio de 1971, la dirección del MLN Tupamaros estaba presa en el Penal de Punta Carretas, la organización guerrillera permanecía operativa en el exterior, en su lucha revolucionaria que ya llevaba casi nueve años.

Debido al régimen de garantías legales y constitucionales todavía vigentes en el país, entre ellas el derecho de visitas, los dirigentes presos conservaban contacto con el exterior, permitiendo el inicio de la ejecución del Plan Tatú: expandir la guerrilla al ámbito rural.

El elemento fundamental del Plan Tatú era la “tatucera” o escondite rural bajo tierra. Se preveía la construcción de grandes tatuceras-estaciones, tatuceras-depósitos y escondites individuales en montes, sierras y chircales del interior rural. Las tatuceras más grandes funcionarían dentro de coberturas “legales” como estancias y chacras de simpatizantes de la guerrilla o compradas por el MLN., pero sin descartarse los escondites en montes y sierras. Cuando aumentara la escala de la lucha contra las Fuerzas de Seguridad, servirían de base para tender emboscadas a patrullas, y operando de noche relevar terreno y objetivos militares y civiles en las ciudades y pueblos del Interior.

Luego de ser discutido en varias reuniones por los dirigentes del movimiento que seguían operando, el plan fue aprobado. Tenía sus antecedentes en la experiencia guerrillera cubana y vietnamita, en el libro “La Guerra de Guerrillas” del “Che” Guevara, y en otras experiencias de guerrilla rural, además de varias recorridas realizadas por los montes y zonas del Interior, efectuadas por algunos dirigentes tupamaros en 1966.


El objetivo era llevar la guerra al interior, para aliviar el control y vigilancia militar en Montevideo, y a la vez obligar a las unidades militares a llevar pequeños destacamentos al campo y operar fuera de los cuarteles, dejándolas expuestas a acciones guerrilleras más ofensivas. 
Sin embargo, el plan no funcionó por la improvisación, la falta de logística y el desconocimiento del medio rural tanto en lo geográfico como en lo sociológico. Basado en las ideas de Raúl Sendic y su experiencia con los cañeros de Bella Unión, el documento aprobado por el MLN denominaba a la población rural como “campesinos” y afirmaba: “Las tremendas condiciones de vida de los asalariados rurales, algunos organizados en sindicatos, han creado un sector espontáneamente rebelde que puede resultar muy útil en la lucha rural”. Muchos excombatientes hoy reconocen que fue un error, y que en ese momento se desconocía en su real dimensión la mentalidad y las relaciones patriarcales y conservadoras entre peones y estancieros.
Además históricamente las FFAA contaban con muchos efectivos reclutados en el medio rural, conocedores profundos de los montes y las sierras. Por el contrario, los cuadros del MLN, compuestos en su mayoría por estudiantes y universitarios, no estaban listos física ni psicológicamente para las tareas físicas y manuales que implicaba, y mucho menos para enfrentar situaciones de hambre, frío y lluvia.


En el marco de este plan, el MLN construyó una de sus tatuceras más importantes en la Zona Oeste de Maldonado, “El Caraguatá”, refugio de la Columna 21 del Interior, ubicada en la estancia “Espartacus”, en el Km 113 de la Ruta 9, próxima a Pan de Azúcar y a muy pocos kilómetros de Piriápolis. El ingeniero Jorge Manera Lluveras (uno de los fundadores del MLN) se hizo cargo de su construcción clandestina, con el apoyo de los dueños del campo, el matrimonio de Nestor Sclavo y Gloria Echeveste, también miembros del MLN.
“El Caraguatá” tenía grandes dimensiones, y contaba con un depósito de armas y municiones, polígono de tiro y una sección aún mayor que era laboratorio para elaboración de ácidos y artefactos explosivos, carcazas de granadas de mano y lanzagranadas. Manera acondicionó el lugar, mejoró la ventilación y la instalación eléctrica, y diseñó un armazón de hierro que fue traída en un camión desde Montevideo. Había una conexión telefónica con la casa que le servía de fachada.
[Imagen: espartacus2-152x200.jpg]


Pascasio Báez, vivía en el Barrio de la Escuela Industrial de Pan de Azúcar. Fue ejecutado cuando tenía unos 45 años.

La ejecución de un peón rural
En diciembre de 1971 se produce un acontecimiento que puso a la guerrilla en una encrucijada moral. El clásico dilema de toda revolución, sobre si el fin justifica los medios, aunque implique violar los derechos humanos más sagrados de un individuo.
Pascasio Báez Mena (1925-1971) era un peón rural de la zona de Pan de Azúcar. Era casado y tenía dos hijos. Como parte importante de la población rural del país, simpatizaba con el Partido Nacional, aunque no había militado activamente en política. Realizaba changas, generalmente trabajos vinculados con la construcción y la confección de alambrados.


El día de su desaparición, según las versiones familiares había salido a buscar el caballo perdido de un vecino, que había ingresado en la estancia Espartacus, en tanto la prensa de la época habla de que fue por un caballo propio porque iba a salir a buscar trabajo. Baéz desconocía que ingresaba a la zona de la tatucera “El Caraguatá”, y que desde ese día nunca más lo volverían a ver, costándole la vida.
Báez, luego de ingresar al campo ajeno, se topó con un hombre que salía por la tapa de una tatucera. Cuando los tupamaros ocultos en la zona lo descubrieron, fue detenido y llevado al interior del segundo refugio subterráneo del complejo.


Fue cuando se empezó a debatir el destino que iba a tener este trabajador rural, ya que “El Caraguatá” tenía un importante valor militar para el MLN. Se manejaron varias alternativas, entre ellas detenerlo indefinidamente, o llevarlo al exterior (posiblemente a Chile, pues el gobierno socialista de Salvador Allende apoyaba al MLN, guardando contactos y rutas clandestinas a través de Argentina, que incluía el envío de armas). Según Jorge Zabalza, exlíder del MLN (entonces preso en Punta Carretas), se llegó a evaluar la posibilidad de liberarlo, luego de trasladar todo a otra tatucera a construir cerca del Parque de Vacaciones de UTE.


Durante varios días estuvo detenido mientras la dirección del MLN en Montevideo decidía. Un dirigente tupamaro viajó a la estancia con el cometido de determinar la mejor solución para la organización (la historia oficial tupamara habla de Piriz Budes, en tanto las versiones judiciales e investigaciones periodísticas e históricas hablan del médico Henry Engler).
De común acuerdo con los tupamaros presentes en el lugar, este jefe coincidió con que el asesinato de Báez Mena era la mejor solución, pues liberarlo implicaría arriesgar el lugar, y no se disponía de medios para una “mudanza”.


La decisión fue comunicada al propietario del campo, eligiéndose el lugar donde sería enterrado el cuerpo del peón. Luego, según la crónica efectuada en su tiempo por los militares, este dirigente se hizo cargo de conseguir la droga que seria inyectada a Báez Mena en tanto el resto de los tupamaros se dirigió al lugar donde luego se enterraría su cuerpo. Para tranquilizar al peón preso, los tupamaros le dieron una muda de ropa para, según le explicaron, poder llevarlo a un lugar más seguro para lo que también habría que aplicarle un tranquilizante. El entonces estudiante de medicina Ismael Bassini le aplicó el inyectable, asesinándolo con una sobredosis de pentotal (cuatro a cinco veces sobre la dosis normal, generando un paro cardiorespiratorio).


La ejecución habría sido realizada el 21 de diciembre (otras versiones hablan del 29 de diciembre). El cuerpo fue desnudado, e inmediatamente enterrado en el pozo. El lugar fue tapado y ocultado en el predio de la estancia, con el objetivo que no fuera encontrado.
El derecho de sus familiares a saber sobre el destino de Báez Mena recién se pudo resolver cuando medio año después, fuerzas militares allanaran el lugar, y casualmente encontraron el cuerpo totalmente descompuesto del peón rural.


[Imagen: espartacus3-217x200.jpg]Momento en que efectivos militares retiran el cadáver con seis meses de descomposición de Pascasio Báez Mena, ejecutado y escondido por el MLN Tupamaros a pocos kilómetros de Pan de Azúcar -foto Diario El País 22 de junio 1972.

El 20 de junio de 1972, a pocos kilómetros de Pan de Azúcar, fueron encontrados los restos de Pascasio Báez Mena, peón rural que misteriosamente estaba desaparecido desde diciembre del año anterior. Su aparición se logró cuando fuerzas militares allanaron la estancia del lugar el mes anterior, capturando a nueve guerrilleros, y encontrando bajo tierra las tatuceras construidas por el movimiento guerrillero tupamaro.

El allanamiento y el descubrimiento del cuerpo
El 22 de mayo de 1972, efectivos militares del Batallón de Ingenieros Nro. 4 de Laguna del Sauce, apoyados por un helicóptero de la Aviación Naval, allanaron la estancia Espartacus, desplegando fuerzas de infantería. Los informes de inteligencia, basados en interrogatorios realizados a tupamaros capturados, daban información de que allí se encontraba la tatucera guerrillera más grande del país.
El parte oficial del 24 de mayo detalla lo sucedido: “Por declaraciones de uno de los facciosos capturados en Montevideo, se tomó conocimiento de la existencia de los mencionados refugios, y siendo las 7.00 horas del día citado se procedió a rodearlos.
Uno de los escondrijos, que es de hormigón y de grandes proporciones, con medidas de 20 por 4 metros y 3.80 de altura, servía de habitación, taller, depósito y polígono de tiro; poseía además instalación de luz eléctrica, agua y teléfono que se habían traído desde la casa-habitación perteneciente a la estancia.


Sabiéndose que en el momento que se procedió a rodearla, estaba ocupada por varios facciosos, se les conminó a rendirse y como no obedecieran, se atacó el refugio con disparos de fusiles sin retroceso calibre 57 mm.
En tales circunstancias dos de los delincuentes emergieron del cubil y uno de ellos emprendió la huída disparando el arma que portaba, y al serle contestado el fuego resultó herido en la región glútea; cinco delincuentes más que aún permanecían dentro se entregaron inmediatamente.


Dentro del escondrijo se incautaron unas 100 armas largas, varios centenares de granadas, abundante munición de varios calibres, un grupo electrógeno y herramientas de diversos tipos.
El otro escondrijo situado a unos 800 metros del primero, sería de polvorín y contenía explosivos, mechas y cebos eléctricos y mecánicos.
En la operación se capturaron un total de 9 personas”.
La captura del lugar, la dimensión de lo encontrado, y la cantidad de armas (un centenar de fusiles Springfield y M 1 Garand, la mayoría robados a la Marina, junto a dos bazoocas antitanque, granadas y una ametralladora de cinta), no sólo conmovió a Maldonado, sino que atrajo la atención de la prensa montevideana. 


Pero la piedra del escándalo y de la indignación para mucha gente, fue cuando luego de varios días de rastrilleo, el 20 de junio los militares encontraron los restos de Pascasio Báez, en total estado de descomposición.
De los interrogatorios se supo que Báez, peón rural de la ciudad de Pan de Azúcar, y desaparecido desde diciembre de 1971, había sido capturado por los tupamaros del lugar, entre ellos los dueños de la estancia, cuando este trabajador rural había entrado en busca de un caballo y los vio. Se decidió su ejecución con una sobredosis de pentotal al no poder liberarlo por la información que tenía, ocultando su cuerpo al enterrarlo ahí mismo.


Esther Baéz Mena, hermana del peón ejecutado, recuerda: “Mi hermano estuvo desaparecido siete meses que fueron de mucha tristeza y locura. En un primer momento pensamos que se había ido porque se había peleado con su mujer, con la cual no se llevaba bien pero seguían juntos. Como siempre, él se iba a trabajar a las granjas en Montevideo. A mi madre y a mí nos llamó la atención porque él siempre escribía. Fueron siete meses de locura”. 

[Imagen: espartacus4-200x200.jpg]

Planos de las dos casamatas subterráneas de hormigón encontradas en la estancia Espartacus. A la primera se accedía por una puerta secreta que se habría con contrapesos, donde se encontraron las armas. La segunda tenía infraestructura para una cárcel y para taller. -Diario El Día 24 de mayo 1972.

Su hermana y toda la familia se enteraron por la radio del hallazgo del cuerpo de su hermano. “Fue un golpe muy fuerte. Mi padre quedó loco por esos siete meses de angustia que se transformaron, luego, en una obsesión por la venganza que le duró el resto de los años que vivió”.
  • [Imagen: allanamiento-espartacus.jpg]
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Revolución y Derechos Humanos


Pascasio Báez, según algunos puntos de vista, sería el primer desaparecido de la historia reciente, pues hubo privación de libertad, su muerte se debió a razones político-militares, habiendo un ocultamiento de su suerte y su paradero a los familiares (el cuerpo fue descubierto por los militares, contra la voluntad del MLN de mantenerlo oculto, organización armada que se considerada paralela al Estado, aplicando Justicia Revolucionaria). 
En 2003 la Junta Departamental de Montevideo, con los votos de todos los partidos, bautizó una calle de Montevideo con el nombre de Pascasio Báez Mena. Según declaraciones hechas al Espectador, Jorge Zabalza afirmó que la muerte del peón rural “fue un delito de guerra”, y “el hecho de que ahora haya una calle que se llame Pascasio Báez, a nosotros nos va a servir de recordatorio, justamente, del alto contenido humano que debe tener esa lucha por una sociedad más humana, y también a las generaciones futuras esa calle le va a recordar que la lucha debe tener el sentido de humanidad que en ese momento faltó”.


El periodista e investigador histórico Leonardo Haberkorn, recoge la historia de Pascasio Báez. Según su investigación, este es uno de los seis mitos del MLN que trata en su libro Historias tupamaras. Para Haberkorn, los tupamaros justifican el asesinato del peón rural Pascasio Báez como un simple error inexcusable, pero “del cual fueron responsables solo unos pocos tupamaros extraviados”.


A continuación se transcribe su opinión


“Porque según la historia oficial tupamara, hay dos posibilidades. O bien los únicos culpables fueron los integrantes del pequeño grupo de guerrilleros que se escondía en la tatucera Caraguatá, que Báez tuvo la desgracia de descubrir. O bien la responsabilidad del crimen fue de un único integrante de la dirección del MLN, Mario Píriz Budes, quien está acusado de traidor o de haber sido un infiltrado de las Fuerzas Armadas en la guerrilla.


Tales explicaciones faltan a la verdad, buscan limpiar el nombre de muy importantes tupamaros que estaban en la dirección del MLN cuando se decidió asesinar a Báez y, lo que es peor, eluden un reflexión honesta sobre las dramáticas consecuencias que siempre apareja el uso de la violencia como arma política. Si uno quiere sumergirse en las honduras que implica abrazar la violencia para cambiar la sociedad, puede ver la magnífica película El viento que mece la cebada (o el pasto, el prado o las espigas, según la traducción) del británico Ken Loach sobre el conflicto de Irlanda. Pero en la literatura oficial tupamara no va a encontrar nada en este sentido.


La realidad es que la decisión de matar a Báez no fue un acto inconsulto del grupo de la tatucera, ni tampoco una decisión solitaria de Píriz Budes. En mi libro aporto testimonios de otros tupamaros más lúcidos o más honestos, seguramente menos cínicos, que permiten entender cómo fue posible que el MLN asesinara -y luego “desapareciera”- a un pobre hombre indefenso, inerme y totalmente inocente.
Eso, por lo menos, nadie lo discutió nunca: Pascasio Báez fue asesinado siendo inocente.
O mejor dicho: nadie lo discutió nunca hasta ahora.
Por eso me resultó sorprendente leer una nota al pie en el recientemente editado libro Una historia de los tupamaros, del sociólogo francés Alain Labrousse.


El autor se basa para historiar el caso de Báez en lo que le declaran los entonces tupamaros Néstor Sclavo y Gloria Echeveste, dueños de la estancia donde estaba la tatucera, presentes allí cuando ocurrió todo.
Labrousse deja en claro que de la dirección del MLN participó de la decisión de asesinar a Báez. Pero, en una llamada a pie de página, una de sus entrevistadas pone en duda que Báez fuera efectivamente un peón rural. Anota: “La prensa evocó el asesinato de un ‘peón’. Gloria Echeveste dice que en realidad se trataba de un hombre que hacía de todo en la casa”.
Luego viene lo más sórdido. Echeveste agrega que Báez “era alcohólico e informante de la Policía”.
El mensaje subyacente, apenas disimulado, es que no fue algo tan horrible haber asesinado a Báez.
Parece que no bastó con secuestrar, matar a sangre fría y desaparecer al desgraciado peón para que su familia no pudiera encontrarlo nunca. Ahora se lo enchastra después de muerto.
¿Qué pasaría si un día de estos apareciera un militar de la dictadura diciendo que tal o cual desaparecido mereció su cruel e injustificable destino por borracho o mujeriego?
Qué escándalo, ¿no?”


FUENTES
⦁ Haberkorn, Leonardo. Historias Tupamaras. Ed. Sudamericana. 2016.
⦁ Haberkorn, Leonardo. El Informante. http://leonardohaberkorn.blogspot.com/20...anura.html
⦁ Noguéz, Andrés. La dictadura en Maldonado. Intendencia de Maldonado. 2017.
⦁ Prensa de la época. El Diario. 25 de mayo 1972 – El Día. 24 de mayo 1972.- El País. 22 de junio 1972.- El Popular. 22 de junio 1972.
⦁ Siete Meses de Lucha Antisubversiva. Ministerio del Interior. 1972
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“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#37
Hiela la sangre (¿o la hace hervir?) que estas personas (?) pretendan justificar a cualquier precio el asesinato de un ser humano. Angry
De manera similar pretendieron justificar el asesinato alevoso de los cuatro soldados dentro del jeep, argumentando que habían muerto en enfrentamiento.
Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla. - Marco Tulio Cicerón
 
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#38
Hoy 30 de abril, Día del Trabajador Rural, mi recuerdo para Pascasio Ramón Baez Mena, secuestrado, asesinado y desaparecido por los tupamaros.
“Dulce et decorum est pro patria mori”
 
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#39
Hoy, (A) Emiliano salió a decir que "No hay que ponerse adelante de las tanquetas". Muy humanitario, muy digno de un Nóbel, sin duda. Evidentemente, él se imagina manejando la tanqueta...  Dodgy
Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla. - Marco Tulio Cicerón
 
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#40
Se me adelanto.

"No hay que ponerse delante de las tanquetas", dijo Mujica sobre atropello de manifestantes

El ex presidente fue consultado por un periodista sobre las tanquetas que atropellaron personas en Caracas: "Si usted sale a la calle, se expone".

https://www.subrayado.com.uy/no-hay-que-...es-n532727
"Dormía y soñaba que la vida era alegria, desperté y vi que la vida era servicio, serví y vi que el servicio era alegria."
Rabindranath Tagore
 
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