05-14-2026, 02:35 PM
Uruguay le ofreció tropas a Estados Unidos para combatir en la Primera Guerra Mundial, revelan documentos
Aún cuando mantenía una posición neutral, la cancillería de Brum puso al Ejército a disposición de la Triple Entente para unirse a las filas aliadas en Europa, revelan archivos nunca antes difundidos.
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Martín Natalevich
El 7 de setiembre de 1917, un mes antes de romper relaciones diplomáticas con el Imperio alemán, el gobierno de Feliciano Viera puso tropas uruguayas a disposición de Estados Unidos para que se unieran en Europa a los ejércitos aliados y combatieran contra las potencias centrales.
Pese a que el Estado uruguayo aún mantenía oficialmente un estatus de neutralidad, declarado al inicio de la guerra, en agosto de 1914, el ministro de Relaciones Exteriores, Baltasar Brum, ofreció formaciones del Ejército Nacional en una comunicación con el ministro plenipotenciario estadounidense en Montevideo, Robert Emmett Jeffery. La propuesta fue transmitida al secretario de Estado, Robert Lansing, quien la derivó al Departamento de Guerra, según se desprende de archivos diplomáticos que están bajo resguardo del Archivo General de la Nación y que nunca antes habían sido divulgados.
La respuesta estadounidense llegó a la legación de Uruguay en Washington dos meses después, el 13 de noviembre de 1917: “A causa de la limitación en el transporte y la necesidad de despachar para Francia las tropas y los abastecimientos para los Estados Unidos, no será practicable enviar allá un cuerpo numeroso de tropas uruguayas”, esgrimió el secretario de Guerra, Newton Baker, según trasladó Lansing.
Sin perjuicio de la negativa, Baker dijo que tenía “mucho aprecio” por la “actitud” del gobierno uruguayo y, en cambio, sugería la indicación de “unir pequeñas unidades al Ejército de los Estados Unidos” para el servicio en el exterior, siempre y cuando estas estuvieran “completamente equipadas”. La contrapropuesta incluía la sugerencia de que fuera el propio gobierno uruguayo quien ideara un plan para ejecutar esa posibilidad.
El ministro plenipotenciario uruguayo en Washington, Carlos María de Pena, trasladó la respuesta del Departamento de Estado el 22 de noviembre de 1917, y solicitó instrucciones cuando se tomara una resolución sobre el caso. Sin embargo, no hubo un nuevo evento en ese flujo de comunicación. Para noviembre de 1917, el gobierno uruguayo ya había declarado la ruptura de relaciones con el Segundo Reich.
El ofrecimiento explícito del gobierno uruguayo para que soldados uruguayos combatieran en la Gran Guerra refuerza lo que la literatura ha caracterizado como una posición aliadófila y pro estadounidense del gobierno batllista de la época, que se transparentó sobre el fin de la contienda.
La expresión vívida de ese nudo quedó plasmada en la reinterpretación estadounidense del monumental Pantheón de la Guerre, una obra de 123 metros de circunferencia y 14 de altura pintada en París en el inicio de la guerra. Algunos de sus murales y retratos se exhiben en la actualidad en el Memorial de la Libertad a los caídos de la Primera Guerra Mundial, en la ciudad de Kansas.
Como cuenta el libro Uruguay and the United States 1903-1929, de James Knarr, artistas franceses pintaron originalmente los murales durante la guerra con héroes franceses en el centro, pero un coleccionista estadounidense los modificó para adaptarlos a la ideología de la Guerra Fría en la década de 1950.
En uno de los numerosos murales del Salón de la Memoria, el presidente Woodrow Wilson ocupa el centro, bajo una columna que sostiene un busto de George Washington. La bandera de las Estrellas y Franjas estadounidense se entrelaza con la del Pabellón Nacional de Uruguay, que en cuadro aparece como la única bandera que toca el estandarte norteamericano tan de cerca.
Neutrales, pero no tanto
Desde que los representantes uruguayos en Londres, París, Bruselas y Berlín informaran sobre el inicio de las hostilidades, Uruguay había adoptado una posición neutral a través de un decreto que se basaba en las convenciones firmadas en la Segunda Conferencia de Paz de La Haya (1907).
En buena medida el gobierno uruguayo había mantenido una posición de balance en los primeros años de la guerra, pese a las quejas diplomáticas esporádicas de los contendientes, quienes ponían presión cuando veían que su rival podía sacar una ventaja estratégica. Por ejemplo, los británicos habían llamado la atención, en agosto de 1914, sobre la conversión en alta mar de los buques mercantes en armados, una práctica favorecida por los alemanes, mientras que los súbditos del Kaiser Guillermo II habían mostrado su disconformidad por algunas expresiones publicadas en prensa uruguaya.
Así lo había expresado el representante uruguayo en Berlín, Alfredo Masson, quien gozaba de las “delicadezas y cortesías” –según él mismo escribió– del gobierno Imperial. El 20 de enero de 1915, Masson había recibido una nota de los alemanes que buscaba esclarecer si el Uruguay seguía cumpliendo con su “estricta neutralidad” a raíz de las expresiones de un oficial del Ejército uruguayo publicadas en una columna en la Tribuna Popular. “Felizmente, hasta hoy, no ha habido por parte del gobierno Imperial la menor insinuación que me hiciera sospechar o que pusiera en duda el proceder correcto de mi gobierno. Es cierto que han llegado algunos diarios de Montevideo que contenían algunas noticias inventadas y sensacionales (...) y algunos publican insultos groseros contra el emperador y la familia Imperial”, decía Masson desde Berlín, antes de asegurar que había aprovechado sus contactos en el Ministerio de Negocios Extranjeros “para destruir por completo toda la mala impresión causada por tantos insultos y calumnias”.
Masson podía simpatizar con la causa de los alemanes, según traslucen sus informes, de la misma manera que el ministro en Bélgica, Alberto Guani, había decidido acompañar a la familia real belga a su refugio en Le Havre, o que el secretario de la Legación en París, Eduardo Blanco Acevedo, prestaba servicios en hospitales militares de Biarritz y de París, lo cual le valió la distinción de la Cruz de Caballero de Legión de Honor, entregada por el presidente Raymond Poincaré en el Hospital Alma, el 9 mayo de 1916. Pese a un intento frustrado de la cancillería por detenerlo, Blanco Acevedo siguió tratando heridos franceses durante toda la guerra desde la dirección del servicio quirúrgico del hospital auxiliar número 52 y en mayo de 1919 le fue concedido el grado de Oficial de la Legión de Honor.
Pero más allá de lo que hicieran los diplomáticos uruguayos en el terreno y de esos juegos de presión política, el gobierno de Viera había mantenido una línea estable y relativamente coherente de apego a la neutralidad. Así lo evidenciaba una respuesta a los alemanes de diciembre de 1915 en la que aseguraban que sus compatriotas tenían todas las seguridades para navegar por el Río de la Plata y los otros ríos de Uruguay de acuerdo a las leyes nacionales y las reglas de neutralidad. Así sería, al menos, hasta el año 1917.
https://www.elpais.com.uy/informacion/po...documentos
Aún cuando mantenía una posición neutral, la cancillería de Brum puso al Ejército a disposición de la Triple Entente para unirse a las filas aliadas en Europa, revelan archivos nunca antes difundidos.
Martín Natalevich
El 7 de setiembre de 1917, un mes antes de romper relaciones diplomáticas con el Imperio alemán, el gobierno de Feliciano Viera puso tropas uruguayas a disposición de Estados Unidos para que se unieran en Europa a los ejércitos aliados y combatieran contra las potencias centrales.
Pese a que el Estado uruguayo aún mantenía oficialmente un estatus de neutralidad, declarado al inicio de la guerra, en agosto de 1914, el ministro de Relaciones Exteriores, Baltasar Brum, ofreció formaciones del Ejército Nacional en una comunicación con el ministro plenipotenciario estadounidense en Montevideo, Robert Emmett Jeffery. La propuesta fue transmitida al secretario de Estado, Robert Lansing, quien la derivó al Departamento de Guerra, según se desprende de archivos diplomáticos que están bajo resguardo del Archivo General de la Nación y que nunca antes habían sido divulgados.
La respuesta estadounidense llegó a la legación de Uruguay en Washington dos meses después, el 13 de noviembre de 1917: “A causa de la limitación en el transporte y la necesidad de despachar para Francia las tropas y los abastecimientos para los Estados Unidos, no será practicable enviar allá un cuerpo numeroso de tropas uruguayas”, esgrimió el secretario de Guerra, Newton Baker, según trasladó Lansing.
Sin perjuicio de la negativa, Baker dijo que tenía “mucho aprecio” por la “actitud” del gobierno uruguayo y, en cambio, sugería la indicación de “unir pequeñas unidades al Ejército de los Estados Unidos” para el servicio en el exterior, siempre y cuando estas estuvieran “completamente equipadas”. La contrapropuesta incluía la sugerencia de que fuera el propio gobierno uruguayo quien ideara un plan para ejecutar esa posibilidad.
El ministro plenipotenciario uruguayo en Washington, Carlos María de Pena, trasladó la respuesta del Departamento de Estado el 22 de noviembre de 1917, y solicitó instrucciones cuando se tomara una resolución sobre el caso. Sin embargo, no hubo un nuevo evento en ese flujo de comunicación. Para noviembre de 1917, el gobierno uruguayo ya había declarado la ruptura de relaciones con el Segundo Reich.
El ofrecimiento explícito del gobierno uruguayo para que soldados uruguayos combatieran en la Gran Guerra refuerza lo que la literatura ha caracterizado como una posición aliadófila y pro estadounidense del gobierno batllista de la época, que se transparentó sobre el fin de la contienda.
La expresión vívida de ese nudo quedó plasmada en la reinterpretación estadounidense del monumental Pantheón de la Guerre, una obra de 123 metros de circunferencia y 14 de altura pintada en París en el inicio de la guerra. Algunos de sus murales y retratos se exhiben en la actualidad en el Memorial de la Libertad a los caídos de la Primera Guerra Mundial, en la ciudad de Kansas.
Como cuenta el libro Uruguay and the United States 1903-1929, de James Knarr, artistas franceses pintaron originalmente los murales durante la guerra con héroes franceses en el centro, pero un coleccionista estadounidense los modificó para adaptarlos a la ideología de la Guerra Fría en la década de 1950.
En uno de los numerosos murales del Salón de la Memoria, el presidente Woodrow Wilson ocupa el centro, bajo una columna que sostiene un busto de George Washington. La bandera de las Estrellas y Franjas estadounidense se entrelaza con la del Pabellón Nacional de Uruguay, que en cuadro aparece como la única bandera que toca el estandarte norteamericano tan de cerca.
Neutrales, pero no tanto
Desde que los representantes uruguayos en Londres, París, Bruselas y Berlín informaran sobre el inicio de las hostilidades, Uruguay había adoptado una posición neutral a través de un decreto que se basaba en las convenciones firmadas en la Segunda Conferencia de Paz de La Haya (1907).
En buena medida el gobierno uruguayo había mantenido una posición de balance en los primeros años de la guerra, pese a las quejas diplomáticas esporádicas de los contendientes, quienes ponían presión cuando veían que su rival podía sacar una ventaja estratégica. Por ejemplo, los británicos habían llamado la atención, en agosto de 1914, sobre la conversión en alta mar de los buques mercantes en armados, una práctica favorecida por los alemanes, mientras que los súbditos del Kaiser Guillermo II habían mostrado su disconformidad por algunas expresiones publicadas en prensa uruguaya.
Así lo había expresado el representante uruguayo en Berlín, Alfredo Masson, quien gozaba de las “delicadezas y cortesías” –según él mismo escribió– del gobierno Imperial. El 20 de enero de 1915, Masson había recibido una nota de los alemanes que buscaba esclarecer si el Uruguay seguía cumpliendo con su “estricta neutralidad” a raíz de las expresiones de un oficial del Ejército uruguayo publicadas en una columna en la Tribuna Popular. “Felizmente, hasta hoy, no ha habido por parte del gobierno Imperial la menor insinuación que me hiciera sospechar o que pusiera en duda el proceder correcto de mi gobierno. Es cierto que han llegado algunos diarios de Montevideo que contenían algunas noticias inventadas y sensacionales (...) y algunos publican insultos groseros contra el emperador y la familia Imperial”, decía Masson desde Berlín, antes de asegurar que había aprovechado sus contactos en el Ministerio de Negocios Extranjeros “para destruir por completo toda la mala impresión causada por tantos insultos y calumnias”.
Masson podía simpatizar con la causa de los alemanes, según traslucen sus informes, de la misma manera que el ministro en Bélgica, Alberto Guani, había decidido acompañar a la familia real belga a su refugio en Le Havre, o que el secretario de la Legación en París, Eduardo Blanco Acevedo, prestaba servicios en hospitales militares de Biarritz y de París, lo cual le valió la distinción de la Cruz de Caballero de Legión de Honor, entregada por el presidente Raymond Poincaré en el Hospital Alma, el 9 mayo de 1916. Pese a un intento frustrado de la cancillería por detenerlo, Blanco Acevedo siguió tratando heridos franceses durante toda la guerra desde la dirección del servicio quirúrgico del hospital auxiliar número 52 y en mayo de 1919 le fue concedido el grado de Oficial de la Legión de Honor.
Pero más allá de lo que hicieran los diplomáticos uruguayos en el terreno y de esos juegos de presión política, el gobierno de Viera había mantenido una línea estable y relativamente coherente de apego a la neutralidad. Así lo evidenciaba una respuesta a los alemanes de diciembre de 1915 en la que aseguraban que sus compatriotas tenían todas las seguridades para navegar por el Río de la Plata y los otros ríos de Uruguay de acuerdo a las leyes nacionales y las reglas de neutralidad. Así sería, al menos, hasta el año 1917.
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"Mas vale ser aguila un minuto que sapo la vida entera".

