Foros de Uruguay Militaria

Versión completa: La Guerra de la Triple Alianza
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No soy ni pretendo ser historiador, solamente es mi intención plasmar en este foro la historia de esta guerra sangrienta en la que cientos de orientales dejaron su vida, sin entrar en consideraciones sobre la justicia de sus causas o de las penosas consecuencias.

El origen de la participación de nuestro país en la Guerra de la triple Alianza la podemos encontrar en los hechos derivados del alzamiento del general Flores contra el gobierno legalmente constituído de nuestro país, la conocida "Cruzada Libertadora" y la invasión del Imperio de Brasil a nuestra patria.


Antecedentes
El 19 de abril de 1863 el general uruguayo Venancio Flores había invadido el territorio nacional desde la Argentina.  Flores reivindicaba las libertades para el Partido Colorado (que nunca habían sido cuestionadas) y ponía como pretexto para la empresa dos grandes hechos: la prohibición, por parte del gobierno del presidente nacionalista Bernardo P. Berro, de un acto de conmemoración de los mártires de  Quinteros, y los conflictos con la Iglesia, de la cual el caudillo se presentaba como defensor (hizo colocar una cruz en sus banderas coloradas).

Por eso llamó a su movimiento "Cruzada Libertadora" (haciendo uso y abuso del nombre de la genuina campaña libertadora de de los Treinta y Tres Orientales en la gesta que estos iniciaron contra el Brasil ocurrida casi cuarenta años antes, pero enfatizando los colorados, en las apariencias y como pretexto, el sentido "religioso" del término “cruzada” y teniendo el apoyo militar del Brasil y de los mitristas argentinos.
A tal "cruzada" la inició un 19 de abril.

Flores además de amigo del presidente Mitre era general del ejército argentino. Había tenido una destacada participación en la batalla de pavón, donde las fuerzas del general Mitre lograron la victoria que lo elevó a la presidencia de Argentina.
Mitre y Flores estaban además vinculados por razones políticas  y flores utilizó esto para lograr el apoyo del gobierno argentino en su proyecto.

Al mismo tiempo, tanto la Argentina como Brasil tenían cada vez más problemas con el gobierno del Paraguay, a la sazón presidido por el mariscal Francisco Solano López. Éste había decidido abandonar el aislacionismo de sus antecesores y estaba abocado a conformar el ejército más poderoso de la región.
Entre los proyectos de Solano López estaba también obtener una segura salida al mar, necesaria para su expansión económica.
El Paraguay militarmente fuerte, industrializado y expansivo constituía un peligro tanto para el Imperio de Brasil como para la Argentina, y colidía con el proyecto global de la potencia dominante en el mundo, Inglaterra, de que América Latina quedara como productora de materias primas y cliente de sus industrias.
El mariscal López tenía excelentes relaciones con el gobierno uruguayo en tiempos del presidente Berro y por ello tanto Mitre como el Imperio del Brasil tenían con buenos ojos la caída de éste y su sustitución por alguien que asegurara el apoyo a la guerra que ya estaba en el horizonte.

La "Cruzada Libertadora"
El gobierno oriental tuvo información certera de que en la Argentina se estaba preparando un movimiento subversivo y que al frente de él estaba Flores, pero recibió reiteradas garantías del presidente Mitre de que su gobierno no respaldaría ningún acto de agresión al Uruguay.
A partir de la invasión del 19 de abril, la complicidad unitaria fue evidente y ya no se pudo ocultar.
Flores desembarcó con muy poca gente y se juntó de inmediato con el caudillo Gregorio Suárez, el "Goyo Jeta" y el coronel Fausto Aguilar.

Flores no logró reunir más de 3.000 hombres mal armados, y es increíble que el Ejército gobiernista no los haya derrotado con facilidad. Durante dos años el caudillo dio vueltas por la campaña, evitando combates frontales, ganando y perdiendo escaramuzas, pero sin tener ocasión a poner en riesgo la estabilidad del gobierno. Esperaba su momento, y éste se presentó sobre fines del mandato de Berro.
Los caudillos blancos no se movilizaron en defensa del presidente, precio que éste pagó por su apasionado "fusionismo" (corriente de opinión política que propugnaba la creación de un nuevo partido político eliminando los viejos bandos en disputa) .

Finalizado el período de mandato de Berro, asume Aguirre quien declara su intención de continuar la guerra y ganarla "No puede haber paz hasta la destrucción o completa sumisión del enemigo, a la ley".

La misión Saraiva
El 6 de mayo llegó a Montevideo el diplomático brasileño José Antonio Saraiva, responsable de una misión de la mayor importancia.
Después de conversar en privado con su compatriota el Barón de Mauá, que le recomendó suavizar los términos en su negociación con el gobierno oriental, Saraiva se reunió el 12 con el presidente Aguirre.
En tono amable, le aseguró la amistad del emperador y le dijo que portaba un pliego de reclamos en los cuales el presidente interino no debía apreciar intento alguno de coacción. Pero cuando el 18 presentó dicho pliego al entonces ministro de Relaciones Exteriores, Juan José de Herrera, quedó claro que la realidad era bastante más ruda que los modales diplomáticos.

Saraiva no pretendía, en realidad, conseguir concesiones del gobierno oriental, sino, por el contrario, tener, en su negativa, el pretexto para la intervención armada, cuyo objetivo último era la reanexión del territorio al Imperio, o sea, la recreación de la Cisplatina.

Los 63 reclamos presentados por Saraiva eran una agresión directa a la soberanía uruguaya, y para algunos de los agravios esgrimidos correspondían al tiempo en que el presidente del país era el propio Venancio Flores. A ellos opuso el canciller Herrera una sólida negativa, y pronto se pudo apreciar que no se llegaría a ningún acuerdo.
Por invitación del embajador británico de la Argentina, Saraiva viajó a Buenos Aires y mantuvo una reunión con este y con el canciller Rufino de Elizalde, a efectos de sondear la posición del Gobierno argentino ante una eventual intervención armada del Brasil al Uruguay.

Los tres poderes, la Argentina, Brasil y el Reino Unido, se pusieron de acuerdo en que había que “pacificar” el Uruguay, y en junio, Thornton, Elizalde y Saraiva, junto al representante oriental en Buenos Aires Andrés Lamas, viajaron a Montevideo, a intentar una mediación entre el gobierno de Aguirre y Flores, el caudillo en armas. Se reunieron con el canciller Herrera, con la presencia de los representantes diplomáticos de España, Italia y Francia y llegaron a un acuerdo: someter a Flores a una propuesta de paz sobre la base de una deposición de las armas, amnistía general, reconocimiento de los grados militares de los sublevados y elecciones.

Una delegación integrada por Lamas, Elizalde, Saraiva, Thornton viajó al interior, más precisamente a Puntas del Rosario, reuniéndose con Venancio Flores. Flores, que conocía el carácter hipócrita de la mediación y se sabía ganador, exigió condiciones más duras: el desarme lo dirigía el personalmente, y el ejército revolucionario debía de ser indemnizado con una cantidad de medio millón de pesos, exorbitante para la época.
Los diplomáticos extranjeros estuvieron de acuerdo solo Florentino Castellanos se mostró disconforme. Con el preacuerdo firmado, los diplomáticos regresaron a Montevideo y sometieron a Aguirre a las condiciones.

Este se mostró partidario de aceptarlas, pese a la presión en contrario de los amapolas, liderados por Antonio de las Carreras, que lo consideraban humillante. Pero pidió a Flores una rebaja en la cantidad exigida. Cuando Elizalde y Thornton volvieron a reunirse con el caudillo, este, que no quería acuerdo alguno, subió la apuesta: pidió además la mayoría colorada en el gabinete y el Ministerio de Guerra para él. Luego llegó a exigir incluso compartir el Poder ejecutivo con Aguirre como faz transitoria.
Aguirre, resuelto a lograr la paz a toda costa, pidió la renuncia de sus ministros y se mostró partidario de aceptar las listas de ministros presentada en nombre de Flores por los mediadores (todos pertenecientes al Partido Colorado); pero una vez más no logró el apoyo del resto del gobierno y realizó una contrapropuesta: se admitía la lista a excepción del Ministerio de Guerra que seria ocupado por Leandro Gómez, hombre perteneciente al Partido Blanco.

Esto resultó demasiado para el gobierno, y después de febriles negociaciones, durante las cuales renunciaron todos los ministros, la mediación se dio por terminada. Elizalde y Saraiva regresaron a Buenos Aires junto a Andrés Lamas, que había mantenido una postura de absoluta colaboración con las presiones, razón por la cual el gobierno de Aguirre lo destituyó “por deserción” de sus obligaciones.
Las cartas del ministro Maillefer, simpatizante con el gobierno oriental, no dejan dudas respecto a la hipocresía de toda esta mediación, en la que los mediadores, precisamente, buscaban que no hubiera acuerdo para desatar la guerra.

El 4 de agosto Saraiva regresó a Montevideo, con la bendición del Gobierno argentino y del representante británico. El mismo día Juan José de Herrera, que había vuelto a ser ministro, recibió un ultimátum:una total satisfacción por los agravios sufridos en los últimos doce años oír súbditos brasileños en territorio oriental”.
De no tener satisfacción en ese plazo –decía, insólitamente, el representante imperial-Las fuerzas militares y navales del Imperio entraran en acción, lo que, como usted sabe, no son actos de guerra”.

Los términos eran de singular dureza, la respuesta del ministro oriental, se da el 9 de agosto de 1864 es de una memorable dignidad:
“Ni son aceptables los términos que se ha permitido Vuestra Excelencia al dirigirse al gobierno de la Republica, ni es aceptable la conminación [...] Por esto es que he recibido la orden de Su Excelencia el presidente de la Republica de devolver a V.E. por inaceptable la nota ultimátum que ha dirigido el gobierno. Ella no puede permanecer en los archivos orientales

La invasión del Imperio de Brasil
El 12 de octubre de 1864 el Imperio de Brasil, invade nuestra patria interviniendo a favor de los alzados del Partido Colorado.
Las fuerzas invasoras sumaban un total de alrededor de 6.000 ó 7.000 efectivos, pero que luego en el transcurso de la campaña se iría incrementando y ocupara todo el Norte del país.
De ese ejército sólo 2.750 correspondían a las guardias nacionales de Río Grande del Sur. Deben adicionarse unos 1.500 milicianos denominada Brigada de Voluntários Rio-Grandenses, formada por brasileños radicados en suelo uruguayo.
Debe sumarse la escuadra brasileña del almirante Tamandaré constituída por fragata Amazonas, las corbetas Niterói, Belmonte, Beberibé, Paranaíba, Jequitinhonha y Recife; los barcos a bapor mearim, Araguarry, Ivaí, Itajaí y Maracanã. 

La invasión se produjo el 12 de octubre por la zona de Cerro Largo, El 8 de noviembre se recibió una comunicación del gobierno de Paraguay, en la que se afirmaba que dicho país considerara cualquier ocupación del territorio oriental como atentatorio del equilibrio de los Estados del Plata”.

El 12 de noviembre el gobierno paraguayo de Francisco Solano López se apoderó del barco brasileño Marques de Olinda y respondió, cuando el imperio le pidió cuentas de su acción, que obrabacon el mismo derecho que Brasil al ocupar territorio oriental”.

Quedaba así preparado el escenario para la sangrienta guerra  conocida como de la Triple Alianza y en la cual nuestro ejército se cubriría de gloria.
[Imagen: solano1.jpg]

Despues de todo el tiempo transcurrido, esta guerra sigue creando controversias entre los ciudadanos de los paises participantes.
Aqui les dejo dos cartas escritas en el diario La Nacion de Argentina.

RESPUESTA A LA DIATRIBA DEL DIARIO LA NACIÓN DE BUENOS AIRES
El diario “ La Nación ” de Buenos Aires cuestionó ayer en su editorial a la presidenta electa de Argentina Cristina Kirchner por defender la figura de Francisco Solano López y a las FF.AA. de su país por poner el nombre del mariscal a un grupo de Artillería.
En su edición de ayer, el diario “ La Nación ” de Buenos Aires publicó un editorial con el título “Absurdo tributo a un dictador”.
En la nota cuestiona el hecho de que el Grupo de Artillería Blindada 2 de Rosario Tala, Entre Ríos, haya adoptado el nombre de “Mariscal Francisco Solano López”. “El Ejercito argentino ha reconocido el 14 de setiembre último, presuntos méritos extraordinarios a quien, como mandatario de Paraguay, dispuso, en 1865, la invasión del territorio argentino, provocó enormes daños, muertes de inocentes y el cautiverio de mujeres correntinas que soportaron crueles sufrimientos por su orden”, señala un párrafo del editorial.
Sostiene, además, que no es de extrañar que se haya adoptado tan absurda determinación, que pone una vez más en evidencia hasta qué punto se ignora maliciosamente la historia, cuando la propia presidenta electa, Cristina Fernández de Kirchner, ha señalado hace unos días a López como “ese gran patriota, humillado por lo que yo llamo la alianza de la triple traición a Latinoamérica, a sus hombres y a sus mujeres”. Lo grave para el periódico es que al expresarse Cristina de esta forma, con tono de arenga, parecía que hablaba en nombre de todo el pueblo argentino.
El diario “ La Nación ” fue fundado en 1870, al término justamente de la guerra de la triple alianza, por Bartolomé Mitre, quien comandó el ejército aliado contra el Paraguay.


“La denominación de Mariscal Francisco Solano López a una unidad militar de un país cuya bandera el dictador pisoteó es tan absurda como inadmisible sería que Francia o Polonia llamasen Adolf Hitler a uno de sus regimientos”, compara en otro párrafo la nota editorial.
Indica que expresiones de la señora Kirchner y decisiones como la del Ejército no contribuyen a las buenas relaciones entre pueblos hermanos.

RESPUESTA DEL DR. RUBÉN LUCES LEÓ
 RESPUESTA A LA DIATRIBA DEL DIARIO LA NACIÓN DE BUENOS AIRES
 
Me resulta imposible mantenerme en silencio, cuando la indignación golpea mi conciencia. Callarse ante la infamia es hacerse cómplice de ella y eso no es falta de coraje sino cobardía.
Hay momentos en la vida de los hombres que el desafío es irrenunciable y avasallador. Momentos en que la provocación mueve a la reacción y acallarla ya no es cobardía sino traición.
Hace 46 años que vivo en este país y siempre he pensado lo mismo, pero nunca como hoy me he visto en la necesidad de gritar a los vientos, una verdad que mantenía la quietud que le impone la prudencia y que no se agitaba por la sensatez que obliga la cordura cuando se está en casa ajena además del respeto que merecen aquellos que por no conocer ni ser responsables pueden sentirse mortificados sin merecerlo.
En momentos de agitación, enfrentamientos, sangre y muerte en la Argentina, Francisco Solano López hijo del presidente del Paraguay Don Carlos Antonio López, y luego de la batalla de Cepeda en la que Mitre ve derrotado a su ejercito por el de la Confederación al mando de Gral. Urquiza; el que seria luego presidente del Paraguay, como mediador voluntario. oficioso y eficiente, logra imponer la paz con el Pacto de San José de Flores, en cuya plaza en la actualidad se recuerda el memorable acontecimiento. Por el resultado de su gestión fue ovacionado el entonces Coronel Francisco Solano López por la población agradecida de Buenos Aires, cuyos habitantes a su paso le arrojaron flores.
El pacto que conformaron Uruguay, Argentina y Paraguay, para defenderse mutuamente ante la evidente pretensión expansionista y avasalladora del Brasil estableció el compromiso para el caso en que cualquiera de ellos fuera víctima de la pretensión lusitana.
Ninguno de los otros dos ni el Uruguay de entonces ni la Argentina respetaron esa obligación y solamente el Paraguay con su presidente Francisco Solano López, con dignidad, entereza y hasta con ingenuidad; con esa inocencia que parecen tener aquellos que son respetuosos y fieles a sus principios en medio de la traición generalizada por él desconocida acudió presuroso a defender al Uruguay cuando el Brasil lo atropelló en Paisandú.
Sin embargo la Argentina con Bartolomé Mitre como su presidente y Venancio Flores, depuesto y asilado uruguayo en Buenos Aires, implorante y rastrero personaje, ya hacia algún tiempo habían determinado juntarse con el Brasil en el Tratado Secreto de la Triple Alianza para someter al Paraguay: pacifica, prospera y brillante nación señera y ejemplar en toda América.
Con la candidez que tiene el probo y por desconocer las traiciones que se habían urdido en su perjuicio sigilosamente, el Presidente del Paraguay alerta a Mitre del atropello brasileño y solicita permiso para atravesar con sus ejercitos el territorio Argentino con la intención de defender al Uruguay. Mitre guarda cobarde silencio y no contesta.
Por segunda vez vuelve a advertir López y solicita la correspondiente autorización para atravesar Corrientes y de nuevo el silencio artero del Presidente Mitre hace a todas luces evidente el contubernio y la confabulación traidora.
Ante el compromiso asumido, frente a la dignidad del pacto y en defensa del Uruguay, la mudez cómplice y tramposa de Mitre precipita los acontecimientos, López no tiene otro camino mas que ingresar en territorio argentino para llegar hasta el Uruguay, que era su único objetivo. Mitre con indignación actuada y desbordante hipocresía se rasga las vestiduras y declara la guerra al Paraguay, por la invasión militar del territorio argentino.
Para los que entonces desconocían los detalles ocultos de los acontecimientos y ante el hecho de la penetración de tropas paraguayas, pudieron ver justificada la indignación del Gobierno argentino. Pero cuando posteriormente se conoce el Pacto secreto de la Triple Alianza firmado por los tres países con a nterioridad a estos hechos, más la inequívoca intención de López de ir en defensa del Uruguay, le resta todo respeto y consideración a la actitud argentina asumida por decisión de su gobierno, de manera aviesa.
Sin embargo, se levantaron voces de genuinos representantes de la opinión pública que veían con claridad la injusticia de la traición ventajera y cobarde de los tres gobiernos.
Protestas como la de Juan Bautista Alberdi, José Hernández, Carlos Guido y Spano, los caudillos de masas que se negaron a ir a la guerra y muchos mas, reconfortan y dejan a salvo el honor del pueblo argentino quien hablaba con ésas voces expresando su indignación. Ellas redimen a un pueblo que no aceptó la guerra, pero cubre aun más de ignominia y responsabilidad a su gobierno que siguió durante 5 años la masacre y el exterminio de todo la población, incluyendo sus mujeres, los ancianos y los niños.
Sus huestes mercenarias alentadas y hostigadas permanente por el estipendio y las manifestaciones petulantes e impías de su presidente Domingo Faustino Sarmiento quien sin disimulos manifestaba su desprecio y crueldad hacia ese pueblo devenido en ejercito al que no pudo doblegar, decía sin ambages: “... aun quedan unos pocos que morirán bajo las patas de nuestros caballos... ...No llama a compasión ese pueblo rebaño de lobos”, o su otra expresión mas canalla aun “... a los paraguayos hay que matarlos en el vientre de sus madres”.
Ya la guerra estaba terminada, los aliados tomaron Asunción, nombraron un gobierno sometido y elegido por ellos con paraguayos traidores que habían llevado consigo en sus barcos para la invasión.
Continuaron luego, inútil ya, la matanza de un pueblo que honrando su decisión prefirió morir a darse por vencido; pero ellos junto a sus infames aliados no pudieron alzarse con la victoria porque al Paraguay no lo vencieron, ¡lo mataron!, y matar al enemigo ya superado e indefenso no es victoria sino asesinato.
Pelear contra niños, mujeres y ancianos, con ventajas y hasta el exterminio, es honorable y glorioso solamente para los muertos víctimas del crimen de lesa humanidad que con toda impunidad los argentinos, los brasileños y
los uruguayos, conscientes plenos y sin conmiseración, llevaron hasta el final en su macabra e inhumana decisión de eliminar a un pueblo heroico, al que no le asustó la muerte.
Ofender la memoria de mi pueblo en la persona de su máxima autoridad y representación, no tiene disculpa con ninguna excusa.
Comparar al mariscal con Hitler tiene una perfidia imperdonable. El editorialista del diario La Nación no puede alegar desconocimiento o ignorancia.
Hitler exterminó judíos y los persiguió hasta morir, invadió países vecinos, intentó imponer una ideología y someter al mundo. El mariscal López y la nación paraguaya nunca tuvieron intenciones expansionistas con ninguna excusa, jamás ha objetado la presencia de ningún semejante por su raza, religión, condición o procedencia, fue y es cauto, moderado y hasta resignado ante el fracaso de imponer sus derechos y disputar sus posesiones frente a la ambición de los vecinos, como lo es hasta el presente.
Siempre ha sido atacado y despojado a lo largo de toda su historia y en la guerra del 70 ha sido masacrado sin piedad hasta el exterminio. Hitler atacó a los países de su entorno. López defendió al suyo del ataque y la ambición de sus vecinos. Hitler se suicidó. A López lo mataron porque no pudieron doblegarlo.

Alemania se entregó y se declaró derrotada. Al Paraguay nunca lo vencieron, lo eliminaron. No se rindieron; por eso los cobardes invasores no ganaron la guerra. El Paraguay no se entregó. ¡Terminó la guerra cuando el Paraguay murió!.

Finalmente el ignominioso comentario del diario La Nación aclara: que los Ministerios de Educación de los países involucrados “han decidido morigerar los términos ríspidos de la historia como para disimular los enconos”.

¡Absurda pretensión de inicuos continuadores sin arrepentimiento de hechos injustificables del pasado!.

¿Que significa esto?:

¿Ocultar la masacre de niños en Acosta Ñu, quemados en vida y degollados?.

¿Obviar la mención de la quema del Hospital de Sangre de Piribebuy?.

¿No mencionar el asesinato absurdo y ruin de Pedro Pablo Caballero y de los defensores de Piribebuy?.

¿El saqueo de Asunción?.

¿No considerar el despojo y desmembramiento del territorio del Paraguay luego de la guerra, concretado con el acuerdo cómplice del gobierno compuesto por traidores legionarios nombrados por los mismos invasores y al efecto, los que llegaron con ellos desde Buenos Aires?.

¿Afirmar que nuestra Región Oriental terminaba en el Río Apa al Norte y nuestro Chaco al sur en el río Pilcomayo y que así fue siempre desde tiempos remotos?.

¿No contar a nuestros niños que si no fuera por la mediación del Presidente Rutherford Hayes de los Estados Unidos todo nuestro Chaco hubiera sido arrebatado por la Argentina ?.

¿Y que esta sin más remedio y a duras penas, por la tremenda presión que significaba el acatamiento del fallo arbitral tuvo que conformarse únicamente con despojar al Paraguay y apoderarse del territorio que hoy le llaman Formosa?.

¿Disimular y no contarle a nuestros hijos que incendiaron y destruyeron las industrias de la nación, arrasaron con las fundiciones de Ibycui, e hicieron todo lo necesario para que el Paraguay se sumiera en la miseria y en la imposibilidad de recuperarse sin ninguna necesidad y de manera inútil para ellos?.

Y por último: ¿debemos negar acaso, que frente a una sola víctima, para sentirse fuertes, reunir coraje, tres cobardes gobiernos se juntaron para salir de caza, asaltar al Paraguay y buscar un botín?.

Hoy mas que nunca y frente a los hechos actuales, con esta provocación que reaviva mi memoria y me llena de indignación, creo firmemente que de manera oficial y publica, como una vez lo hiciera, con humildad, el papa Paulo VI por la Inquisición que causó tanta muerte y sufrimiento, la Argentina debe reconocer la injuria y pedir perdón al Paraguay por el irreparable crimen.

Pero el arrepentimiento y la súplica del perdón carecen de valor si se limita solamente a su invocación; eso no le confiere mas que un mérito formal a la aceptación de una verdad difícil de rebatir y ocultar.

Para que sea otorgada la absolución debe cumplirse tres condiciones por parte de quien la implora: El reconocimiento de la culpa. El propósito de enmienda y la reparación del daño ocasionado.

El reconocimiento lejos esta de la aceptación por parte de algunos como se evidencia en el articulo del diario La Nación de Buenos Aires.

El propósito de enmienda se halla tan distante de su cumplimiento como aquel, evidenciado en la pertinaz conducta del apoderamiento de nuestros recursos que tiene y luce el mismo ímpetu destructivo de la masacre de la Triple Alianza , en esta nueva guerra sin balas, por las represas de Yasyreta e Itaipú, con los mismos invasores de entonces: Argentina y Brasil,

Y la reparación del daño está más lejos todavía. El despojo que amputó nuestro territorio, concretado vilmente cuando los que defendieron la integridad y la honra de la nación, que eran los únicos

que podían oponerse, ya no pudieron porque sus cadáveres aun frescos estaban caídos en el callejón de sangre que corre desde Paso Pucú hasta Cerro Corá, y no podían levantarse para gritarles la injusticia del despojo inicuo... ¡Eso merece reparación!.

Considerando, entre otros, la intencional aniquilación de la guerra consumada por tres “valientes” aliados, con el propósito de apoderamiento y exterminio de su pueblo; la destrucción de sus recursos y la complicidad de traidores legionarios que avalaron con su complacencia los despojos. Concluyo con convencimiento honrado y absoluto:

Si la Argentina tiene suficientes razones, el Paraguay tiene mayor cantidad de argumentos para reclamar la restitución de los territorios arrebatados que las que tiene la Argentina para demandar a Inglaterra las Malvinas.

Aprecio a esta nación en la que vivo, pero a la Nación Argentina que me reconforta, la de Juan Bautista Alberdi y la de los nombrados mas arriba, a la de los caudillos de la provincias que se opusieron a la guerra, a la de los que pidieron justicia, e incluyo entre esos nombres a José María Rosas, a Garcia Mellid, historiadores argentinos contemporáneos. Agrego a esta lista a la presidente electa de los Argentinos: Sra. Cristina Fernández de Kirchner que alivia con su gesto y con la claridad de su expresión el dolor memorioso e imborrable de mi pueblo.

Rubén Luces León

Médico

Residente en la ciudad de Buenos Aires Argentina."

Big Grin Big Grin Big Grin
Museo militar paraguayo Paso de Patria

Paso de Patria que fuera uno de los principales centro de entrenamiento de tropas paraguayas durante la Guerra contra la Triple Alianza.
El sitio ademas se encuentra ubicado muy cerca de los sitios de mayores batallas de esa guerra




El tratado de la Triple Alianza

El 1º de mayo de 1865, Francisco Octaviano de Almeida Rosa (reemplazante de Paranhos e integrante del partido liberal brasileño), Carlos de Castro (canciller del gobierno de Venancio Flores) y Rufino de Elizalde (canciller del de Mitre) firmaron en la ciudad de Buenos Aires el tratado de alianza que permanecería secreto debido a sus comprometedoras cláusulas, el mismo es el siguiente:

Art. 1. La República Oriental del Uruguay, Su Majestad el Emperador del Brasil, y la República Argentina contraen alianza ofensiva y defensiva en la guerra provocada por el gobierno del Paraguay.

Art. 2. Los aliados concurrirán con todos los medios de que puedan disponer, por tierra o por los ríos, según fuese necesario.

Art. 3. Debiendo las hostilidades comenzar en el territorio de la República Argentina o en la parte colindante del territorio paraguayo, el mando en jefe y la dirección de los ejércitos aliados quedan a cargo del presidente de la República Argentina y general en jefe de su ejército, brigadier don Bartolomé Mitre. Las fuerzas navales de los aliados estarán a las inmediatas órdenes del Vice Almirante Visconde de Tamandaré, comandante en jefe de la escuadra de S.M. el Emperador del Brasil. Las fuerzas terrestres de S.M. el Emperador del Brasil formarán un ejército a las órdenes de su general en jefe, el brigadier don Manuel Luis Osorio. A pesar de que las altas partes contratantes están conformes en no cambiar el teatro de las operaciones de guerra, con todo, a fin de conservar los derechos soberanos de las tres naciones, ellas convienen desde ahora en observar el principio de la reciprocidad respecto al mando en jefe, para el caso de que esas operaciones tuviesen que pasar al territorio oriental o brasileño.

Art. 4. El orden interior y la economía de las tropas quedan a cargo exclusivamente de sus jefes respectivos. El sueldo, provisiones, municiones de guerra, armas, vestuarios, equipo y medios de transporte de las tropas aliadas serán por cuenta de los respectivos Estados.

Art. 5. Las altas partes contratantes se facilitarán mutuamente los auxilios que tengan y los que necesiten, en la forma que se acuerde.

Art. 6. Los aliados se obligan solemnemente a no deponer las armas sino de común acuerdo, y mientras no hayan derrocado al actual gobierno del Paraguay, así como a no tratar separadamente, ni firmar ningún tratado de paz, tregua, armisticio, cualquiera que ponga fin o suspenda la guerra, sino por perfecta conformidad de todos.

Art. 7. No siendo la guerra contra el pueblo paraguayo sino contra su gobierno, los aliados podrán admitir en una legión paraguaya a todos los ciudadanos de esa nación que quisieran concurrir al derrocamiento de dicho gobierno, y les proporcionarán los elementos que necesiten, en la forma y condiciones que se convenga.

Art. 8. Los Aliados se obligan a respetar la independencia, soberanía e integridad territorial de la República del Paraguay. En consecuencia el pueblo paraguayo podrá elegir el gobierno y las instituciones que le convengan, no incorporándose ni pidiendo el protectorado de ninguno de los aliados, como resultado de la guerra.

Art. 9. La independencia, soberanía e integridad territorial de la República, serán garantizadas colectivamente, de conformidad con el artículo precedente, por las altas partes contratantes, por el término de cinco años.

Art. 10. Queda convenido entre las altas partes contratantes que las exenciones, privilegios o concesiones que obtengan del gobierno del Paraguay serán comunes a todas ellas, gratuitamente si fuesen gratuitas, y con la misma compensación si fuesen condicionales.

Quitar a Paraguay la soberanía de sus ríos.

Art. 11. Derrocado que sea el gobierno del Paraguay, los aliados procederán a hacer los arreglos necesarios con las autoridades constituidas, para asegurar la libre navegación de los ríos Paraná y Paraguay, de manera que los reglamentos o leyes de aquella República no obsten, impidan o graven el tránsito y navegación directa de los buques mercantes o de guerra de los Estados Aliados, que se dirijan a sus respectivos territorios o dominios que no pertenezcan al Paraguay, y tomarán las garantías convenientes para la efectividad de dichos arreglos, bajo la base de que esos reglamentos de política fluvial, bien sean para los dichos dos ríos o también para el Uruguay, se dictarán de común acuerdo entre los aliados y cualesquiera otros estados ribereños que, dentro del término que se convenga por los aliados, acepten la invitación que se les haga.

Art. 12. Los aliados se reservan concertar las medidas más convenientes a fin de garantizar la paz con la República del Paraguay después del derrocamiento del actual gobierno.

Art. 13. Los aliados nombrarán oportunamente los plenipotenciarios que han de celebrar los arreglos, convenciones o tratados a que hubiese lugar, con el gobierno que se establezca en el Paraguay.

Responsabilizar a Paraguay de la deuda de guerra
 
Art. 14. Los aliados exigirán de aquel gobierno el pago de los gastos de la guerra que se han visto obligados a aceptar, así como la reparación e indemnización de los daños y perjuicios causados a sus propiedades públicas y particulares y a las personas de sus ciudadanos, sin expresa declaración de guerra, y por los daños y perjuicios causados subsiguientemente en violación de los principios que gobiernan las leyes de la guerra. La República Oriental del Uruguay exigirá también una indemnización proporcionada a los daños y perjuicios que le ha causado el gobierno del Paraguay por la guerra a que la ha forzado a entrar, en defensa de su seguridad amenazada por aquel gobierno.

Art. 15. En una convención especial se determinará el modo y forma para la liquidación y pago de la deuda procedente de las causas antedichas.

Repartir el territorio en litigio o exclusivamente paraguayo

Art. l6. A fin de evitar discusiones y guerras que las cuestiones de límites envuelven, queda establecido que los aliados exigirán del gobierno del Paraguay que celebre tratados definitivos de límites con los respectivos gobiernos bajo las siguientes bases: La República Argentina quedará dividida de la República del Paraguay, por los ríos Paraná y Paraguay, hasta encontrar los límites del Imperio del Brasil, siendo éstos, en la ribera derecha del Río Paraguay, la Bahía Negra. El Imperio del Brasil quedará dividido de la República del Paraguay, en la parte del Paraná, por el primer río después del Salto de las Siete Caídas que, según el reciente mapa de Mouchez, es el Igurey, y desde la boca del Igurey y su curso superior hasta llegar a su nacimiento. En la parte de la ribera izquierda del Paraguay, por el Río Apa, desde su embocadura hasta su nacimiento. En el interior, desde la cumbre de la sierra de Mbaracayú, las vertientes del Este perteneciendo al Brasil y las del Oeste al Paraguay, y tirando líneas, tan rectas como se pueda, de dicha sierra al nacimiento del Apa y del Igurey.

Art. 17. Los aliados se garanten recíprocamente el fiel cumplimiento de los acuerdos, arreglos y tratados que hayan de celebrarse con el gobierno que se establecerá en el Paraguay, en virtud de lo convenido en este tratado de alianza, el que permanecerá siempre en plena fuerza y vigor, al efecto de que estas estipulaciones serán respetadas por la República del Paraguay. A fin de obtener este resultado, ellas convienen en que, en caso de que una de las altas partes contratantes no pudiese obtener del gobierno del Paraguay el cumplimiento de lo acordado, o de que este gobierno intentase anular las estipulaciones ajustadas con los aliados, las otras emplearán activamente sus esfuerzos para que sean respetadas. Si esos esfuerzos fuesen inútiles, los aliados concurrirán con todos sus medios, a fin de hacer efectiva la ejecución de lo estipulado.

Art. 18. Este tratado quedará secreto hasta que el objeto principal de la alianza se haya obtenido.

Art. 19. Las estipulaciones de este tratado que no requieran autorización legislativa para su ratificación, empezarán a tener efecto tan pronto como sean aprobadas por los gobiernos respectivos, y las otras desde el cambio de las ratificaciones, que tendrá lugar dentro del término de cuarenta días desde la fecha de dicho tratado, o antes si fuese posible.

En testimonio de lo cual los abajo firmados, plenipotenciarios de S.E. el Presidente de la República Argentina, de S.M. el Emperador del Brasil y de S.E. el Gobernador Provisorio de la República Oriental, en virtud de nuestros plenos poderes, firmamos este tratado y le hacemos poner nuestros sellos en la Ciudad de Buenos Aires, el 1º de Mayo del año de Nuestro Señor de 1865.

También se firmó un protocolo adicional, también secreto, que establecía lo siguiente: 1) demolición de las fortificaciones de Humaitá; 2) desarme de Paraguay y reparto de armas y elementos de guerra entre los aliados; y 3) reparto de trofeos y botín que se obtuvieran en territorio paraguayo.

Fuentes:
- Castagnino L. -Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- Rosa, José María – La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas – Buenos Aires (1985).
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
12 de noviembre de 1864, se inicia la Guerra de la Triple Alianza

El 12 de Noviembre de 1864 en Asunción, Paraguay; comienza la guerra de la Triple Alianza, la más grande de la historia de Sudamérica, cuando el presidente Francisco Solano López ordena la captura del buque brasileño “Marques de Olinda”.

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Esta acción desencadena el inicio de la guerra que durante 6 años enfrento a una coalición conformada por Brasil, Argentina y Uruguay, frente a Paraguay.
La invasión paraguaya del Mato Grosso brasilero y la provincia argentina de Corrientes intensifico la guerra que fue trasladada al propio territorio paraguayo, pocos meses más tarde. Tras la derrota de Curupayti, los argentinos y uruguayos cedieron protagonismo a los brasileros que finalizarían la guerra luego de producir un genocidio de hombres y mujeres paraguayas que se cobró la vida de 300.000 personas y puso fin a la vida de Solano López.

Captura del Marques de Olinda
El Marquês de Olinda llevaba su nombre en homenaje a Pedro de Araujo Lima, Ministro, Regente y Presidente del Consejo Imperial. No era un buque de la Armada Brasilera, sino un mercante destinado a la carrera del rio Parana y Paraguay.
Se trataba de un vapor de  casco de madera impulsado por ruedas laterales. De escaso calado, lo que lo hacía apto para la navegación fluvial, tenía un desplazamiento de 180 toneladas y poseía un motor de 80 HP.

Fue capturado por el gobierno paraguayo el 12 de noviembre de 1864 cuando subía el Rio Paraguay llevando a bordo al coronel  Federico Carneiro de Campos, presidente de la Provincia de Mato Grosso.
El coronel Carneiro de Campos y los demas tripulantes fueron hechos prisioneros y fallecieron tiempo despues debido a enfermedades, mala alimentcion y mal trato de sus captores.
El mismo coronel moririra en lafortalezade Humaita poco tiempo antes de su toma por los aliados.

Este hecho fue considerado el hecho desencadenante de la  guerra: la captura del navío, seguido del ataque al Fuerte de Coimbra y la invasión del territorio de Mato Grosso en enero de 1865 provocó la declaración de guerra del Imperio de Brasil al Paraguay.
Los paraguayos armaron el buque en guerra en los arsenales de Asunción del Paraguay y lo emplearon junto a su escuadra.
Una version de la Guerra de la Triple Alianza



“Concluida la cuestión de Montevideo, la guerra irá al Paraguay y los aliados vencerán”
Escribió el ministro argentino Elizalde, en su convencimiento sobre el éxito militar aliado contra el Paraguay en una carta enviada a París y dirigida al ministro Balcarce.

ROSA, José María. Historia Argentina. La oligarquía (1862 - 1878). T. VII, pág. 126.
CRONOLOGIA DE LA GUERRA

1864
12 DE NOVIEMBRE.
Paraguay rompe ralciones diplomaticas con el Imperio de Brasil por su intervencion en la guerra civil que se desarrollaba en nuestro pais.


24 DE DICIEMBRE
Parte de Asuncion por via fluvial una fuerza de 3.200 hombres y dos baterias de artilleria al mando del coronel Vicente Barrios hacia el fuerte brasilero de Coimbra.
Otra fuerza de 2.500 hombres al mando del coronel Francisco Resquin parte desde Concepcion por via terrestre con el mismo objetivo, atacar el fuerte de Coimbra. Se inicia la llamada "Campana del Mato Grosso".

27 DE DICIEMBRE
Fracasa el asalto paraguayo al fuerte de Coimbra que es ocupado por esas fuerzas el dia 29 por abandono del mismo por parte de su guarnicion.

31 DE DICIEMBRE
El ejercito paraguayo ocupa Alburquerque
Vamos ahora a 1865

2 de enero
Las fuerzas paraguayas ocupan Colonia Miranda y Dorados donde capturan un importante arsenal de los brasileros.

El gobierno argentino niega la autorizacion para que el Ejercito Paraguayoatraviese su territorio para atacar al Imperio del Brasil.

20 de febrero
Se firma la paz en nuestro pais, finalizando asi la guerra civil. El vencedor, general Venancio Flores asume como gobernante de la Republica.

1 de mayo
Se pacta la "Triple Alianza". Alianza esta formada por Argentina, Brasil y Uruguay.

18 de marzo
El gobierno del Paraguay en un congreso extraordinario declara la guerra a la Republica Argentina.

13 de abril
El Paraguay captura en el Rio Paraguay dos naves de guerra argentinas, estas son las "Marques de Olinda y Gualeguay. Se inicia asi la "Campaña de Corrientes".

14 de abril
Las fuerzas paraguayas al mando de los generales Robles y Resquin desembarcan y toman la ciudad de Corrientes.

20 de abril
Una junta gubernativa de la Provincia de Corrientes, formada bajo auspicios de los paraguayos, lanza una proclama en la cual piden el apoyo a la poblacion de la provincia para el esfuerzo de guerra paraguayo contra el Imperio de Brasil.
Los paraguayos aun esperaban entonces que el general argentino Justo Jose de Urquiza apoyara la causa paraguaya contra los brasileros.
Sin embargo este general seria nombrado por su gobierno jefe de operaciones de las fuerzas argentinas en Entre Rios y Corrientes.
  • Recuerdan batalla de Boquerón del Sauce en Paso de Patria  
Nacional
sábado 23 de julio de 2016, 16:26

Paraguayos y uruguayos recordaron este sábado la batalla de Boquerón del Sauce, ocurrida en la Guerra de la Triple Alianza, y a los jefes caídos en el combate en Paso de Patria, departamento de Ñeembucú.
Por Juan José Brull | Paso de Patria

El acto recordó al coronel León Palleja (uruguayo de origen español) y al coronel Elizardo Aquino (paraguayo), quien ascendido a general póstumamente.
Ambos jefes fueron mortalmente heridos en la batalla, que se libró hace unos 150 años. La actividad se realizó frente al monolito que recuerda este episodio sangriento, ocurrido durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870).
En el lugar se realizó un acto conmemorativo y los visitantes dejaron una placa conmemorativa recordando al militar uruguayo caído en combate.
La delegación de la República Oriental del Uruguay fue presidida por el embajador Federico Pedrazza, y el comandante del ejército Guido Manini Ríos, acompañado por oficiales de ese país. El grupo de nuestro país fue encabezado por el comandante del Ejército, general Óscar Luis González.
 
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Foto: Juan José Brull

El comandante del Ejército, general uruguayo Manini Ríos señaló que "la política, la ambición y las pasiones de aquella época llevaron a estas naciones hermanas a enfrentarse", haciendo referencia al conflicto que involucró a Paraguay, contra Brasil, Argentina y Uruguay.
Recordó además que Pallejas en sus escritos ponía de manifiesto su independencia de criterios. Entre estos recordó: "No soy partidario de esta guerra, todos saben mis ideas a este respecto, mas considero una guerra estúpida la que hagan entre sí orientales y paraguayos".
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